Editorial #117 | Granjas fabriles: hacinamiento, virulencia y crisis multidimensionales

Muchos hilos de eventos concatenados y descarrilados van tejiendo el escenario actual que atisbamos en un instante, en una gráfica, en un cuadro con cifras, pero que ha ido configurando este “estado de excepción” al que le nombraron pandemia. Hoy sabemos que la “tormenta perfecta” que desató el brote de Covid-19 provino del estallamiento de varios contrapuntos tramados que tienen en su centro el sistema capitalista, y su concreción siempre industrializante, en particular la producción de carne industrial, y hoy carne artificial, carne “imposible”.

Quienes piensan la modernidad, las ciudades y el devenir de la destrucción necesaria para el lucro propio del capitalismo no dejan de anotar la devastación que las granjas fabriles promueven en todas direcciones, sean pollos, reses, cerdos, huevo, lácteos. Es obvio que la carne es sólo uno de los modos de esta tendencia normalizada desde la década de los 50, por lo menos, y que los invernaderos y todo proyecto agroindustrial viene acompañado de acaparamiento, deforestación, arrasamiento, robo del agua, control de los pasos de la cadena de suministro, envenenamientos multidimensionales, expulsión y vaciamiento para extremar el reordenamiento territorial, y los esquemas ambientales de rentabilidad financiera y colapso ambiental.

Lo que nunca pensamos es que, al reordenar los territorios la reconfiguración de los entornos implica también el trastocamiento de los enclaves donde existen racimos, constelaciones de virus, que de pronto se acercan a las poblaciones animales que conviven más con los humanos.

Esto tiene que ver con la deforestación que nunca es reversible, con el acercamiento de poblaciones de animales salvajes, con la producción industrializada de la comida pero también con el manejo de los desperdicios, el aire, el agua, y el hacinamiento creciente de poblaciones animales y humanas en un émulo muy tremendo entre barrios marginales y favelas, por un lado, prisiones públicas y privadas, centros de detención de migrantes, campos de refugiados, hospicios, grandes operaciones agroindustriales con barracas para los peones, y por otro las enormes y virulentas granjas fabriles, industriales, también llamadas fábricas de carne, donde todo tipo de bichos, bacterias, virus, hongos se entrecruzan de modos violentos.

Ahí no existe de ningún modo la convivencia, ni la escala a la que podrían existir estos organismos en los ambientes naturales donde coinciden y terminan cohabitando, sino ambientes de hacinamiento, entornos donde las escalas naturales fueron estalladas, rompiendo las relaciones existentes para imponer unas nuevas que propician las mutaciones, las exacerbaciones, los recrudecimientos, las degradaciones.

No nos quede duda que ni siquiera el mar se salva y que aun los bancos de coral los buscan privatizar para explotarlos comercialmente, como lo son ya los bancos pesqueros y las granjas camaroneras de tan infames sagas.

Por si fuera poco, los productos biotecnológicos, como el trigo GM, o la carne sintética, se cuelan a todos los enclaves posibles en tanto las legislaciones lo permitan, poniendo en peligro la vida en todas sus dimensiones.

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Temas: Corporaciones, Crisis climática, Ganadería industrial, Sistema alimentario mundial

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