Comunidad Agrícola Callvú Leovú: producción de alimentos, planificación y arraigo
De tierras abandonadas a producción de alimentos sanos. De la explotación laboral al trabajo digno. De lo individual a lo colectivo y multisectorial. Son algunas de las características de la Comunidad Agrícola Callvú Leovú, en la localidad bonaerense de Azul. La articulación entre áreas de gobierno, cooperativas y organizaciones sociales confirma que es posible una ruralidad con arraigo y desarrollo local.
Silos para maíz, soja y trigo que se van por la ruta como commodities. Enormes extensiones ocupadas solo por ganado vacuno. Esas son las postales que rodean a la ciudad de Azul, una de las localidades del agronegocio bonaerense. Entre tanta tierra agrícola con destinos alejados de los platos argentinos, unos pocos campos hortícolas de la zona replican el modelo de explotación de los cordones urbanos de La Plata y Mar del Plata; y los precios inflados de los mercados de abasto de la Ciudad de Buenos Aires o Bahía Blanca. Un grupo de ocho familias productoras, en su mayoría hortícolas, nucleadas en la Federación Rural, se decidieron a romper esa lógica, apostaron al cooperativismo, reclamaron el acceso a la tierra y sentaron las bases de otro modelo de arraigo y abastecimiento local. “Bienvenidos”, celebra un pasacalles en la tranquera principal. Es la entrada a la Comunidad Agrícola Callvú Leovú.
La comunidad agrícola tiene ocho hectáreas, que el municipio de Azul les cedió en 2022, con un comodato de 20 años para la producción local de alimentos. Las hectáreas están ubicadas a dos kilómetros de la ruta 3, en el ingreso a la ciudad, sobre el viejo camino a Tandil. Rodean en forma de “L” el abandonado edificio del Matadero Municipal, diseñado por el mítico arquitecto Francisco Salamone y aún en pie como símbolo de un modelo abandonado. En el otro extremo de la ciudad se levanta el frigorífico “Devesa Natural Beef”, como indica su nombre: todo lo que faena se exporta. Detrás del predio abandonado, ahora cada familia produce en una hectárea: lechuga, apio, acelga, zapallo, remolacha, cebolla de verdeo, puerro y huevos, que llegan frescos y a precio justo a sus vecinos.
El cartel de “Bienvenidos” lo colgaron el 24 de mayo, cuando celebraron la inauguración de la comunidad agrícola. En 2022 habían recibido —con la firma del ex intendente Hernán Bertellys (Juntos por el Cambio)— un predio dominado por pastizales, y aún con zonas inundables, que transformaron en un campo productivo con instalaciones eléctricas y agua para riego, con viviendas para cada familia, con tractor para todos, con un camión con acoplado y un camión con equipo de frío.
“Estar organizados nos abrió la mente, saber que no solo es trabajo y trabajo para un patrón, sino que podemos construir mejores oportunidades”, celebra Rodrigo Herrera junto a su compañera Mariela Altamirano, luego de trabajar “a porcentaje” para campos ajenos en La Plata y en Azul por años. Ambos oriundos de Bolivia, ahora viven en las tierras que se ganaron a fuerza de trabajo y su hija nacida en la localidad bonaerense asiste a la escuela 26, que queda al otro lado del predio. “Un campo vacío se transformó en una comunidad que trae arraigo, producción y gente joven al campo”, destaca Oscar Rondán, referente de la Federación Rural en Azul e impulsor del proceso cooperativo.
Foto: Rocío Guevara
“Es un momento clave para profundizar y profesionalizar la tarea. Vamos a asociar los esfuerzos y qué mejor que hacerlo comprando alimentos frescos producidos en el lugar donde los consumimos. Hay que volver a la tierra y los productores son los que tienen el saber para hacerlo”. Las palabras son del intendente del municipio de Azul, Nelson Sombra, en el salón de usos múltiples de la localidad durante la apertura del Encuentro Nacional de Cooperativismo (Encoop) 2026 de la Federación Rural, que reunió a productores cooperativos desde Formosa hasta Chubut el sábado 23 de mayo. La cooperativa Callvú Leovú fue la anfitriona y la protagonista del encuentro porque sintetizó las políticas públicas y la fuerza cooperativa que el encuentro buscó potenciar.
El intendente Sombra ratificó el comodato y amplió las políticas públicas propuestas por la comunidad agrícola. En la apertura del encuentro se firmó la segunda licitación para la compra de alimentos a la cooperativa para abastecer el Hospital local. Además, la Cooperativa Obrera, la cadena de supermercados asociativa, firmó otro convenio para que la comunidad abastezca de hortalizas la sucursal local, ubicada sobre la Avenida San Martín, como extensión de un primer acuerdo con la Federación Rural en Olavarría.
“La producción la tenemos, los kilos los tenemos, lo que falta es continuar organizándonos”, convocó Manuel “Manolo” Martino, presidente de la Federación Rural y de la cooperativa pampeana La Comunitaria durante el Encoop 2026. A su lado, se sentaron no solo el intendente local sino también el titular del Instituto Provincial de Asociativismo y Cooperativismo, Gildo Onorato —”El próximo gobierno tiene que pensar en una nueva ruralidad y pensar en cómo se producen alimentos y se explotan las tierras”, aseguró—; y el ministro de Desarrollo Agrario bonaerense, Javier Rodríguez —”No se puede pensar en el desarrollo agrario sin enfrentar el desarraigo rural. Necesitamos construir un modelo de desarrollo que no mira los volúmenes de producción sino la cantidad de productores en los campos”, se comprometió—.
Pedro Velázquez, presidente de la cooperativa Callvú Leovú —nombre original, en mapuche, del Río Azul, que atraviesa la ciudad—, los escuchó desde otra silla, con los convenios firmados con el municipio y la Cooperativa Obrera en sus manos, como síntesis de un camino que busca formatear un modelo de producción de alimentos liberado al mercado y con escasas y aisladas políticas públicas para la agricultura familiar y la agroecología; muchas de ellas arrasadas desde la llegada de Javier Milei a la presidencia.
Acceso a la tierra y cooperativismo
Pedro es productor hortícola en Argentina desde 1996. Llegó con 16 años y trabajó 30 años en los cordones hortícolas de La Plata, Florencio Varela y Mar del Plata hasta que llegó en 2007 a Azul. “Medierio”, “mensualero”, “porcentajero”, entre otras formas en la que la producción hortícola se replica en el país, con la comunidad boliviana poniendo la mano de obra y los dueños de las tierras pagándoles menos de un 30 por ciento de lo producido.
"Mucha explotación, sobreexplotación”, repite Velázquez, ahora parado en su porción de tierra en la comunidad agrícola. Cansado, pensó en alquilar tierra para producir por su cuenta, en un municipio en que la tierra es cara y el alquiler está a precio de soja para producciones con destino de exportación. Instalado en Azul, desde 2007, pasó por cinco predios distintos en los que tuvo que levantar de cero los tendidos eléctricos, invernaderos y pozos de agua. De todos lo echaron, incrementándole el alquiler a precios impagables, o lo desalojaron sin reconocerle nada de la infraestructura instalada.
Pero él insistió porque, dice, “la producción es lo mío". Conoció a Oscar Rondán, que integraba la cátedra de Economía Agraria de la Facultad de Agronomía de la Universidad del Centro (Unicen) y se acercó a lo que entonces era el MTE-Rural. Comenzaron a buscar terrenos municipales para elevar un pedido de acceso a la tierra al municipio.
El primer predio fue en un monte frutal, cercano al frigorífico Devesa, pero la zona estaba contaminada y era inundable. Tiempo después comenzaron a juntar a otros “paisanos” y se sumó Walter Herma, productor avícola, y se conformó la cooperativa con las familias que la integran actualmente. Encontraron las tierras detrás del matadero municipal. Eran 18 hectáreas, pero les entregaron solo ocho. En 2022 firmaron el comodato y comenzaron a animarse a ir dejando sus trabajos bajo patrón.
En 2023, Rodrigo y Mariela se mudaron a la primera construcción del predio, que ahora funciona como sede social. Con un proyecto del entonces Ministerio de Desarrollo Social —por lo que la ex ministra Victoria Tolosa Paz tuvo el reconocimiento de cortar la cinta de inauguración de la comunidad— levantaron el tendido eléctrico junto a la cooperativa eléctrica local y luego el agua, las mangueras y el riego.
"Peleamos por el acceso a la tierra sin importar si eran 500 metros para cada uno, queríamos tener una parcela productiva, que nos den la oportunidad de crecer, que no venga nadie a echarnos y poder invertir en infraestructura”, repasa Rodrigo.
"Es difícil comenzar solo en un campo, sin herramientas, resistiendo las temporada altas y bajas. Conjuntamente, con la cooperativa, pudimos lograrlo”, completa Mariela y pone como ejemplo el tractor que consiguieron colectivamente con un proyecto del IPAC. "La cooperativa funciona incluso como acceso a financiamiento para construir y mejorar las viviendas”, destaca Oscar.
Faustino y Fredy Rojas son hermanos, productores hortícolas, y con sus familias son también parte de la cooperativa y la comunidad. Faustino recorre el predio y planifica nuevas inversiones conjuntas, pero para las que esperan que el Municipio de Azul dé otro paso y amplíe el predio a hectáreas linderas y entregue la sesión de las tierras.
"El acceso a la tierra es una política que hace falta y lo tenemos que impulsar desde los productores, porque los políticos o no lo saben o no lo aplican. Es una herramienta fundamental; el productor puede trabajar para acceder si el Estado pone las políticas. No estamos hablando de un modelo para enriquecer a un puñado de personas, estamos hablando de producir alimentos a precios justos para el pueblo", señala Faustino y asegura que el modelo podría inundar la provincia y el país de productores que se afinquen en los periurbanos para producir alimentos y abastecimiento local.
Foto: Álvaro Jugo
Alimentos locales, precios justos y una red productiva
"El acceso a la tierra fue el inicio de todo. Tenés mucha más espalda, planificás sin incertidumbre y te animás. De última tenemos la comida para nosotros y tenemos nuestras casas. Eso da mucha tranquilidad para los compañeros", explica Oscar, que desde 2018 trabaja con los productores hortícolas locales para avanzar desde el derecho a la tierra a otro nudo central del desarrollo: la comercialización.
Haber conseguido el predio de ocho hectáreas fue el primer paso para Pedro que, desde hace años, tiene un objetivo: “Romper la lógica de la oferta y la demanda en el mercado local. Sostener un precio de acuerdo al costo de la producción y llegar a los vecinos con precios justos. Como cooperativa tenemos más fuerza, podemos pelear al mercado local, con más variedad y más cantidad”, confía.
La primera temporada de producción —que para las hortalizas en la zona centro del país va desde agosto a mayo— fue en 2024. Desde entonces, ya lograron comenzar a cambiar la lógica de precios local. Desde la comunidad venden bolsones de verduras en la tranquera, abastecen a algunas verdulerías locales y logran mejores precios que el puñado de productores locales —para los que ellos trabajaban— o los intermediarios que traen la verdura desde Ciudad de Buenos Aires, Mar del Plata o Bahía Blanca.
“Cuando nosotros sacamos nuestra producción de hortalizas, los intermediarios de acá dejan de traer desde el Mercado Central porque no pueden competir ni con el precio ni con la calidad”, asegura Faustino. Esa diferencia queda plasmada una vez por mes en la plaza central de Azul, cuando la comunidad abre su puesto en la feria de Mercados Bonaerenses. Si los vecinos y vecinas consiguen un atado de acelga a 1.800 pesos en los comercios, el que llega fresco de la cooperativa está a 1.000. “La gente lo celebra, así alimentás mejor a la gente, con la mercadería fresca, por eso se arman filas enormes”, cuenta Mariela.
El municipio registró ese cambio y convocó a la comunidad para abastecer ferias semanales en otras localidades, cada sábado, y avanzó en la segunda licitación para abastecer al hospital local. En ese pliego, la cooperativa ganó casi la totalidad de los rubros licitados. "Le pudimos ganas a uno de esos tres grandes productores que tenían a los compañeros como medieros. Hay resistencia de esos productores, porque la gente empieza a venir a comprar a la quinta, a las ferias, el valor y la calidad que ofrecemos es muy bueno”, celebra Walter Herma.
Foto: Álvaro Jugo
La expectativa de la cooperativa es avanzar ahora en nuevas licitaciones con el municipio para abastecer los comedores escolares, centros de día y otros programas. Y, en paralelo, cerró un acuerdo para abastecer a la sucursal de la Cooperativa Obrera. ¿Cómo abastecer tanto con ocho hectáreas? Oscar señala: "Aprovechamos los recursos que tenemos como Federación, era el paso que nos faltaba”.
A partir de la experiencia de Olavarría, que realizó la Cooperativa Madre Tierra, y el convenio para ampliar el abastecimiento a Azul —que iniciará con la próxima temporada—, la Federación Rural comenzó a pensar el abastecimiento de manera integral, triangular la producción de sus cooperativas en el centro de la provincia con los cordones productivos platense y marplatense, y en el “sur cebollero”. Así, Azul se transforma en un punto logístico clave y "podemos planificar la diversidad de los alimentos, según la zona de cada cooperativa, y generar un circuito de abastecimiento", explica Rodrigo.
"La experiencia de Olavarría nos permitió ver que teníamos la espalda para responder a los requisitos de un cliente. Pensar como negocio, pensar en tener un cliente que asegure la demanda de la producción y permita planificar”, celebra Oscar y valora: “No hubo una exigencia por cantidad sino un interés porque nosotros, cada semana, le damos abastecimiento con una cantidad de alimentos producido a cinco minutos del supermercado. Así logramos romper la diferencia de precio entre el productor y la góndola, que suele ser de tres veces el precio”. La expectativa es abastecer a la cadena cooperativa en todo el país.
El camino a la agroecología
Cuando Rodrigo y Mariela dejaron el campo de su último patrón, dejaron atrás un predio con una hectárea a campo y dos invernaderos de tomate y morrón. Además de que recibían un pequeño porcentaje por la jornada de sol a sol, trabajaban sin ningún elemento de protección expuestos a “los remedios” (agrotóxicos). Sentado frente a su casa de placas de cemento, al lado de su hectárea productiva, Rodrigo dice que a él "siempre le llamó la atención cómo cambiar la forma de producir".
“Los agroquímicos y fertilizantes te aseguran la producción, pero cada año necesitás tirar más. Las plantas a mitad de temporada se debilitan hay que incorporar insumos. Cada año aparecían más pestes y cada año venenos más fuertes", recuerda. Ahora, él es el encargado de dirigir la transición agroecológica en la comunidad agrícola. En su parcela ya lo hace y con “rendimientos mejores que otros compañeros”.
La formación la recibió en la Escuela Nacional de Agroecología (ENA), un curso de formación intensivo e itinerante que la Federación Rural realiza cada año. La transición agroecológica impulsada desde la federación cuenta con su propia bibliografía y con tres fábricas de biopreparados: en La Plata, Mar del Plata e Hilario Ascasubi, localidad del “sur cebollero”.
“Cuando fui al curso, yo defendía lo convencional. Ahora, si vienen y me dicen que no funciona la agroecología les puedo decir que están equivocados. Yo lo probé", dice orgulloso.
Los meses de junio y julio son de freno en la producción a campo abierto, por las heladas del centro provincial, pero sirve para preparar la tierra, abonarla, exponerla al frío, voltearla y que esté lista para los acuerdos que la cooperativa alcanzó. El presidente de la cooperativa plantea como próximos desafíos la construcción de una sala de limpieza y empaque y dos invernaderos —que permita extender la producción— en terrenos linderos a la comunidad que también están en manos del municipio. También está entre los planes mejorar el camino de ingreso y, con ello, levantar las parte de terreno que aún se inundan.
"Yo me crié en Azul, en el campo, pero con el trabajo cooperativo conocí otra cosa. Nos unimos, nos formamos; nos ayudamos. En el pueblo se los miraba con cara rara, porque tenían tierra y eran de otro país; pero ellos tienen mucho que enseñarnos —dice Mariana Alaimo, productora porcina, vecina del predio y última integrante en sumarse a la cooperativa—. Decían que venían a usurpar tierras. Ahora el boca a boca dejó claro que vinieron a producir alimento para los vecinos".
Faustino mira su lote y se muestra esperanzado con lo que pudieron mostrar en estos años de construcción colectiva: “Este modelo podría replicarse en cada municipio, porque hay localidades que no tienen un solo productor hortícola. Sería un tiro al ángulo. En Mar del Plata y La Plata, los compañeros están concentrados y la verdura no vale nada porque el camión oferta bajo y si no le venden tiene a otro en el campo de al lado. Nosotros ofrecemos verdura fresca para el consumo local a precios más accesibles y que al productor también le convienen. ¿A qué intendente no le puede convenir tener productores locales, alimentos frescos y mejores precios?”.
Foto: Rocío Guevara
Fuente: Agencia Tierra Viva
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