La defectuosa tecnología de los mosquitos transgénicos

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El uso de mosquitos modificados genéticamente, con el fin de poner fin a enfermedades como la malaria o el dengue, no muestra resultados concluyentes. Sin embargo, se invierten millones de dólares en una tecnología cuyos efectos en la biodiversidad y los ecosistemas se desconoce. ¿Cuál es el motivo?

En abril del 2022, investigadores de la empresa biotecnológica británica Oxitec aseguraron haber concluido en los Cayos de la Florida, Estados Unidos, el primer estudio al aire libre con mosquitos modificados genéticamente de la especie Aedes aegypti, producidos por esta empresa. Cinco millones de estos mosquitos fueron liberados en estos cayos durante casi ocho meses, con la finalidad principal de observar cómo disminuían las poblaciones naturales del Aedes aegypti, agente transmisor del virus del dengue, zika, fiebre amarilla y chikungunya.

Según el diseño de la tecnología de Oxitec, los machos manipulados son portadores de un gen letal (OX5034) que, al ser liberados al ambiente y luego de aparearse con las hembras silvestres, hacen que su descendencia hembra muera antes de que puedan alcanzar la capacidad de reproducirse, mientras la masculina seguirá portando el gen y lo seguirá transmitiendo. Con estos resultados preliminares a los que la empresa calificó como positivos, esperan realizar más pruebas y obtener más permisos para continuar demostrando la eficacia y seguridad de su método.

Casi tres años antes, en agosto de 2019, el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud, institución panameña de investigación que estuvo hasta el año 1990 bajo control estadounidense, afirmó que liberando más de 4 millones de mosquitos de Oxitec (OX513A), entre mayo y noviembre de 2014 en el pueblo de Nuevo Chorrillo, había logrado reducir la población natural del Aedes aegypti en un 93%. A pesar de los informes optimistas de los científicos del Instituto sobre los resultados obtenidos, y lo costoso del estudio realizado (más de 700 mil dólares), no se ha podido encontrar ninguna evidencia de que, en Panamá, se esté considerando el uso de esta técnica en la estrategia nacional para combatir el dengue y otras enfermedades trasmitidas por el Aedes aegypti.

Una revisión reciente de la página web del Ministerio de Salud de Panamá no muestra por ningún lado que se haya evaluado alguna vez el comportamiento de mosquitos modificados genéticamente, mientras que en la del Instituto Gorgas toda la información ha sido retirada o desactivada, por lo que se desconoce si han monitoreado después las áreas donde estos insectos fueron liberados, por si acaso existían hembras con el gen introducido reproduciéndose libremente; y, lo que sería peor: capaces de producir dengue. El gran entusiasmo y optimismo que en el 2014 esta tecnología despertó en algunos científicos panameños se fue disipando como pompas de jabón.

Entre los años 2013 y 2015, una prueba similar a la desarrollada en Panamá ya se había efectuado en Juazeiro, ciudad brasileña del estado de Bahía. Allí se reportó una reducción del 90% de la población de mosquitos Aedes, que luego volvió a aumentar significativamente al año y medio de realizado el ensayo; encontrándose, además, no solo con que la modificación genética se había transferido a mosquitos de la población silvestre, sino que la prueba misma no había producido ningún efecto sobre el dengue como enfermedad. Pese a esto, en el año 2020 la autoridad de bioseguridad del Brasil aprobó el uso comercial de los mosquitos transgénicos en todo el territorio brasileño. Hoy Oxitec afirma que ha liberado más de mil millones de mosquitos transgénicos en todo el mundo, incluyendo las Islas Caimán, Malasia, cuatro condados de California, Yucatán en México y en otros países.

Lo cierto es que en todos los lugares y países donde se han realizado pruebas para controlar las poblaciones naturales del Aedes aegypti, a base de liberar mosquitos modificados genéticamente, no se ha podido demostrar que este método sea tan eficaz y seguro como sus creadores prometieron alguna vez. Las fallas en la tecnología encontradas muestran que nada impide que los mosquitos modificados se puedan cruzar con otras especies como el Aedes albopictus (que es más invasivo y letal que la especie aegypti), resistan mejor los insecticidas luego de eso o adquieran una mayor capacidad para provocar enfermedades más graves.

Ya en el 2018 en el artículo “El dengue y la mentira transgénica”, al referirme a los principales problemas del método de la empresa Oxitec para combatir el Aedes aegypti, expresé lo siguiente:

“Hasta aquí es indudable que uno de los grandes problemas de la tecnología de Oxitec, y de cualquier otra tecnología similar, es que como consecuencia de las serias deficiencias, inseguridades y riesgos que la misma entraña, se terminen por imponer en la naturaleza los mosquitos modificados genéticamente, con todas las incertidumbres e impactos ambientales desconocidos que eso representa. Esta situación, posible en el mundo real, se ve fundamentada en que la técnica RIDL utiliza en laboratorio un método de separación por tamaño en el estado de pupa de los machos y hembras transgénicas, que es tan ineficaz que por cada medio millón de mosquitos transgénicos machos producidos, se filtran y se liberan, junto con ellos, en el mejor de los casos, más de 100 hembras”.

Más adelante, al describir a esta técnica y su relación con el antibiótico tetraciclina, manifesté:

“Otro importante problema que caracteriza a la tecnología de mosquitos transgénicos es su dependencia a un antibiótico tan común en el ambiente como es la tetraciclina; es ampliamente usado en la medicina humana, la veterinaria y la agricultura industrial, y por eso suele encontrarse en desechos urbanos, de comida rápida, en los suelos, aguas servidas y alimentos para gatos y perros, entre otros. Este medicamento, que en el laboratorio de Oxitec sirve para criar a los mosquitos transgénicos hasta su fase adulta, de faltarle después a la descendencia, aseguran los creadores de la tecnología, la condena a morir de manera programada.

Sin embargo, al mismo tiempo admiten que en condiciones controladas de laboratorio, han observado que hasta un 3% de los mosquitos han sobrevivido sin tetraciclina y que entre un 15-18% lo han hecho también, al encontrarse con este antibiótico tanto en ambientes naturales como en algunos alimentos. Por eso es fácil colegir que esta tasa de sobrevivencia resultará mucho mayor, si junto a los mosquitos transgénicos que pueden sobrevivir sin el antibiótico se les unen aquellos que son liberados en zonas donde la tetraciclina figure como un importante contaminante industrial”.

Debido a estas evidentes deficiencias que, desde su aparición, viene presentando la tecnología transgénica de los mosquitos de la empresa Oxitec, así como los sostenidos cuestionamientos que en todas partes producen sus liberaciones al ambiente, las empresas biotecnológicas han comenzado a creer que la solución a todos estos problemas se encuentra en el uso de los impulsores genéticos. Ya en el 2015, usando la herramienta CRISPR/Cas9, se modificaron mosquitos hembra del género Anopheles gambiae que trasmiten la malaria, mediante la inserción de unos genes que detienen el crecimiento del parásito de la sangre del género Plasmodium, causante de esta enfermedad. Tres años después, científicos del Imperial College London reportaron en la revista Nature Biotechnology que usando impulsores genéticos crearon una mutación genética que hacía estériles a las hembras del mosquito Anopheles, y que en tan solo once generaciones eliminaban por primera vez de manera exitosa toda una población aislada de este insecto.

Así que una tecnología diseñada para exterminar poblaciones enteras de seres vivos está pareciendo más atractiva desde el punto de vista comercial, para lidiar con los mosquitos que causan enfermedades a los seres humanos. Pero esta vez ya no se trata solo de regularlos en el tiempo, sino de extinguirlos rápidamente y para siempre como especie, sin importar en lo más mínimo los riesgos de bioseguridad y las consecuencias ecológicas para los ecosistemas. La ausencia de ética de los defensores de este método es de tal magnitud que se atreven a asegurar que “es uno de los más respetuosos con la biodiversidad para el control de mosquitos”.

Ya sabemos que generalmente los entusiastas de tecnologías como éstas y los que tienen fuertes intereses de que las mismas sean comercializadas por los pingües beneficios económicos que se esperan, suelen soslayar o minimizar las preocupaciones que provocan, así como los riesgos e impactos potenciales que generan. La tecnología de los mosquitos transgénicos parece destinada a crear más problemas que soluciones en los ecosistemas que intervienen. Por ello no hay duda que representa una amenaza real para todo el ambiente, para la salud humana, la seguridad alimentaria y la vida silvestre.

Temas: Biodiversidad, Transgénicos

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