Mujeres rurales en Paraguay: defender la vida frente al extractivismo

Idioma Español
País Paraguay

En el Día Internacional de las Mujeres Rurales, sus luchas ponen en evidencia los vínculos entre la crisis ecológica y climática, el avance del modelo extractivista y las desigualdades de género.

Desde sus territorios, las mujeres campesinas producen conocimientos, sostienen la soberanía alimentaria y construyen alternativas colectivas para defender la vida.

La escasez de agua, el calor extremo, la desaparición de humedales, la contaminación por agrotóxicos y la expansión de los monocultivos transforman las condiciones de vida y producción de las comunidades campesinas. Estos procesos profundizan la precariedad de la agricultura familiar, reducen la autonomía económica y aumentan la dependencia de alimentos comprados y de sistemas de endeudamiento.

Las investigaciones desarrolladas por Elizabeth Duré, investigadora de BASE-IS, junto con mujeres organizadas de distintas comunidades rurales, muestran que las campesinas no son víctimas pasivas de esta crisis, sino protagonistas de las luchas por la tierra, el agua y las semillas. Sus experiencias también evidencian cómo el deterioro ambiental se combina con las desigualdades de género: mientras trabajan en la producción agrícola, asumen las tareas domésticas y de cuidado, en jornadas múltiples que permanecen invisibilizadas y sin reconocimiento social ni económico.

Desde la perspectiva feminista descolonial, el concepto de cuerpo-territorio permite comprender que la destrucción de los ecosistemas también afecta los cuerpos y la autonomía de las mujeres. La contaminación del agua, la degradación de los suelos y la pérdida de diversidad productiva comprometen tanto la alimentación como las condiciones necesarias para sostener la vida cotidiana.

Frente a esta realidad, las mujeres construyen respuestas desde la organización colectiva, la agroecología y la recuperación de semillas nativas y criollas. A través de comités, espacios de formación y redes de solidaridad, comparten conocimientos, enfrentan las violencias patriarcales y transforman sus experiencias en demandas políticas.

Sus conocimientos sobre los ciclos de la naturaleza, las plagas, las semillas y los cambios en los territorios constituyen aportes fundamentales para comprender y enfrentar la crisis climática. La agroecología, en este sentido, no representa solamente otra forma de producir alimentos, sino también una apuesta por la autonomía campesina, la soberanía alimentaria y el cuidado de la vida.

Sin embargo, estas iniciativas necesitan condiciones materiales para sostenerse. La reforma agraria, el acceso a la tierra y al agua, la infraestructura productiva, el financiamiento adecuado, la comercialización sin intermediarios y las políticas públicas que fortalezcan la autonomía económica de las mujeres forman parte de sus principales reivindicaciones. También reclaman reconocimiento de sus conocimientos y participación efectiva en las decisiones sobre sus territorios.

En el Día Internacional de las Mujeres Rurales, sus experiencias invitan a reconocer que la justicia ambiental no puede separarse de la justicia de género. Defender la tierra, el agua y las semillas implica también cuestionar las relaciones económicas y patriarcales que concentran los recursos, invisibilizan el trabajo de las mujeres y limitan su autonomía.

Las mujeres campesinas no sólo resisten la devastación de sus territorios: producen conocimientos, sostienen comunidades y construyen alternativas. Reconocer su protagonismo es indispensable para defender la soberanía alimentaria y avanzar hacia un modelo de sociedad que coloque la vida, la dignidad y los derechos de los pueblos por encima de la acumulación económica.

Fuente:  BASE Investigaciones Sociales

Temas: Extractivismo, Feminismo y luchas de las Mujeres, Movimientos campesinos

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