A 30 años de la primera soja transgénica: un experimento masivo a cielo abierto

Idioma Español
País Argentina

Provocó un punto de inflexión en el modelo productivo de Argentina y fue cabeza de playa para los transgénicos en el Cono Sur. En un trámite exprés, alineado con Estados Unidos y Monsanto, el gobierno de Carlos Menem aprobó la semilla de soja transgénica que en poco tiempo sería monocultivo y, casi, monocultura. Miles de familias desalojadas de sus territorios, millones de hectáreas arrasadas, epidemias de enfermedades vía agrotóxicos y, también, la persistencia de sembrar otro modelo. Tres décadas de modelo transgénico.

Miles de millones de dólares. Es el aspecto que destacan los impulsores del modelo de agronegocio, con la soja transgénica como estandarte. Del otro lado de la balanza: epidemias de enfermedades en territorios fumigados con agrotóxicos, concentración de tierras en pocas manos, desaparición de 83.000 de pequeñas y medianas chacras, destierro de miles de familias rurales, ocho millones de hectáreas de bosque nativo arrasados, contaminación de agua, aire y tierra. Y, a pesar de todo, la decisión colectiva de organizarse, exigir justicia, sembrar vida y, en definitiva, construir territorios de dignidad.

Política de Estado

Fue  el 25 de marzo de 1996 . En la calle Paseo Colón 982, en la Secretaría de Agricultura, el entonces secretario Felipe Solá firmó la autorización para la comercialización y siembra de la semilla de soja modificada genéticamente de Monsanto. Fue a libro cerrado, con "estudios" de la propia empresa estadounidense y en un trámite exprés: 81 días para una luz verde que iba a impactar en millones de hectáreas y vidas. Fue el primer transgénico aprobado en el Cono Sur (luego entraría ilegalmente a Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia).

Todos los gobiernos, desde Carlos Menem hasta la actualidad, fueron impulsores de ese mismo modelo (agronegocio), que tiene como estandarte a la soja y el uso de agrotóxicos. El más conocido de los venenos, pero no el único, el glifosato.

Las hectáreas con soja pasaron de seis millones en 1996 a las actuales 18 millones, con un pico de 21 millones de hectáreas en el 2015. El uso de agrotóxicos se disparó de forma geométrica:  500 millones de litros, un promedio de 12 litros por persona al año. Las exportaciones se multiplicaron, las camionetas 4X4 se reprodujeron por la Pampa Húmeda, los dólares para "sostener" la economía dependiente llegaban, la inversión en "ladrillos" de chacareros crecía, la monocultura transgénica se instalaba.

Foto: Nicolás Pousthomis

Los mayores ganadores:

  • Las grandes empresas de semillas y agrotóxicos. Bayer/Monsanto, Syngenta-ChemChina, Corteva (Dow/DuPont)y BASF.
  • Las  corporaciones agroexportadoras: Cofco, Cargill, Bunge, Dreyfus, Viterra y AGD.
  • Sus aliados locales: las autodenominadas "entidades del agro" ( Aapresid, Sociedad Rural, CRA, Coninagro, Federación Agraria), grandes medios de comunicación y  periodistas adictosciencia hegemónica y extractiva, gobierno de turno (municipales, provinciales, nacionales).

Un punto de quiebre fue 2008, con la ya histórica  Resolución 125. Como nunca antes, "el campo" se volvió tema de agenda nacional y discusión pública. De repente, habitantes de ciudades que solo tenían tierra en macetas salieron en defensa de empresarios millonarios con miles de hectáreas en las zonas más caras del país.

El agronegocio salió triunfador de una disputa donde el eje de la discusión fue quién se quedaba con una porción más de la torta, quién capturaba más "renta". Ninguno de los sectores en disputa puso en discusión lo central: el modelo agropecuario.

Foto: Greenpeace

Un modelo con amplias consecuencias

Entre  2002 y 2018 se perdieron 83.000 chacras. Es una forma de decir de cómo los más grandes se comieron (o mataron) a los más pequeños. Cambió la estructura agraria del país. El desierto verde y el vaciamiento del campo avanzaron tan rápido como la especulación de los pooles de siembra y los productores que solo priorizaban los dólares de Europa y Asia. Argentina cosechó cada vez menos alimentos para el mercado local, y produjo cada vez más commodities para los chanchos y aves de Asia y Europa.

El capitalismo agrario mostró su rostro, y su hacer, sin piedad:

Engranajes del modelo

El aparato propagandístico creció a la par de las hectáreas fumigadas. Los diarios La Nación y Clarín fueron pioneros, pero no los únicos: radios, sitios web, "periodistas especializados", programas de televisión. Todo  un aparato mediático al servicio del agro transgénico, financiado por... las empresas transgénicas.

Sector hegemónicos de "la ciencia" estuvieron al servicio del modelo. Desde el Ministerio de Ciencia hasta el Conicet y universidades nacionales. Casos obscenos:

  • El ministro Lino Barañao afirmó que el glifosato era como "agua con sal".
  • La "reconocida" científica Raquel Chan —financiada por Conicet, Universidad del Litoral y la empresa Bioceres— co-responsable de que las familias argentinas sean las primeras en el mundo en  comer trigo transgénico, cultivado con el peligroso herbicida glufosinato de amonio.
  • La Facultad de Agronomía de Buenos Aires (Fauba)  financiada abiertamente por multinacionales del agro.
  • La Comisión Nacional de Biotecnología (Conabia), espacio "científico-técnico" que aprueba los transgénicos funcionó escondida durante dos décadas. Sus integrantes e informes eran confidenciales. Hasta que  salió a la luz los nombres de la corrupción científica: en Argentina, las propias empresas que venden los transgénicos son las mismas que los aprueban, ya sea con sus empleados directos o con científicos y funcionarios adictos. Ya  llevan aprobados más de 90 semillas transgénicas (soja, maíz, papa, algodón, alfalfa, trigo), siempre en base a estudios de las propias multinacionales que las comercializan.
Luchar y sembrar vida

"Disculpen las molestias, estamos frenando un genocidio", explica la bandera colgada en el predio donde Monsanto, la mayor multinacional del agro, construye su planta de maíz transgénico.  Año 2012. Localidad de Malvinas Argentinas, Córdoba.

Foto: Nicolás Pousthomis

Y se inicia una lucha que transcurriría durante cuatro años e incluiría represiones, judicialización, peleas de familias y de vecinos, más represiones, manejos clientelares del municipio y la gobernación. Se padeció mucho. El objetivo de los vecinos y vecinas: que la corporación no se instale: "Fuera de Monsanto de Malvinas Argentina. Fuera Monsanto de América Latina", fue una bandera de la lucha.

Llegaban investigadores y periodistas de diversas partes del mundo para ver cómo era el pequeño pueblo que estaba dando esa batalla, encarnada en el protagonismo de la Asamblea Malvinas Lucha por la Vida.

Luego de cuatro años, bloqueo de la fábrica mediante y paralización de la construcción, Monsanto se fue de Malvinas Argentinas. Corrección:  Monsanto fue echada de Malvinas Argentinas.

Es, sin dudas, una de las mayores victorias contra el agronegocio. Pero no la única:

De marzo de 1996 a marzo de 2026. Tres décadas de un modelo transgénico con innegables y amplias consecuencias sociales, ambientales y sanitarias. Pero también tres décadas de rebeldías colectivas que sembraron, y siembran, vida y dignidad.

Nota: 

*"Un experimento a cielo abierto". Definición de  Andrés Carrasco para referirse al agronegocio y el modelo a base de agrotóxicos.

Fuente: Agencia Tierra Viva

Temas: Agronegocio, Transgénicos

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