De la quinta al supermercado: cooperativas para la soberanía alimentaria

Idioma Español
País Argentina
Foto: Cooperativa Madre Tierra

La cooperativa Madre Tierra reúne a 65 familias productoras de hortalizas en Olavarría. Desde julio pasado abastecen tres sucursales del supermercado Cooperativa Obrera en esa localidad con perspectiva de ampliar la experiencia a Azul, Mar del Plata y Bahía Blanca. "Cuanto más cerca está la producción de la boca de expendio, más fresco llega el producto y mayor es el impacto en el empleo local", explican.

En Olavarría, centro de la provincia de Buenos Aires, donde el avance del agronegocio convive con experiencias de agricultura familiar, la cooperativa Madre Tierra (integrante de la Federación Rural) consolidó en el último año un paso estratégico: comenzó a abastecer con hortalizas frescas a tres sucursales de la Cooperativa Obrera, el histórico supermercado cooperativo. La articulación reforzó la comercialización para las familias productoras unidas en Madre Tierra; hizo realidad el abastecimiento local fresco para los consumidores, fortaleció la transición agroecológica de las huertas y puso en práctica el principio de cooperación entre cooperativas.

Una historia cooperativa de la tierra a la góndola

“Nos encontrábamos vendiendo en ferias y espacios de comercialización, conversábamos sobre las dificultades para habilitar productos, facturar o cumplir requisitos sanitarios. Como productores individuales era muy complejo. Cooperativizarnos nos permitió ordenar todo eso”, recuerda Enrique "Ruso" Hohl, referente de Madre Tierra y de la Federación Rural para la Producción y el Arraigo en suelo bonaerense. Madre Tierra obtuvo su matrícula cooperativa en 2019, fue el primer paso para ir por más.

La cooperativa nació con esa base de la trayectoria de doce familias productoras del periurbano de Olavarría, con un objeto social amplio: producir, transformar, elaborar, comercializar y distribuir alimentos. “Desde el principio pensamos en abarcar todas las fases de la cadena: la producción primaria, el acopio, el acondicionamiento, el agregado de valor y la llegada al consumidor”, explica Hohl. Esa mirada integral fue clave para poder pensar en dialogar luego con una cadena de supermercados como la Obrera.

En la actualidad, Madre Tierra reúne a 65 familias productoras, la mayoría produce hortalizas de estación, aunque también hay elaboración y tareas de gestión y comercialización distribuidas entre los socios. Las decisiones se toman en asamblea y en reuniones de consejo, donde se delinean desafíos productivos y comerciales.

El vínculo con la Cooperativa Obrera comenzó en 2024. El primer contacto fue en encuentros convocados por el Instituto Provincial de Asociativismo y Cooperativismo (IPAC), donde confluyeron pequeños productores, cooperativas y cadenas de supermercados. “Ahí nos encontramos con Enrique y empezamos a conversar sobre la posibilidad de abastecimiento”, recuerda Fernando Heredia, gerente de compras de la Cooperativa Obrera.

Foto: Cooperativa Madre Tierra

Lo que siguió fue casi un año de trabajo técnico y organizativo. “Tuvimos varias reuniones, visitas a las quintas, adaptación de los productos a cajones normalizados, incorporación de procesos de lavado e higienización antes de la entrega. Hubo que cumplir estándares que no son menores”, señala Hohl. La cooperativa, por ejemplo, incorporó cajas plásticas retornables —que reemplazan a los tradicionales cajones o jaulas de madera— para cumplir con normas internacionales de higiene y trazabilidad.

El 6 de julio del año pasado, Día Internacional de las Cooperativas, se concretó la primera entrega. Desde entonces, el volumen fue creciendo mes a mes, acompañado por la temporada productiva. Si en julio pasado llevaban a la góndola de la Cooperativa Obrera entre seis y diez variedades de hortalizas, ahora llegan desde las quintas cooperativas del periurbano local entre 20 a 25 variedades frescas de lechuga, tomate, morrón, rúcula, achicoria, radicheta, albahaca, berenjena y brócoli, entre otras.

En enero alcanzaron los 2.800 kilos mensuales, principalmente tomate y lechuga. Para la cooperativa, este canal representa alrededor del 50 por ciento de lo comercializado; para cada productor individual, en promedio, cerca del diez por ciento. “No es la única vía de comercialización que tenemos, seguimos con ferias, ventas minoristas, mayoristas y provisión al Estado, pero es la que más regularidad y crecimiento sostenido viene mostrando”, destaca Hohl.

"Desde la Cooperativa Obrera buscamos apoyar a los pequeños productores de cada zona. Lo que hacemos es reunirlos, si ya están cooperativizados mejor, y si no facilita que al menos tengan un referente. Buscamos convertirlos en proveedores locales, ayudamos a que tengan algún direccionamiento de la producción y que puedan cumplir con los requisitos del abastecimiento a nuestros supermercados. Próximamente queremos identificarlos en la góndola, mostrar dónde y quién produce ese alimento”, explica Heredia. Hasta el momento, la producción entregada por los productores locales se suma al abastecimiento tradicional del supermercado.

Agroecología, certificación y precio justo

La Federación Rural impulsa la agroecología como modelo productivo a nivel nacional. Lo hace desde la práctica y desde la teoría. Por eso puso en pie hace cuatro años una  Escuela Nacional de Agroecología, tiene presencia en cátedras universitarias sobre el tema para sus productores y editó libros para reunir las prácticas y saberes de los productores en biopreparados. La transición es lenta pero persistente. “A la hora de nuclear a los productores en todo el país, ya sean cooperativas o no, no preguntamos cómo producen, sabemos que  la mayoría son convencionales, el resto agroecológicos y algunos pocos orgánicos”, aclara Hohl.

"Una vez integrados, les proponemos transicionar hacia la agroecología y los acompañamos en todo lo que podemos. Disponemos de una  cartilla de biopreparados y abrimos fábricas para proveer de estos insumos a las quintas”, cuenta el sobre la transición puesta en marcha.

Foto: Cooperativa Madre Tierra

Samuel Callo vive y produce desde siempre junto a su familia —esposa e hijos— en el periurbano de Olavarría. Desde hace unos tres años lo hace en transición agroecológica. Elaboran sus propios abonos y priorizan insumos biológicos. “Al principio fue complicado encontrar mercado. Empecé vendiendo a domicilio y en ferias. A través de Madre Tierra llegué a la Obrera. De a poquito fuimos creciendo”, celebra.

Además de hortalizas, produce huevos y frutas, y recientemente abrió una verdulería con oferta agroecológica “a precio justo”. En su caso, alrededor del diez por ciento de su producción se canaliza por la cooperativa. “Yo hago los abonos, produzco lo que puedo y el resto lo lo compro a compañeros que también trabajan agroecológico. Somos parte de una red”, explica.

Juana Amador Llanos, productora con 15 años de trayectoria, también valora la estabilidad que aporta la cooperativa. “Entregamos entre 20 y 25 bultos por semana. Nos beneficia porque asegura ventas y continuidad”, afirma sobre el acuerdo con la Cooperativa Obrera. Desde le supermercado, Heredia reconoce que el interés por alimentos orgánicos o agroecológicos viene creciendo. “El consumidor está dispuesto, pero tiene que haber certificación y diferenciación en góndola. Hay un nicho que valora el origen y la calidad”, señala.

Consumo a gran escala desde una matriz cooperativa

La Cooperativa Obrera es una de las experiencias más relevantes del cooperativismo de consumo en la Argentina y, al mismo tiempo, una de las cadenas supermercadistas de mayor alcance territorial del país. Su trayectoria, que supera el siglo de vida, sintetiza la tradición solidaria de los pioneros del movimiento cooperativo con una estructura empresarial moderna, de gran escala y fuerte inserción comunitaria.

Fue fundada el 31 de octubre de 1920 en Bahía Blanca por un grupo de trabajadores y empleados que buscaban enfrentar el encarecimiento de los productos básicos mediante la compra colectiva y la eliminación de intermediarios especulativos. Inspirados en los principios del cooperativismo —adhesión voluntaria, control democrático, participación económica de los asociados y cooperación entre cooperativas— comenzaron con un pequeño almacén de ramos generales.

Con el paso de las décadas, la entidad fue ampliando su infraestructura, profesionalizando su gestión y expandiendo su red de sucursales. De aquel almacén inicial pasó a convertirse en una cadena con más de 70 supermercados distribuidos en Buenos Aires, La Pampa, Río Negro y Neuquén, entre otras. Su presencia es especialmente fuerte en ciudades intermedias y localidades, donde es un actor clave del comercio minorista.

Foto: Cooperativa Madre Tierra

Su base asociativa está compuesta por más de dos millones de consumidores y emplea a miles de trabajadores. Su estructura incluye depósitos regionales y sistemas de distribución que permiten abastecer de manera eficiente a toda su red comercial.

El año pasado reactivó una vieja marca del cooperativismo de consumo en la Ciudad de Buenos Aires. Junto a El Hogar Obrero, otra entidad histórica del sector, reabrieron dos Supercoop, en San Telmo y en Caballito, y está previsto que este año inauguren dos sucursales más, en Balvanera y en Saavedra.

Escalar la agricultura familiar y fortalecer el arraigo

“Esto es escalable. Ya estamos creciendo en volumen y facturación. Estamos trabajando para abastecer en la ciudad de Azul y pensamos en centros de acopio en Mar del Plata y Bahía Blanca para llegar a más sucursales”, proyecta Hohl sobre lo que podría significar para las familias productoras asociadas a la Federación Rural. La planificación conjunta es clave: definir con anticipación variedades y kilos a cosechar da previsibilidad tanto a productores como a la cadena comercial.

“Si nos sentamos a planificar la próxima temporada, podemos aumentar variedad y volumen. La idea es que nos abastezcan mucho más de lo que hoy lo hacen”, confía Heredia. Además, destaca que cuanto más cerca está la producción de la boca de expendio, más fresco llega el producto y mayor es el impacto en el empleo local. Por eso, en su último encuentro nacional, la Federación Rural resolvió avanzar con la puesta a punto de otras unidades productivas que puedan abastecer a la Obrera en distintos puntos del país.

El panorama es alentador a pesar de que se inscribe en un contexto nacional complejo. La  retracción del consumo masivo y el fuerte aumento del rubro alimentos y bebidas en los últimos meses tensionan tanto a productores como a consumidores. A esto se suma el desmantelamiento de políticas públicas orientadas a la agricultura familiar y al cooperativismo, que en años previos habían brindado financiamiento, asistencia técnica y apoyo a la comercialización.

En ese escenario, las cadenas cortas intercooperativas aparecen como una estrategia eficiente y sostenible. Reducen intermediaciones, sostienen precios más justos y fortalecen el arraigo. “La alimentación no puede quedar librada al mercado”, sentencia Hohl. La frase sintetiza una visión compartida por las familias productoras: producir alimentos sanos, con criterios agroecológicos, y garantizar que lleguen a la mesa a precios razonables.

En el plano internacional, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó recientemente una resolución que propone celebrar un Año Internacional de las Cooperativas cada década, reconociendo su aporte al desarrollo sostenible. Sin embargo, los gobiernos de Argentina, Estados Unidos e Israel votaron en contra de ese reconocimiento periódico.

La paradoja es evidente: mientras a nivel global se reconoce el papel de las cooperativas para enfrentar desigualdades y crisis alimentarias, en el plano local se debilitan herramientas públicas para el sector. Frente a ello, experiencias como la de Madre Tierra y la Cooperativa Obrera muestran que la cooperación no es una abstracción doctrinaria, sino una práctica concreta que articula producción y consumo, escala y territorio.

En Olavarría, cada cajón con productos que pasa de la quinta a la góndola sin intermediarios innecesarios es también la expresión fehaciente de un modelo que apuesta por el trabajo asociado, la agroecología y la comunidad como base para construir soberanía alimentaria desde abajo.

- Edición: Nahuel Lag.

Fuente: Agencia Tierra Viva

Temas: Agroecología, Soberanía alimentaria

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