Alegría de vivir, o de cómo seguir resistiendo
Amanece en Centro Habana. Un hilito de luz se cuela por la ventana y da en el rostro de Rogelio, un excombatiente internacionalista de la guerra en Angola. Afuera, una asamblea de pájaros totis o zanates se concentran en bola para discutir a graznidos, en el árbol más grande de la calle Estrella. Ahí al lado del árbol, en el número 555, se encuentra el albergue o casa de abuelos, llamado “Alegría de vivir”.
Todas la mañanas, Odalys Pozos, Técnica Asistente Social, da la bienvenida a cuarenta abuelas y abuelos con una voz potente y rasposa que retumba en el pasillo y los cuartos del albergue. Ella y Lazarito, encargado de la limpieza, acomodan en el estrecho pasillo las sillas. Cuando todos están sentados, abre el calendario y les lee las efemérides del día. Después da paso a la lectura de las noticias locales, nacionales, e internacionales. Luego provoca la risa con chistes para alegrarlos, y sigue con las adivinanzas. Luego saca el diccionario “para hacerlos pensar y agilizar la mente”, dice.
Antes de tomar el café de la mañana y un pedazo de pan, los abuelos se paran en círculo y el instructor deportivo les hace mover brazos, caderas y los músculos. En el café, Rosa María, una maestra jubilada, le muestra a Irina, profesora-investigadora de la Universidad de Milán, textos y poemas que le prometió para un libro. Juntas revisan la preciosa caligrafía de los “poemas de amor”, que irán acompañadas con fotos de su juventud.
Entre risas y silencios el día transcurre. Óscar Amel encontró en la casa de día un oasis para su vida, que se venía consumiendo en medio de soledades y depresiones. Ahora, él dice que venir a la casa le devolvió sentido a su existencia, y hasta se convirtió en su presidente por unanimidad de manos levantadas. Él también escribe recuerdos que pronto se publicarán. La vida de Óscar se cruzó con otras 39 vidas que se convirtieron en su familia ampliada.
Mientras llega la hora de la comida, algunos juegan dominó, otras platican, comparten sus recuerdos, hablan de sus necesidades urgentes, sus achaques, y ríen cuando sacan alguna aventurilla de juventud. Antes de retirarse, Odalys les recomienda llegar a tiempo a su casa, antes del apagón de luz que será entre 4:30 y 5 de la tarde, pero uno nunca sabe, y les da una sorpresita. Se pone en medio del pasillo para que todas y todos la escuchen: “A ver, abuelos, escúchenme bien. El miércoles habrá una pequeño bonche, o guateque, ¿oyeron? Habrá roncito, pero poquito para que no se me vayan a emborrachar, y nos llegará el regalo tan esperado por años de una bocina y micrófono para cantar al karaoke”. Todos aplauden, se les ve contentos. Ayer, un grupo de personas les habían llevado algo de ropa y un poco de nieve de chocolate.
Del porqué de los apagones
Son las once de la mañana y el apagón sigue. Se pasa de tiempo, pero es normal que los cortes varíen dependiendo las regiones y prioridades. Aunque se busca el restablecimiento total del suministro eléctrico, esto tardará. La crisis es caracterizada como una guerra, toda vez que la orden y las amenazas para que no llegue petróleo vienen de Estados Unidos.
A finales de enero, el energúmeno y pedófilo que habita la Casa Blanca amenazó al gobierno mexicano con imponerle aranceles si continuaba enviando petróleo para Cuba. Y éste, ante el temor de las represalias, confirmó públicamente el 8 de febrero que detuvo los envíos. Días antes de que esto ocurriera, Venezuela enviaba a Cuba una comunicación devastadora y lacónica: se corta el envío de suministro y se cancelan los acuerdos bilaterales. En los días posteriores empezó el retorno masivo de los médicos cubanos que estaban en todo el territorio venezolano. Está claro que el objetivo del golpe quirúrgico tenía doble intención: la de apoderarse del control del petróleo venezolano y la de ahorcar a Cuba.
En este contexto, el presidente Díaz-Canel, en cadena nacional, habló con sinceridad y sin rodeos: “vamos a vivir tiempos difíciles”. Entre las posibilidades está la <Opción Cero>, que fue una estrategia de contingencia implementada por Fidel Castro en los años 90 conocida como el Periodo Especial en Tiempos de Paz. Sacrificios, austeridad y más sacrificios. Esto ya lo conocen y lo ha vivido el pueblo cubano.
Mientras esto sucede en la Habana, se habla también de pláticas con el gobierno de Estados Unidos. En México, América Latina y Europa, se organizan campañas de solidaridad. Cubanos residentes en México se instalan con una carpa en pleno Zócalo para recibir ayuda de víveres, especialmente medicinas. Se arman campañas en otros estados y parte de la Flotilla Humanitaria sale de Puerto Progreso con un cargamento de comida.
La administración del poco combustible que hay es complejo, pero hay prioridades básicas que atender, como los hospitales y las escuelas primarias y secundarias. Las universidades llevan sus clases como en el tiempo de COVID, desde sus casas, por internet, aprovechando las pocas horas de energía. Pero los hospitales son de primera necesidad.
El Instituto Nacional de Oncología y el Hospital Hermanos Amejeiras, que brinda cirugías cardiovasculares, cuentan con el suministro por áreas, o de plano algunos cuentan con plantas eléctricas, y en algunos casos paneles solares: “es básico, no se te puede ir la luz en medio de una cirugía a corazón abierto, o cualquier otra cirugía, aunque no sea cirugía mayor”, me dice un médico que espera la guagua en la avenida 23, frente al Cine Yara. En el caso de los Policlínicos, estos sufren igual de los apagones, ya que se encuentran en medio de los barrios, pero hay la indicación de que no deben cerrar, es de vital importancia atender a las personas, especialmente a los niños y ancianos en estos momentos críticos.
La fiesta
En el Vedado de la 23, entre 8 y 12, la maestra Irina y Mirco, un estudiante de Milán que hace una estancia académica en Cuba, se encuentran apurados en conseguir las cositas para la fiesta de los abuelos. Compran el ron y el refresco sin problema pero, y ¿el hielo? El bendito hielo no se encuentra por ningún lado. Los frigoríficos están sin luz (obvio), además de vacíos, calientes. El motorista de un eléctrico (triciclos con motor de pila recargable) les dice que conoce una tienda que tiene planta. “Seguro ahí tienen hielo”. Lo dice eufórico mientras la maestra y el estudiante se montan en el triciclo de origen chino, ensamblado en Cuba.
¡Hay hielooo! Se compran dos bolsas, hay ron, hay refresco, hay una bocinita que jala bien con pilas recargables, y hay una crisis de la chingada, pero nos olvidaremos de ella un rato, porque la música retumbará en el pasillo y en toda la casa.
Son las dos de la tarde y los abuelos esperan impacientes.
Mirco y un grabador que ha hecho las portadas de los futuros libros se van al fondo de un patio chico para servir los vasos con ron, hielo, y con algo que parece coca-cola pero no lo es. Preocupada Odalys, pregunta si algún abuelo esta impedido de tomar por alguna contra indicación de médica, y todos gritan: “¡Noooo!”. Se reparten los vasos, se prende la bocinita, y aparecen varias usb que quien sabe trajo.
Rosa María, la de los “Poemas de Amor”, empieza a bailar discreta y suavemente. Y de pronto, un rumor se suelta parecido al zun zun, del pajarito zunzunito cubano. El rumor crece, y de plano uno grita: “¡Zenaida, Zenaida, Zenaida baila, bailaaa!”. Y volteamos a verla en su rincón. En sus buenos tiempos Zenaida fue bailarina y vedette en el famoso Tropicana, allá por el 62. Ella sólo ríe y se le achican sus ojitos. Levanta las manos y mueve el torso. No puede bailar por unas caídas que le provocaron fractura en el fémur. Pero la música sigue, sigue, y quizás eso le da fuerzas para levantarse. Con cuidado, agarra sus muletas y arriesga algunos pasos en medio de los aplausos, pero su impulso y esfuerzo es breve y se sienta. Le agradecen y la cuidan.
Cuando el momento lo amerita, también las y los cubanos son ceremoniosos y formales. Llega la hora de que la maestra Irina presente avances de los libros. Lee en voz alta el avance del libro de Óscar Amel, al que le cambió la vida llegar el albergue, y todos aplauden. Presenta avances del libro de Rosa María, que irá con fotos de juventud en la que se ve realmente hermosa. Luego se presenta la portada de Recuerdos de la Guerra en Angola, con testimonios de Rolando y otro Óscar, este sí exmilitar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, pero ellos dos se reconocen más como internacionalistas, y están orgullosos de haber participado en la lucha de liberación de Angola.
Son las cinco de la tarde y todos se apuran para que los abuelos regresen a sus casas. De pronto se nubla, caen unas gotas de una nube pasajera y vuelve el sol. Odalys los reúne en círculo y les da la despedida a los abuelos con su voz rasposa y fuerte. Grita la consigna cotidiana: “¿Cuál es la casa más bonita de todo Centro Habana?” Los abuelos responden:
“¡Alegría de Vivir!”. ”¿Cuál?”. ”¡Alegría de Vivir!”. Aplauden todos y salen en hilera cuidando de no mover ni el busto de Martí que está frágilmente instalado en una pilastra, ni la bandera que está en la esquinita de la entrada.
Todos se van. La casa queda vacía. Allá afuera, la guerra contra el pueblo cubano seguirá con el rostro de los apagones, la oscuridad por la falta de gasolina. Aquí la alegría por vivir de los abuelos será y es una forma de resistencia.
Fuente: Desinformémonos