Cisjordania: mientras el mundo mira hacia otro lado, la tierra palestina está desapareciendo
Mientras la atención internacional se centra en la escalada regional, la situación en Cisjordania se deteriora de forma silenciosa pero constante. Operaciones militares intensificadas, violencia creciente por parte de colonos y restricciones cada vez más severas están reduciendo el espacio vital de la población palestina y dificultando gravemente el acceso a la atención sanitaria.
“El Ejército suele venir por la noche, los soldados invaden el barrio, irrumpen en nuestras casas, destruyen nuestras propiedades y detienen a la gente en masa. Nos están confiscando y demoliendo nuestras casas”, se lamenta Sari Ahmad, de Al Fakhiet, en Masafer Yatta, en el Territorio Palestino Ocupado. “Y los ataques de los colonos se han vuelto más brutales y mortíferos. Hoy en día, la mayoría de ellos van armados y disparan a matar”, añade.
Sari, que padece diabetes, recibió tratamiento de nuestros equipos hasta enero; sin embargo, dado que la violencia y las restricciones de movimiento han aumentado, ya no podemos acceder a decenas de personas necesitadas en la zona.
En las últimas semanas, la dramática escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha añadido otra capa de violencia y miedo en todo el Territorio Palestino Ocupado.
“Cuando suenan las sirenas, nos reunimos en el pasillo de nuestra casa, lejos de las ventanas. A lo lejos, las explosiones resuenan entre las colinas mientras los interceptores derriban los proyectiles”, cuenta Yasmin Mohammad, una de nuestras trabajadoras sanitarias comunitarias en Hebrón. A diferencia de las ciudades y pueblos israelíes, donde los refugios y los sistemas de alerta están muy extendidos, la mayoría de los palestinos de Cisjordania no tienen acceso a refugios ni a espacios protegidos. Cuando caen los restos, a las familias no les queda más remedio que quedarse dentro y esperar.
Mientras el mundo centra su atención en los misiles que sobrevuelan la zona, las fuerzas israelíes han intensificado sus operaciones militares en toda Cisjordania. La mayoría de los puestos de control permanecen cerrados, lo que significa que, para la mayoría de la gente, las actividades cotidianas normales ahora requieren aún más tiempo, a veces son imposibles, y conllevan el riesgo de sufrir heridas o la muerte a causa de ataques israelíes no provocados.
“Sentimos que el espacio en el que podemos vivir, movernos y construir nuestras vidas se está reduciendo, mientras el mundo mira hacia otro lado”, afirma Yasmin.
La violencia por parte de los colonos israelíes ha aumentado en varias zonas de Cisjordania. Los residentes denuncian que los colonos entran en las aldeas y en las tierras de cultivo palestinas portando armas a la vista y atacan a palestinos en sus coches mientras se desplazan de un lugar a otro.
"Atacan y matan a personas sin que haya consecuencias; parece que no hay justicia para nosotros, como si nuestras vidas no contaran"
Salam Yousef, trabajador de MSF en Cisjordania
La violencia y el miedo marcan la vida
Entre el 7 de octubre de 2023 y el 7 de marzo de 2026, 1.071 palestinos, entre ellos 233 niños y niñas, han sido asesinados en la Cisjordania ocupada y en Jerusalén, según OCHA (la Oficina de Coordinación Humanitaria de Naciones Unidas). Solo este año, 11 personas han sido asesinadas por colonos.
“Es impactante y profundamente inquietante”, afirma Salam Yousef, miembro de nuestro personal en Cisjordania. “Atacan y matan a personas sin que haya consecuencias; parece que no hay justicia para nosotros, como si nuestras vidas no contaran — continúa Yousef—. “La semana pasada, ellos [las fuerzas israelíes] dispararon a una familia de seis miembros que volvía a casa en coche. Solo sobrevivieron dos de los hijos; ahora son huérfanos: su familia fue asesinada delante de ellos; sus hermanos tenían 7 y 5 años”.
La violencia generalizada y de múltiples capas ha transformado la vida de los palestinos. La sensación de una amenaza existencial refleja una realidad más amplia que se desarrolla en toda Cisjordania. “Estos acontecimientos parecen algo más que una serie de incidentes aislados; se trata de una transformación lenta pero significativa: paso a paso, las fuerzas israelíes y los colonos están tomando el control”, afirma Salam Yousef. “Da miedo porque no tenemos ningún control y al mundo no parece importarle lo que nos pase”.
“Si el mundo sigue mirando hacia otro lado, la reducción del territorio palestino no se detendrá. Simplemente continuará: punto de control tras punto de control, carretera tras carretera, casa tras casa, hasta que una realidad que antes parecía temporal se convierta en permanente”, concluye Yousef.
Vidas y sueños, en suspenso
“El impacto psicológico de este entorno es inmenso”, afirma Elsa Salvatore, uno de nuestros psicoterapeutas en Nablus. “No se trata solo de la violencia física de los ataques de los colonos o de lo que ocurre en los puestos de control. En nuestras sesiones, la gente suele hablar de la humillación que sufre a diario y de la incertidumbre constante. Se vuelven hipervigilantes, incapaces de dormir, siempre esperando que ocurra algo malo”.
“La mayoría de la gente ha dejado de hacer planes. Muchos sufren síntomas relacionados con el trastorno por estrés postraumático (TEPT), aunque el TEPT no describe correctamente su condición, porque no están después de la experiencia traumática, sino que siguen en ella, experimentando continuamente el trauma y la incertidumbre”, afirma Salvatore.
En estos momentos, en los que la violencia, la inseguridad y las restricciones a la vida cotidiana se extienden cada vez más por toda Cisjordania, es vital que la población pueda recibir asistencia sanitaria. Sin embargo, ocurre justo lo contrario: el acceso a la atención médica está bloqueado o gravemente obstaculizado.
En algunas regiones como Masafer Yatta, al sur de Hebrón, se impide a las ONG prestar ayuda humanitaria esencial, ya que gran parte de la zona está declarada zona militar y las fuerzas israelíes restringen gravemente la circulación. En consecuencia, desde septiembre de 2025, hemos tenido que reducir el número de clínicas móviles en la zona de 17 a solo 5. Los pacientes se ven privados incluso de los servicios médicos más básicos. “Nos sentimos abandonados y olvidados. Ya nadie viene a vernos. Cuando enfermamos, no nos queda más remedio que caminar kilómetros. A veces simplemente nos quedamos y aguantamos el dolor”, relata un residente de Masafer Yatta.
Las condiciones de vida de los palestinos y las palestinas en Cisjordania son peligrosas y flagrantemente inhumanas
A mayores necesidades, más acceso, no menos
Las nuevas normas restrictivas de Israel amenazan con reducir drásticamente una ayuda que ya es insuficiente. Dado que somos una de las 37 ONG cuyo registro no fue renovado por las autoridades israelíes a partir del 1 de marzo de 2026, nuestro personal internacional tuvo que abandonar el Territorios Palestino Ocupado a finales de febrero. Aunque los colegas palestinos siguen prestando asistencia sanitaria, el futuro de nuestros proyectos en Cisjordania y la Franja de Gaza es incierto. En Nablus, Yenín y Tulkarem, nuestras actividades también se han reducido significativamente debido tanto a motivos de seguridad como a los nuevos obstáculos administrativos impuestos desde el 1 de marzo.
“Tengo miedo y me siento desesperado ante la idea de que los servicios de MSF puedan dejar de existir”, alerta uno de nuestros pacientes de salud mental en Nablus.
Nuestros equipos hacen todo lo posible por ofrecer sesiones psicosociales a distancia a través de Internet, pero esto no proporciona el mismo apoyo que la atención presencial. En particular, no funciona para las víctimas de violencia sexual, las familias de bajo nivel socioeconómico con dificultades de acceso a las telecomunicaciones y los pacientes con trastornos psiquiátricos crónicos, como la psicosis.
El acceso a la atención sanitaria es una necesidad humana fundamental y una piedra angular de la resiliencia de las comunidades. Cuando los sistemas de salud se fragmentan, la atención preventiva se reduce, las enfermedades crónicas empeoran y las comunidades se vuelven más vulnerables. En medio de la catástrofe humanitaria en curso en el Territorio Palestino Ocupado, seguiremos prestando asistencia sanitaria durante el mayor tiempo posible, haciendo todo lo que esté en nuestras manos.
Lo que está ocurriendo hoy en Cisjordania no es inevitable ni invisible. El Derecho Internacional Humanitario es claro: como potencia ocupante, Israel tiene la responsabilidad legal de garantizar la protección de la población civil y facilitar el acceso a la atención médica esencial. La realidad dista mucho de eso. Las condiciones de vida de los palestinos en Cisjordania son peligrosas y flagrantemente inhumanas. “Solo queremos vivir con seguridad, criar a nuestros hijos sin miedo y que se nos trate con dignidad”, reclama Salam Yousef.
Fuente: www.msf.es
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