El ambientalismo se puso de moda

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Si uno viaja por los Estados Unidos, se sorprende al ver que la gran mayoría de las casas de ese inmenso país son de madera

Es una tradición arquitectónica que viene del Siglo 18 y ha desarrollado una estética bella y representativa junto con una tecnología práctica y eficiente. Son millones de casas, en general de gran tamaño, en las que habitan más de 200 millones de personas.

La fabulosa industria de la construcción norteamericana casi no utiliza ladrillos, pues su insumo principal es la madera. Lo cual plantea en el acto un gran interrogante: ¿cómo hacen, si en los Estados Unidos está prohibido el corte de árboles en todo su territorio, y sus bosques -como se ve en las películas y en la tele- son añosos, tupidos e impolutos?

Igual pregunta se puede formular al recorrer la industrializada Europa: ¿cómo hacen para que casi no haya polución y el aire sea puro, en ciudades y campos?

En ambos casos, las respuestas obedecen a un mismo patrón: cortar árboles en el llamado Tercer Mundo; contaminar lejos del hemisferio Norte.

La Comunidad Europea sancionó hace un par de años un régimen durísimo para las industrias que emiten gases de efecto invernadero. Desde enero de 2005 “toda instalación que lleve a cabo alguna de las actividades enumeradas (energéticas, producción y transformación de metales férreos, industrias minerales, fabricación de pasta de papel, papel y cartón) que dé lugar a emisiones... deberá poseer un permiso expedido a tal efecto por una autoridad competente”. Dicho permiso es el llamado Bono Verde, que obliga a esas industrias a invertir en carísimas medidas anticontaminantes... a menos que salgan de Europa.

Así arrasaron con los bosques de África y de todo Centroamérica. Así ahora con las selvas del Amazonas, del Chaco Boliviano-Paraguayo, de Santiago del Estero y ahora del Chaco Salteño. Baste pensar que en Finlandia se consumen 430 kilos de papel por habitante/año y un eucaliptus tarda 80 años en desarrollarse, mientras que en Uruguay se consumen apenas 30 kilos per cápita y el mismo árbol se desarrolla en sólo siete años, como en Misiones o el Sur de Chile. Y como el consumo de agua es de 30 litros diarios por eucalipto, ellos de paso preservan el recurso mientras usan el nuestro...

Queda claro que la política ambiental del primer mundo es hipócrita y necia porque sólo consiste en defender el propio ambiente, llevando la contaminación más allá de sus fronteras.

Ése es el negocio de Botnia, Ence y otras industrias que en realidad no vienen a invertir, sino que exportan su contaminación de manera rentable. Por eso es ridícula –y perversa– la insistencia mediática en que el problema es entre uruguayos y argentinos, o entre Fray Bentos y Gualeguaychú.

Claro que también lo es que nadie le explique esto al Presidente Kirchner. Se supone que ésa debería ser la función de los organismos ambientales oficiales, hasta ahora en riguroso y sospechable silencio.

Como ahora el ambientalismo se puso de moda, se discute en el Congreso Nacional –tras dormir siete años– una ley que exigirá estudios previos a la instalación de industrias contaminantes. No está mal, algo es algo, pero es tarde e insuficiente. Porque el conflicto por las papeleras uruguayas no tendrá solución si no se enmarca en una urgente, realista y drástica nueva política ambiental nacional.

La Voz del Interior, Argentina, 21-5-06

Comentarios

23/05/2006
Desinformación. Viajar es bueno, por Jose Luis
En Estados Unidos se produce pasta, mucha.