Descubren en Guatemala una compleja fórmula matemática de origen maya

Idioma Español
País Guatemala

Textos matemáticos hallados entre la densa vegetación en el sitio de Xultún identifican a un astrónomo llamado Sak Tahn Waax.

La civilización maya sigue sorprendiendo, su fascinante legado aún nutre la cultura Mesoamericana y los cimientos del pensamiento humano. Entre la densa vegetación del sitio de Xultún, en Guatemala, un grupo de arqueólogos encontró una fórmula matemática inscrita en una pared desgastada que revela, por primera vez el nombre de un importante matemático y astrónomo maya. Los investigadores sugieren que Sak Tahn Waax, o ‘Zorro de Pecho Blanco’, fue un erudito comparable a los grandes matemáticos del pasado.

Heather Hurst, arqueóloga del Skidmore College en Saratoga Springs, Nueva York, y sus colegas analizaron un texto matemático de una cámara en Xultun que fue excavada originalmente en 2011.

Las paredes de la cámara están pintadas con figuras humanas y jeroglíficos. Constituyen un sistema de escritura donde las palabras se representan mediante símbolos, figuras o dibujos en lugar de signos alfabéticos. La cultura maya ha sido una de las más destacadas de Mesoamérica, fundamental para la historia humana. Revolucionó el continente con su sistema de escritura, el uso temprano del cero, calendarios de alta precisión, monumentales ciudades y una profunda conexión entre sus avances y su cosmovisión religiosa y agrícola.

Fórmula matemática en jeroglífico maya

Los autores analizaron un conjunto de jeroglíficos en particular, conocido como Texto 19. Hurst afirma que este conjunto de cálculos matemáticos expresa las relaciones entre varios sistemas calendáricos de una manera ingeniosa, nunca antes vista en los textos mayas. “Creo que fue una demostración de habilidad matemática. Alguien dijo: ‘Tengo este patrón asombroso, y es tan bueno que hay que anotarlo’. Fue como un «¡Boom! ¡Impresionante!’”, comenta Hurst.

Al principio, se pensó que eran simples anotaciones astronómicas o cuentas de los famosos calendarios mayas. Sin embargo, un análisis matemático profundo publicado en la revista Nature reveló algo que dejó a los investigadores impactados. La cultura maya había plasmado en esa pared una fórmula matemática de proporciones armónicas que rivaliza directamente con las de los «antiguos maestros» europeos desarrollaron siglos después durante el Renacimiento.

Eric Heller, arqueólogo de la Universidad del Sur de California en Dornsife, señala que “este  descubrimiento demuestra que los mayas eran personas muy inteligentes, creativas e intelectualmente curiosas que enseñaban, aprendían y, a veces, hacían matemáticas por el mero placer de hacerlo”. Para la comunidad científica, este hallazgo rompe siglos de anonimato. Mientras que Occidente admira a figuras como Pitágoras, Newton o Galileo, la identidad de los grandes pensadores mesoamericanos había permanecido oculta bajo el velo del tiempo.

Sin embargo, el análisis de los glifos asociados a la compleja matriz geométrica del muro apunta a que este «Zorro» de la selva del Xultún-Petén no era un simple artesano, sino un erudito de primer orden. Un astrónomo y matemático de un calibre tan extraordinario que los investigadores no dudan en compararlo con las mentes más brillantes del pasado universal.

El ‘Zorro’, un genio oculto en el tiempo

Sak Tahn Waax no solo calculaba el movimiento de los astros con precisión milimétrica, sino que transformó las paredes de su taller en el lienzo de una ciencia avanzada que hoy, mil años después, vuelve a pronunciar su nombre y a reconocer su valía, cita el artículo.

El texto 19 es un pequeño grupo en forma de L compuesto por once jeroglíficos con una altura total de unos 10 centímetros. Hurst y sus colegas descubrieron que los primeros nueve jeroglíficos del conjunto codifican el calendario maya y los ciclos astronómicos.

La fórmula muestra cómo un ciclo de 2920 días podía dividirse en las unidades calendáricas utilizadas por el pueblo maya. Este ciclo de 2920 días era importante porque vinculaba ciclos astronómicos clave, correspondientes a cinco ciclos de Venus (584 días cada uno) y ocho años solares (365 días cada uno). Ahora bien, los cálculos del Texto 19 también relacionan los 2920 días con Uinal (meses de 20 días). Con  Tzolkin ( el calendario sagrado de 260 días), Tun (un año de 360 ​​días) y con años marcianos de 780 días.

“Son matemáticas muy complejas”, dice Hurst en relacion con el hallazgo maya. Los jeroglíficos también muestran solo fechas parciales, lo que dificulta su descifrado. “Utilizan una notación abreviada, por lo que te dan la primera mitad de la notación y la segunda se deduce”.

En la Europa de Leonardo da Vinci, Durero o los arquitectos de las catedrales góticas, el arte y la arquitectura se regían por la geometría sagrada. Usaban compases y reglas para dividir el espacio de forma perfecta, buscando que el ojo humano percibiera una armonía absoluta. Se creía que este nivel de abstracción matemática aplicado al diseño visual era un logro cumbre del eje greco-romano y europeo.

Geometría del movimiento

Pero los mayas de Xultún tenían sus propios aviones. Lo que se halló en la pared no era un dibujo decorativo improvisado, sino una matriz de diseño. Más sorpresas y sus detalles:

  • El «lienzo» matemático. Usando su sistema numérico vigesimal (de base 20) y el concepto del cero, el maestro pintor maya trazó una retícula invisible basada en proporciones geométricas modulares.
  • Sincronización perfecta. Los científicos descubrieron que las distancias entre los personajes del mural, la altura de las figuras y la disposición de los textos jeroglíficos siguieron una progresión matemática exacta.
  • Cómputo del espacio. Al igual que un pintor renacentista utilizaba la perspectiva y los rectángulos armónicos para guiar la mirada, el artista maya utilizó ecuaciones espaciales para que la pintura interactuara con la luz y la arquitectura del cuarto.

El gran impacto para los matemáticos es que el método maya para estructurar el espacio visual es increíblemente cómodo y dinámico. Mientras que en Occidente se dependía mucho de las formas estáticas heredadas de Euclides, la fórmula de la pared de Xultún maneja una geometría del movimiento.

Los números anotados al lado del mural (que resultaron ser múltiples de ciclos astronómicos de la Luna, Venus y Marte) funcionaban también como los «factores de escala» de la pintura. Es decir, el pintor entrelazó el tiempo del cosmos con el espacio físico de la pared. Diseñó el mural utilizando las mismas matemáticas con las que calculaba los eclipses.

El verdadero hallazgo. Para los mayas, el arte, la ciencia y la religión eran una sola cosa. No pintaban «a ojo». El mural de Xultún demuestra que los artistas de las tierras bajas requerían un entrenamiento matemático de altísimo nivel. Equivalente al de un ingeniero o astrónomo actual, para poder ejercer su oficio.

El legado en el estuco

Este descubrimiento reseñado en la revista Nature cambia las reglas del juego. Nos obliga a mirar el pasado precolombino no como un mundo de mitos salvajes, sino como un foco de pensamiento científico avanzado. Aquella humilde pared en Xultún funcionó como el pizarrón de un genio.

Un espacio de borrador donde un maestro maya inmortalizó una fórmula matemática de simetría y belleza que la selva protegió durante más de mil años, esperando pacientemente a ser descifrada.

Fuente: Cambio16

Temas: Pueblos indígenas, Saberes tradicionales

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