Marcos Filardi: “Somos el país que más agrotóxicos por persona usa en el mundo”
Tras su participación en el Foro Global Nyéléni y la Cumbre de los Pueblos, el abogado y referente de la soberanía alimentaria analizó la articulación internacional de los movimientos sociales y alertó sobre la ofensiva para desregular las fumigaciones en Argentina.
El modelo agroindustrial no sólo se discute en los escritorios de las corporaciones, se disputa en los territorios. Marcos Filardi, abogado especialista en Derechos Humanos y facilitador del Museo del Hambre, visitó los estudios de Canal Abierto para traer las conclusiones del reciente Foro Global Nyéléni (Sri Lanka) y la Cumbre de los Pueblos (Belém, Brasil). Su diagnóstico es contundente: frente a la captura corporativa de las cumbres climáticas oficiales, la única salida es la construcción de poder popular para una transformación sistémica.
Sin embargo, el escenario local presenta urgencias que no admiten demora. Argentina se ha consolidado como el laboratorio a cielo abierto más tóxico del planeta. “Somos el país que tiene el ‘privilegio’ de ser el que más agrotóxicos por persona por año usa en el mundo”, denunció Filardi.
La estafa de las “falsas soluciones”
Mientras los gobiernos y las multinacionales discutieron en la COP 30, los movimientos sociales denuncian que estos espacios fueron cooptados. Para Filardi, las respuestas oficiales a la crisis climática —como la financiarización de la naturaleza— son “maquillaje”.
“No es posible avanzar en nuestras agendas si no nos organizamos colectivamente por la transformación sistémica”, explicó el abogado, quien destacó la convergencia histórica de más de 500 organizaciones, desde Vía Campesina hasta la Marcha Mundial de Mujeres.
La prueba de que otro modelo es posible ocurrió en Belém, Brasil. Durante la Cumbre de los Pueblos —que funcionó en paralelo y de espaldas a la COP—, 23.000 activistas fueron alimentados exclusivamente por la agricultura familiar y campesina a través de cocinas solidarias. “Fue una gran comida: sana, segura, soberana y sabrosa”, relató, demostrando que el hambre no se combate con más veneno, sino con agroecología y organización popular.
Argentina: 600 millones de litros de veneno
El capítulo local de esta disputa es alarmante. Filardi advirtió sobre la vigencia de un modelo que ve al alimento como un «commodity» y que, para maximizar ganancias, enferma a la población.
“Estamos usando una media de 600 millones de litros de agrotóxicos por año”, detalló. Y derribó el mito de que el problema es solo rural: “Esa carga química termina en el aire que respiramos, en el agua que bebemos y están en todos los alimentos que comemos. Una vez que se introducen, son de imposible control ulterior”.
La situación se agrava con la avanzada legislativa del agronegocio. Filardi alertó sobre los intentos de imponer una “Ley de Buenas Prácticas Agrícolas” a nivel nacional, impulsada por la Red de Buenas Prácticas (un eufemismo del oligopolio químico). Este proyecto busca permitir fumigaciones terrestres y con drones a tan solo 10 metros de las viviendas.
“No hablamos tanto de principio precautorio porque ya sabemos que esto genera daños: cáncer, malformaciones, abortos espontáneos. Hablamos de evitar daños, de evitar esta guerra química”, sentenció.
El Museo del Hambre: La resistencia organizada
A pesar del contexto adverso y el desmantelamiento de políticas públicas para la agricultura familiar, la resistencia crece desde abajo. El Museo del Hambre, que acaba de cumplir ocho años, se mantiene como un faro de esa lucha, honrando el legado de referentes como Norita Cortiñas y Miryam Gorban.
Para Filardi, la salida no es individual, sino colectiva y política: “Lo importante es generar ese poder popular de abajo hacia arriba. Todo lo demás es cosmético”.
Entrevista: Juan Alaimes
Fuente: Canal Abierto

