Biocombustibles: una falsa solución para que todo siga igual
El agronegocio se maquilla de verde y ofrece los "biocombustibles" como respuesta a la crisis climática y alternativa al uso de petróleo. Organizaciones sociales, pueblos indígenas y científicos críticos los llaman "agrocombustibles", describen los impactos negativos y apuntan al sobreconsumo de países y regiones. Radiografía del sector en Argentina.
A nivel global se discute la superación de los combustibles fósiles con energías llamadas “verdes” o “limpias” que proponen a los agrocombustibles, el hidrógeno y los combustibles sintéticos como alternativa. Pero las comunidades afectadas por los monocultivos señalan el peligro contaminante de propuestas como el diésel y el etanol derivados de cultivos como la caña de azúcar o la soja. “Los empresarios se nutren y se enriquecen de lo que les da la naturaleza, pero no la respetan”, asegura Gustavo Masmud, de la organización socioambiental tucumana Ave Fénix, denunciante de empresarios azucareros por contaminar con residuos de la industria sucroalcoholera.
El sector de transporte —automóviles privados, viajes aéreos, comercio y el transporte mundial de bienes y materias primas— es uno de los principales demandantes de combustibles fósiles y emisores de gases de efecto invernadero. Ante la crisis climática y la necesidad de reducir las emisiones de carbono, los agrocombustibles se presentan como una solución por parte de los fabricantes de automóviles, las empresas de combustibles fósiles, la industria de la biotecnología y el agronegocio.
Durante la Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático en 2023 ( COP28), los países miembro acordaron por primera vez abandonar gradualmente los combustibles fósiles. Para eso propusieron triplicar, para 2030, la capacidad global de energías renovables. Dos años después, en la COP30 de Brasil, se firmó la Declaración Global sobre Combustibles Sostenibles, reconociendo que la transición energética debe ser “justa, ordenada y basada en la ciencia“. Aunque no se aludió a los combustibles fósiles en el documento final del encuentro multilateral, la declaración propone cuatriplicar —entre 2026 y 2035— el uso de combustibles “sustentables“: biogás, biocombustibles, hidrógeno y sus derivados.
“Bio” combustibles
Se les llama “biocombustibles” a los productos provenientes del tratamiento de cultivos como la caña de azúcar, la palma africana, el maíz, el girasol, la canola, la remolacha, el sorgo, el bagazo, la soja, grasa animal o grasa de cocina reciclada. Esta forma de generación de energía emite menos gases de efecto invernadero que las fuentes fósiles. Por eso se mezclan (se “corta“) con combustibles fósiles.
Pero el prefijo “bio” es una estrategia discursiva de lavado verde. Según un estudio de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), los conflictos provenientes de los agrocombustibles se dan durante la producción de la materia prima y durante el procesamiento. Entre ellos, se cuentan: la incompatibilidad entre la producción de cultivos para biocombustibles y la producción de alimentos, lo que afecta la soberanía alimentaria; el uso de paquetes transgénicos y agroquímicos; el avance de monocultivos; el acaparamiento de tierras; la deforestación; la falta de mecanismos de participación ciudadana para la instalación de las plantas de procesamiento; los conflictos por los efectos contaminantes y las alteraciones en los paisajes rurales debido a la instalación de dichas plantas.
El estudio “Engañados en el invernadero” de la organización Climate Falses Solutions coincide en que este tipo de combustibles crea “un vínculo directo y desastroso” entre los mercados de producción de alimentos agrícolas y los mercados del combustible. Añade que los problemas con los agrocombustibles de “primera generación” (derivados directamente de cultivos) supuestamente serían solucionados con los de “segunda generación”. Es decir, aquellos no provenientes de cultivos sino de residuos agrícolas, maderas o algas. Pero, advierten, aún no se ha logrado producir con éxito estos nuevos combustibles en cantidades significativas.
Agrocombustibles en Argentina
En Argentina se produce etanol con base en caña de azúcar (principalmente en Tucumán) y con base en maíz (principalmente en Córdoba); y diésel con base en soja (sobre todo en Santa Fe). Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), Argentina convierte en etanol menos del cuatro por ciento de su cosecha de maíz, frente a más del 13 por ciento de Brasil y el 35 por ciento de Estados Unidos. Las seis plantas de etanol de maíz y las once plantas de etanol de caña de azúcar produjeron 1,2 millones de metros cúbicos en 2024. Con esos datos, el país es el octavo del mundo en producción de este tipo de etanol. Los tres primeros son Estados Unidos, Brasil y la Unión Europea.
El caso es diferente en cuanto al agrodiésel, derivado del aceite de soja. Tras el boom del período 2012-2020, la BCR informó que, en el primer semestre de 2025, las 445.983 toneladas producidas a nivel nacional equipararon los números a los inicios de esta industria, en 2009. Según datos del Instituto Geográfico Nacional, cuatro transnacionales lideraban este sector en 2022: Luis Dreyfus Company (LDC), Terminal 6 (conglomerado de Aceitera General Deheza y Bunge), Patagonia Bioenergía (Energía & Soluciones y Cazenave) y Renova (Vicentin y Viterra).
La producción de agrodiésel comenzó a normalizarse desde noviembre pasado, indicó la Cámara de Empresas y Pymes Regionales Elaboradoras de Biocombustibles (Cepreb). La parálisis se debió a que el Gobierno había fijado precios por debajo de los costos de producción, explicaron desde la entidad.
Sin embargo, a principios de febrero —tras la firma del Acuerdo Mercosur-UE— la Unión Europea calificó a la soja como un "cultivo de alto riesgo" y amenazó con cerrar el mercado de agrodiésel a Argentina. Según la propuesta de la Comisión Europea, órgano ejecutivo de la UE, el único aceite autorizado para producir agrocombustible será el de colza, cultivado en Europa.
La primera "Ley de biocombustibles" de Argentina se sancionó en 2009. Estableció un porcentaje del diez por ciento de corte de los combustibles fósiles con agrocombustibles. En 2021, una segunda Ley de Biocombustibles (27.640) redujo el corte del diez al cinco por ciento. Y le atribuyó a la Secretaría de Energía de la Nación la potestad rebajar el porcentaje hasta un tres por ciento, de considerarlo necesario.
Foto: Subcoop
De cara a la discusión legislativa de este año, por un proyecto de ley ingresado por el Gobierno en octubre pasado y por reclamos del sector, se espera que se debata un posible aumento en los “cortes“ de combustibles fósiles con los derivados de caña, soja o maíz.
Algo huele mal en Tucumán
Gustavo Masmud vive en la localidad de Concepción, a 76 kilómetros de San Miguel de Tucumán. Advierte que la producción de etanol produce residuos que, si no son tratados correctamente, generan “una gran contaminación”. En Tucumán se produce etanol a partir del alcohol de la caña de azúcar. En la campaña 2024-2025, dice el informe del Instituto de Promoción del Azúcar y del Alcohol en Tucumán, el alcohol total producido fue 342.460 millones de litros. Y el total de etanol fue 284.815 millones de litros. El 83 por ciento del alcohol producido, subraya Masmud, se destina a etanol.
Para convertir el alcohol en etanol hay que deshidratarlo. Ese proceso genera un residuo llamado vinaza, que tiene compuestos como nitrógeno, fósforo y potasio. “Si se industrializara, obtendríamos sulfato de potasio para la fertilización de los suelos, que es un insumo que Argentina importa. Pero falta inversión y decisión política”, indica.
En lugar de realizar un tratamiento adecuado, se lo riega con camiones a través de los campos o se los acumula en piletones hechos con taludes de tierra, en cercanía de ríos y de poblados. Esos piletones a cielo abierto no están impermeabilizados. “Al infiltrarse la vinaza en el suelo, contamina la napa freática de la que mucha gente obtiene el agua para consumo”, alerta. Además, estos reservorios generan muchas moscas y olores nauseabundos. Masmud agrega que la mayoría no cuenta con freatímetros para el control de las napas ni cortinas de árboles en las cercanías, tal como establece el Decreto Nacional 574 de 2018.
En Tucumán hay 15 ingenios: 14 producen etanol. Algunos de sus dueños fueron denunciados ante la Justicia Federal (ingenios La Florida, Trinidad, La Corona) por contaminar la cuenca del río Salí-Dulce, que Tucumán comparte con Santiago del Estero, y que desagua en la Laguna de Mar Chiquita (Córdoba).
El empresario Jorge Rocchia Ferro (dueño del Grupo Los Balcanes) fue condenado en 2023 por contaminación del Canal del Este, que llega a Santiago del Estero. También en ese año condenaron a Luis Alberto Drube y Santiago Daniel Gasep por contaminación con vinaza proveniente del ingenio La Trinidad, a partir de una denuncia de la organización Ave Fénix. En ambos casos, las condenas fueron de tres años de prisión en suspenso. “Las sanciones no son ejemplificadoras como para decir a los demás que no sigan contaminando”, lamenta Masmud.
Respecto a la transición energética, opina: “Se debe minimizar el impacto de la deforestación o usar energías limpias en los lugares donde se pueda. Pero tiene que ser una prioridad en la agenda de los gobiernos. Y el gobierno de Javier Milei desmerece todas las normas ambientales”.
Freddy Carbonel integra el grupo ecologista ProEco Tucumán y también denuncia la contaminación de la industria sucroalcoholera. “La gente vive en las orillas, pesca, hace sus cultivos en los cursos de agua contaminados”, afirma. Y señala que no se tiene en cuenta el impacto acumulativo de la contaminación y que, además, hay presión de los empresarios (como el propio Rocchia Ferro) para desarrollar la caña transgénica.
Otro caso emblemático de contaminación por producción de etanol es el de Porta Hermanos, en Córdoba. Esta empresa produce etanol, pero a base de maíz. Un estudio de la Universidad Nacional de Córdoba —realizado a pedido de las y los vecinos tras una explosión ocurrida en 2012— detectó en 2013 un índice de patologías superior a los niveles comparables en otras partes del mundo.
Foto: Télam
Demostró que la población que vive en cercanías de la planta de bioetanol, en el barrio San Antonio de la ciudad de Córdoba, sufre de exposición química reiterada, principalmente a sustancias como el formaldehído, el tolueno y el xileno. Como consecuencia, padecen enfermedades como cefaleas, conjuntivitis, neumopatías y gastritis. Pese a una presentación de los vecinos, la Corte Suprema de Justicia de la Nación no admitió la causa en la que se reclamaba el cierre de la planta.
Diésel de soja en Santa Fe
La producción de diésel derivado de aceite de soja se radicó principalmente en Santa Fe, donde ya estaban ubicadas las plantas de molienda de soja, principalmente cerca de Rosario y sus puertos. Actualmente, el aceite de soja sigue siendo el principal insumo de producción (un 80 por ciento) del agrodiésel a nivel nacional. De las 43 empresas de diésel de soja del país, 21 se radican en Santa Fe y diez son Pymes.
Valentina Locher es investigadora de la Universidad Nacional del Litoral y del Consejo Universitario de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Señala que la producción se incentivó por parte del Estado a partir de aquella primera normativa que estableció la obligación de cortar el diésel proveniente del petróleo con biodiésel y la nafta con bioetanol.
Grandes agroindustrias, como Cargill o Bunge, comenzaron a producir. Sin embargo, la ley de 2009 también promovió que el mercado interno sea abastecido por empresas nacionales. El escenario cambió cuando los mercados de exportación cerraron debido a las medidas proteccionistas de los países que compraban a la Argentina. “Las empresas grandes comenzaron a presionar para vender al mercado argentino”, recuerda. Agrega que, actualmente, el sector de combustibles solo representa el diez por ciento de la producción sojera.
Según la BCR, mientras que a principios de la década pasada más del 70 por ciento de la comercialización se destinaba al exterior, en el primer semestre de 2025 el 78 por ciento correspondió al consumo interno y el 22 a exportaciones.
Por otro lado, destaca Locher, el precio se fijaba con una fórmula preestablecida. “Esto se fue desvirtuando porque en el último tiempo no les ajustaron el precio correctamente“, señala.
Más allá de los vaivenes en el aspecto comercial, Santa Fe como principal productora de biodiésel también ha probado, a lo largo de su geografía, cómo la convivencia con el monocultivo de soja y su paquete tecnológico impacta negativamente en la salud. Así lo confirmaron los campamentos sanitarios realizados por el Instituto de Salud Socioambiental de la Universidad Nacional de Rosario en pueblos fumigados. En esas localidades, las y los jóvenes tienen un 2,5 más de probabilidades de morir de cáncer que sus congéneres que habitan en otros territorios.
Consultada sobre los impactos de esta actividad, Locher indica: “Los biocombustibles se promueven porque su combustión genera menos emisiones. Pero ninguna producción es inocua y ambientalmente siempre tiene algún efecto. En el caso del biocombustible, el efecto está en la forma en que hacemos agricultura: la agricultura extensiva, el uso de muchos insumos químicos”.
También comenta que el biodiésel de Argentina es, en un 99 por ciento, de primera generación. “La idea era avanzar hacia la segunda generación. Pero eso requiere otra logística y una adecuación de la industria. Ahí sí tiene mucho más sentido tener biocombustibles, porque esos desechos que requieren tratamientos para no contaminar podrían ser utilizados con una lógica de economía circular“, afirma.
La meta brasileña de cuadriplicar los agrocombustibles
La Agencia Internacional de Energía de Brasil prometió cuadruplicar la producción de combustibles llamados sustentables hasta 2035 (conocido como compromiso "Belém4X" porque fue lanzado durante la COP30). En agosto pasado, el corte de etanol en la gasolina brasileña subió al 30 por ciento. La meta Belém4X incluye también a los combustibles de aviación.
El argumento de esta meta se basa en un informe de la Agencia Internacional de Energía (AIE). El mismo asegura que "en 2024, los biocombustibles líquidos redujeron la dependencia de las importaciones de combustible para el transporte entre cinco y 15 puntos porcentuales en los países importadores relevantes, y la demanda mundial de petróleo fue aproximadamente 2,5 millones de barriles diarios menor de lo que habría sido sin su contribución".
También pronostica que para 2035 "la mayoría de las rutas de combustibles, tanto existentes como emergentes, podrían alcanzar una intensidad muy baja de gases de efecto invernadero durante su ciclo de vida y, en algunos casos, incluso lograr una eliminación neta de carbono, siempre que se implementen políticas basadas en el rendimiento que impulsen la mejora continua".
Bruno Bassi, investigador del observatorio De Olho Nos Ruralistas, contrapone: “Lo que ese informe no dice es que no existe base suficiente de producción de etanol de segunda generación ni de producción de otras vertientes llamadas sustentables para la producción sobre áreas degradadas. Ese es uno de los principios que propone el sector, pero no existe esa posibilidad“.
Y alerta sobre sobre la expansión territorial del etanol de caña y de maíz, particularmente en el bioma Cerrado, aunque también en otras regiones del vecino país (como Maranhao o Mato Grosso del Sur). El avance se produce incluso sobre territorios indígenas.
Agrocombustibles, lobby y "lavado verde"
Otro ejemplo brasileño de monocultivo para agrocombustibles es la palma africana. Jadson Santos pertenece al asentamiento Abril Vermelho, del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) en el estado de Pará, zona afectada por este monocultivo debido a la deforestación y a la degradación de los suelos que produjo.
“El monocultivo de palma fue una idea derrotada porque era una industria cara”, afirma. Desde el MST llevan adelante un proceso de recuperación de un territorio que tuvo ese monocultivo durante 40 años. "Las tierras estaban ácidas y los peces tenían veneno. Tras implementar sistemas agroforestales hoy tenemos diversidad de pájaros y los peces están sanos", asegura.
Sobre la promoción de agrocombustibles, alerta: "Ese tipo de producción compite con la producción de alimentos, generando aumento de precios e inseguridad alimentaria, además de deforestación e impacto en nuestra fauna, nuestra flora, en el agua y en los pueblos nativos". Y concluye: "No es una solución real a la crisis climática: el gobierno de Lula da Silva debería buscar soluciones reales".
De Olho Nos Ruralistas — en su informe titulado "La COP de los lobbies"— exhibe dos ejemplos de cómo empresas brasileñas que promueven estos combustibles presentan conflictos socioambientales: Rumo Logística y Raízen. Rumo Logística es el mayor operador ferroviario de Brasil. Pertenece al grupo Cosan, del empresario del etanol Rubens Ometto. La firma fue acusada por comunidades Mbya Guaraní de causar daños socioambientales irreparables tras la duplicación de tramos de la vía férrea Malha Paulista (en San Pablo). Raízen, que se presenta como un éxito de la producción de etanol de segunda generación (E2G) a partir de bagazo y paja de caña de azúcar, mantuvo conflictos territoriales con el Pueblo Guaraní Kaiowá, cuyas tierras están pendientes de demarcación desde 2016.
En la COP brasileña, donde se lanzó el compromiso Belém4X, las empresas propusieron soluciones que no cuestionan el modo de producir y de consumir. Desde la Cumbre de los Pueblos (donde confluyeron organizaciones de todo el mundo) se plantearon diversas visiones, centradas en la participación popular para dar estos debates. Mirjam Gartner, trabajadora de la automotriz Volkswagen e integrante de la Unión Ambiental de Alemania, expresó su punto de vista: "Desde la empresa se plantea electrificar la movilidad, nosotros consideramos que hay que reducir el tráfico".
Carbonel resume: “Se buscan soluciones tecnológicas para la crisis climática, pero si seguimos con el modelo de producción capitalista a mansalva vamos a estar fritos porque se maximizan las ganancias y el ambiente y la salud quedan de lado”.
Fuente: Agencia Tierra Viva
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