Declaración de solidaridad de La Vía Campesina con los pueblos de Palestina, Irán y Líbano

Idioma Español

La Vía Campesina condena enérgicamente la guerra cada vez más amplia impuesta a nuestros pueblos, desde el genocidio en curso en Palestina hasta la reciente agresión contra Irán y el continuo asalto al Líbano.

No consideramos que se trate de crisis aisladas. Forman parte de una arquitectura más amplia de dominación colonial, militarización y control imperial que busca reordenar la región mediante el fuego, el asedio, el desplazamiento y la destrucción deliberada de las condiciones materiales de vida.

En Palestina, esta violencia ha alcanzado su forma más clara y brutal. Gaza no solo está siendo atacada; está siendo estrangulada sistemáticamente. Los sistemas de agua, el suministro energético, el acceso a los alimentos, las tierras de cultivo y la infraestructura básica para la supervivencia colectiva han sido todos ellos blanco de ataques. Las consecuencias humanitarias son catastróficas: los daños en la línea eléctrica de desalinización del sur han reducido el acceso al agua potable para más de 500.000 personas, mientras que las previsiones de desnutrición aguda siguen siendo profundamente alarmantes, especialmente para la niñez y las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia. Se trata del uso organizado del hambre, la privación y la destrucción como instrumentos de dominación.

En Cisjordania, esa misma estructura de violencia adopta otra forma: el terror de los colonos, la apropiación de tierras, los ataques contra las comunidades rurales y la fragmentación de la vida campesina. Lo que se está destruyendo no es solo la presencia palestina en la tierra, sino la posibilidad misma de permanecer, cultivar, pastorear y reproducir la vida con dignidad. Palestina no es, por lo tanto, una cuestión marginal de solidaridad para La Vía Campesina. Es una de las expresiones más concentradas en el mundo actual de la guerra contra los pueblos, la tierra y la soberanía alimentaria.

El Líbano también constituye un ejemplo devastador de lo que supone en la práctica esta guerra en expansión. En uno de los ataques más mortíferos de la actual escalada, los bombardeos israelíes contra más de 100 objetivos en Beirut, el valle de la Bekaa y el sur del Líbano causaron la muerte a cientos de civiles e hirieron a más de mil en cuestión de horas, según la prensa internacional. No se trataba de «operaciones de seguridad» abstractas. Fueron ataques masivos con consecuencias devastadoras para la población civil, los barrios urbanos, las infraestructuras sanitarias y las comunidades ya desplazadas. El Líbano demuestra, una vez más, que esta guerra no se detiene en las fronteras ni en las líneas de combate: arrasa hogares, hospitales, carreteras, el acceso a los alimentos y la propia vida social.

La agresión contra Irán debe entenderse dentro de este mismo contexto. No se trata de un enfrentamiento aislado entre Estados. Amplía el conflicto a uno de los principales puntos estratégicos mundiales para la energía y el transporte marítimo, y convierte las rutas marítimas, el combustible, los fertilizantes y las cadenas de suministro en armas de presión e inestabilidad.

La UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) ha advertido de que la interrupción del tráfico a través del estrecho de Ormuz amenaza los envíos de petróleo, gas y fertilizantes, así como a las economías vulnerables que dependen de las importaciones, mientras que las instituciones mundiales han alertado de efectos más amplios sobre la inflación, el acceso a los alimentos, la presión de la deuda y el empleo. En la región Árabe del Norte Africano, donde muchos países siguen dependiendo en gran medida de las importaciones de cereales, aceites, piensos e insumos agrícolas, esto significa que la guerra se convierte rápidamente en una amenaza directa para el pan, la producción y la supervivencia social.

Lo que este momento revela, una vez más, es que la dependencia alimentaria no es una debilidad técnica. Es una condición política impuesta a lo largo de décadas de reestructuración neoliberal, falta de inversión en la agricultura local, militarización, endeudamiento y subordinación a los mercados mundiales. Los primeros en pagar el precio son el campesinado, lxs trabajadorxs agrícolas, lxs pastorxs, las mujeres rurales, la niñez y las familias pobres. El aumento de los precios del combustible implica mayores costes de riego y transporte. La interrupción del transporte marítimo significa una escasez de fertilizantes, piensos y productos básicos. La inflación alimentaria significa hambre, endeudamiento, desintegración social y una mayor represión.

La Vía Campesina rechaza cualquier intento de separar Palestina, el Líbano, la guerra contra Irán y la crisis alimentaria y energética. No se trata de cuestiones independientes. Son expresiones del mismo sistema: un sistema que arma la ocupación, normaliza el castigo colectivo, se lucra con la guerra y mantiene a pueblos enteros dependientes de las importaciones, los mercados y el chantaje geopolítico.

Por lo tanto, afirmamos claramente:

  • Rechazamos el genocidio, el hambre, el asedio y el desplazamiento en Palestina.
  • Rechazamos el asalto continuado al Líbano y el asesinato masivo de civiles.
  • Rechazamos la agresión contra Irán y la extensión de la guerra por toda la región. Rechazamos que se utilicen como armas los alimentos, el agua, la energía y las rutas estratégicas.
  • Rechazamos un orden internacional que considere prescindibles la vida del campesinado, la supervivencia de la población civil y la soberanía de los pueblos.

Hacemos un llamado a los movimientos campesinos, los sindicatos, los movimientos sociales y todas las fuerzas comprometidas con la justicia para que intensifiquen la solidaridad política y material con Palestina y el Líbano, se opongan a la expansión de la guerra y se enfrenten a las estructuras del colonialismo, el imperialismo, el militarismo y la extracción capitalista que hacen posible esta devastación.

La Soberanía Alimentaria es un proyecto político liberador. No puede defenderse sin enfrentarse a la ocupación. No puede avanzar sin resistir la guerra, la dependencia y la militarización. No puede sobrevivir donde los pueblos pasan hambre, son desplazados, bombardeados y se les niega el control sobre la tierra, el agua, las semillas, la energía y el futuro. 

No es momento para tener un lenguaje neutro. No es momento para declaraciones insulsas. Es el momento de posicionarnos claramente del lado de los pueblos contra la guerra, del lado del campesinado contra el hambre y del lado de la liberación contra la dominación.

¡Sí a la soberanía de los pueblos sobre la tierra, el agua, los alimentos y el futuro!

¡Basta de guerra contra los pueblos, basta de hambre!

¡No a la instrumentalización de los alimentos, la energía y la vida!

¡Globalicemos la lucha, globalicemos la esperanza!

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Fuente: La Vía Campesina

Temas: Geopolítica y militarismo

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Fuente de la imagen: Prensa Latina.

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