El largo camino individual (mas no individualista) hasta el IALA
Rómulo Alvarado no solo ve señales de un vigoroso remozamiento en el más chavista de los institutos (el de Agroecología que honra a Paulo Freire) sino que trabaja arduamente en ello.
Publicamos semblanzas de personas de diversa procedencia, oficios, intereses, edades. Se nos da relativamente fácil la exploración de las motivaciones primeras de la gente en los inicios de su trayectoria y de su vida. Hasta que nos tropezamos con gente que le planteó certero y genuino combate al individualismo, y entonces el relato personal se enfoca hacia la evocación de procesos formativos, hacia la reflexión más allá del anecdotario. Rómulo Alvarado, subdirector académico del Instituto Agroecológico Latinoamericano “Paulo Freire” (IALA) es nombre y autoridad en agroecología, una disciplina (¿o ciencia?) que quiere levantar el vuelo mientras la trituradora llamada hegemonía se lo impide mediante diversos tipos de bombardeo.
Indagar sobre el origen de su interés por las agriculturas y por la agroecología, por su trayectoria previa a la llegada al IALA, se torna algo laborioso. De entrada no logra aterrizar en la trayectoria puramente personal; prefiere hablar de un momento histórico y de una fase de su formación que lo marcaron a fuego. Cuba, el período especial, la reforma curricular cubana, en ese momento en tránsito hacia la producción agroecológica. Después el regreso a Venezuela, cargado de experiencias y de relaciones; su participación en las muchas y sustanciosas discusiones que llevaron a refrendar la Ley de Semillas, y así hasta el momento en que es convocado en 2012 a formar parte de la experiencia crucial del IALA. Le gusta hablar de procesos y no de resortes personales.
En una pausa de su disertación lo animamos a volver atrás: nos referíamos a su origen, el amor y el asombro primigenio y primordial por la agricultura, que evidentemente no nació en Cuba. El registro cambió de: “Bueno, en el 1992 yo recibí una beca por el gobierno cubano, y me fui a Cuba a estudiar agronomía” a uno más íntimo y cercano:
Eso del origen de cada quien nosotros lo trabajamos aquí (en el IALA) cuando estimulamos la autobiografía. Nosotros vivíamos con mis abuelos, y mi abuela tenía un tío, mi tío Guillermo Montezuma. Él fritaba chicharrón y hacía alpargatas. En el patio de la casa, que era muy grande, él tenía un conuco y tenía animales. Yo prácticamente me la pasaba ahí, con él, todo el día. Cuando salía de la escuela me iba para allá, a compartir con él, él me hablaba de su historia, de sus cuentos, y de verdad que me marcó definitivamente. Cuando yo empecé a decidir qué es lo que me gustaba estudiar pensaba en veterinaria y en agronomía. De hecho, mi familia me lo decía, porque me gustaban los insectos, me gustaban los animales. Yo quería irme más hacia la biología, la ecología; ya para finales de los 80 y principios de los 90 estaba la discusión del cambio climático, había movimientos ecológicos y ya había una discusión mundial sobre eso. Y eso me marcó también, pues me influyó muchísimo. Entonces, yo quería estudiar esa carrera.
De pronto aparece nuevamente Cuba en su resumen vital:
Pero cuando llego a Cuba consigo lo que me gustaba, porque empezaron a hablar de otra cosa. No hablaban de agronomía sino de agroecología, y empecé a entender el concepto, empecé a entender para dónde iba ese planteamiento. Y yo dije, bueno, aquí es, conseguí lo que quería.
Recuerda de aquellos tiempos su encuentro con Miguel Altieri, referente de la agroecología chilena y latinoamericana; luego los primeros intercambios con Miguel Ángel Núñez, cuyo discurso estaba conectado con lo que había absorbido en Cuba; su trabajo con los caficultores en Calderas. Y otros encuentros fundamentales, con Nélida Fernández y Carlos Centeno. “Nélida Fernández fue mi maestra en educación popular, y Carlos Centeno fue mi maestro en en organización popular”.
Una ciencia que junta varias ciencias
Como todo lo que tiene origen campesino o reminiscencias campesinas, la agroecología suele estar en el centro de una discusión que siempre se vuelve engorrosa: están los académicos puristas que consideran que “eso” no es una ciencia, y quienes piensan que esa disciplina se da el lujo de incorporar varias ciencias en un solo sistema dinámico. Rómulo Alvarado percibe, concibe y ejerce la defensa de la agroecología de esta manera:
Esa discusión se está dando todavía, y especialmente aquí en el instituto. Algunos la ven como si fuera un desarrollo de una técnica específica, y la relegan con un planteamiento que establece que eso es una práctica para espacios pequeños, la matica que se pone en una ventana, ¿no? Nosotros hemos demostrado que la agroecología como proceso político y económico, como enfoque ambiental y tecnológico, y metodológico, puede plantearse en grandes extensiones y podemos abarcar mucho más de lo que se cree en este momento. El planteamiento científico de la agroecología tiene sustento en un método de investigación que es la investigación acción, en un enfoque que es la educación popular, y la sistematización de la experiencia. Lo genuinamente agroecológico está involucrado con un proceso social, tiene que ver con la organización popular, con la autogestión económica; tiene que manejarse con principios ambientalistas, y se tiene que hacer uso de tecnologías socialmente apropiadas.
Sobre la tensa relación entre la agroecología y la agronomía, que pareciera considerar hermanas antagónicas, dice para resumir que “El agrónomo ve todo desde el monocultivo, y lo que no se parece al monocultivo le genera genera crisis y le genera contradicción. La agronomía trabaja con recetas, nosotros trabajamos con principios metodológicos, desde el policultivo. El enfoque de la agroecología es la planificación en sí, y, por supuesto, el desarrollo de diferentes técnicas. En la agronomía es el uso de productos en función de cómo producir, no tienen más nada que discutir, mientras que nosotros adaptamos el proceso productivo según el territorio, según la visión cultural de cada territorio”.
Para dónde va el IALA
El IALA, institución que ha sido o pretendió ser emblema y ariete de la visión limpia y ancestral de la agricultura y de todas las relaciones políticas y sociales que involucra, cumple 20 años en octubre de 2026. Su actual director general es Pedro Castillo. Un breve recorrido en sus instalaciones deja constancia de una renovada vitalidad: un grupo de jóvenes se ocupa de los canteros productivos, de la cría de animales, de levantar promontorios de bokashi. Un tanque de cachamas construido mediante una técnica insólita por Walterio Lanz y un grupo de muchachos de la primera cohorte (insólito: contiene 50 mil litros de agua dentro de su muro circular de 4 centímetros de grosor) se mantiene activo y alberga un buen número de alevines. Los estudiantes, todos de origen campesino y de varios estados, responden a cada duda y a cada pregunta sobre los cultivos con humildad y sabia firmeza.
El instituto estuvo hace poco a punto de un cierre técnico, y antes ha vivido crisis y reorganizaciones que han dejado sabores amargos, confrontaciones y divisiones. El profesor Rómulo abunda en detalles sobre lo que considera que fueron desmanes, errores, injusticias y despropósitos graves. De contar con una una nutrida participación y convivencia de estudiantes de varios estados de Venezuela y de cinco países hace quince años, llegó a experimentar hace poco un período crítico en el que resistían apenas once estudiantes.
Una institución que exhibía con orgullo el mandato directo de Hugo Chávez (la sede del IALA queda a pocos minutos de Sabaneta, cuna del comandante) y la acción ejemplarizante y solidaria del Movimiento de trabajadores rurales Sin Tierra (MST) ha vuelto a invocar el espíritu y la acción directa de los primeros tiempos. Alvarado siente y cree que el IALA tiene que ser el epicentro del movimiento agroecológico venezolano y latinoamericano, y asegura que están trabajando en ello.
Desde el año 2024 para acá estamos trabajando en la reestructuración de todo, incluso lo político, ideológico, operativo, académico. No se nos ha hecho tan difícil, porque hemos recibido el apoyo y la reincorporación del MST en el instituto, que eso también va agilizando todas las cosas. Esto ha coincidido con la Consulta Nacional de la Calidad Académica, y un punto de esa consulta es la reforma curricular. Entonces en estos días nos toca trabajar, ya formamos los comités para las reformas curriculares en el instituto, que es el ente rector del Programa de Formación en Agroecología a nivel nacional. En 2014 aprobaron una carrera aquí que se llama licenciatura en Seguridad Alimentaria y Cultura Nutricional. Y el año pasado nos aprobaron Medicina Veterinaria. Ahora la matrícula es de 222 estudiantes. El análisis que estamos haciendo es engranar esas carreras.
Refiere otros hitos esperanzadores: en junio de 2024 el Ministerio de Educación Universitaria aprobó un reglamento para la certificación y acreditación de saberes y experiencias. Van evolucionando desde las comunidades de aprendizaje hacia las escuelas comunales agroecológicas, escuelas comunales gastronómicas y otras.
Fuente: La Inventadora
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