Gaza: la violencia y las muertes en los puntos de distribución de alimentos dejan consecuencias duraderas en los supervivientes, un año después
En un contexto de planes aún en evolución para la Franja de Gaza, recordamos a Israel y a Estados Unidos que la militarización de la ayuda humanitaria nunca debe repetirse.
Hace un año, la denominada Fundación Humanitaria de Gaza (GHF, por sus siglas en inglés) comenzó a operar puntos de distribución de alimentos militarizados en toda la Franja de Gaza, en sustitución del sistema de distribución de ayuda coordinado por la ONU. Gestionada por Israel y con el apoyo financiero de Estados Unidos y otros aliados, la GHF cerró en un plazo de seis meses tras una violencia asociada que causó miles de muertos y heridos.
Médicos Sin Fronteras (MSF) continuamos atendiendo a decenas de personas afectadas por esta violencia, muchas de ellas con traumas profundos y lesiones de por vida. Mientras se perfilan nuevos planes para la Franja de Gaza, recordamos a Israel y a Estados Unidos que la militarización de la ayuda humanitaria conlleva graves riesgos de violencia y daños, y nunca debe repetirse.
“Mi amigo fue ejecutado delante de mis ojos. Todavía me persigue”, explica Karim, un hombre que antes era barbero y que sufrió lesiones que le cambiaron la vida y dañaron permanentemente un nervio de su pierna. “Ambos fuimos capturados y esposados (por soldados israelíes) con las manos a la espalda. Hicieron volar un dron sobre mí y ordenaron a cuatro hombres que se me llevaran”.
Otro paciente, Muhammad, recibió nueve disparos. Espera volver a caminar, pero padece dolor crónico y necesita fisioterapia. “Nunca había suficiente comida para todos. Había aplastamientos porque las estrechas puertas de hierro no daban abasto. Vi muchos cadáveres, incluidas mujeres. A una le dispararon en el pecho y a otra en la espalda. Disparaban desde distintos puntos. El soldado israelí que me disparó estaba apostado en una colina”, dice. “Mientras estaba tirado en el suelo, levanté la mano pidiendo que pararan, que ya era suficiente. Pero disparó a mis manos solo por diversión”.
Personas palestinas en el punto de distribución de la GHF en Netzarim, poniendo en riesgo sus vidas para recibir algo de comida. Julio de 2025. © MSF
Mustafa, taxista de Rafah, desarrolló una infección en el talón que provocó necrosis después de que una bala le fracturara dos huesos. “La GHF fue profundamente humillante; miles de personas corrían hacia el lugar y luego el Ejército israelí nos disparaba desde posiciones fijas. Dos tercios de las personas heridas en Gaza que conozco resultaron heridas en la GHF”, afirma Mustafa, cuyo sobrino de 17 años murió tras recibir un disparo en la cabeza por parte de un francotirador.
Estos testimonios son solo algunos ejemplos de muchas personas que se han visto obligadas a vivir con fijadores externos o que aún hoy requieren un seguimiento médico estrecho y constante.
“A pesar de su carácter temporal, este devastador modelo de ayuda tuvo consecuencias sociales de gran alcance, al empujar a las personas al miedo extremo, la escasez y la competencia, generando traumas y alterando las dinámicas comunitarias”, señaló Nicholas Papachrysostomou, nuestro coordinador de emergencias para Gaza.
“La GHF fue profundamente humillante; miles de personas corrían hacia el lugar y luego el Ejército israelí nos disparaba desde posiciones fijas. Dos tercios de las personas heridas en Gaza que conozco resultaron heridas en la GHF”, afirma Mustafa, cuyo sobrino de 17 años murió tras recibir un disparo en la cabeza por parte de un francotirador.
Retrato de Neama Awad. Resultó herida en 2025 durante una distribución de alimentos organizada por la GHF. “Salí a buscar un pan. Fui caminando porque ni siquiera tenía un shekel para el transporte. Quería llevar comida a mis hijos. No había comida, nada. Nos quedamos en piel y huesos. Fui a la distribución de ayuda porque en casa no recibíamos ningún apoyo: ni harina, ni alimentos, ni ayuda que nos llegara, ni siquiera un pan.” © Nour Alsaqqa/MSF
La GHF también desempeñó un papel clave en la crisis de desnutrición provocada por Israel. La drástica reducción de los puntos de distribución de alimentos y ayuda —junto con el asedio total, la intensificación de la violencia, los desplazamientos masivos y la destrucción de las instalaciones sanitarias— contribuyó directamente a la hambruna declarada a mediados de 2025 , con consecuencias devastadoras para los grupos vulnerables, como las mujeres embarazadas, los recién nacidos y niños.
“Nada en la GHF puede considerarse una solución humanitaria. Un año después, la magnitud del daño infligido en los puntos de distribución de la GHF, sin ningún tipo de rendición de cuentas, exige una investigación independiente. El fallo de la Corte Internacional de Justicia del 22 de octubre de 2025 refuerza la obligación de Israel de garantizar un acceso humanitario sin obstáculos y condena los modelos de ayuda —incluida la GHF— que no logran aliviar el sufrimiento”, declara Joan Tubau.
MSF instamos a Israel, a Estados Unidos y a todos los actores con capacidad de influencia a garantizar que la ayuda no esté militarizada, sea accesible y basada en los principios de independencia, imparcialidad, neutralidad y humanidad. La asistencia humanitaria debe poder llegar de forma segura a toda la población civil, en función de la vulnerabilidad y las necesidades, allí donde decidan vivir y a la escala necesaria.
* Se han cambiado los nombres de los pacientes para proteger su identidad.
Fuente: Médicos Sin Frontera
Notas relacionadas:
Gaza: la violencia y las muertes en los puntos de distribución de alimentos dejan consecuencias duraderas en los supervivientes, un año después
Guatemala: de la búsqueda de la justicia a la dirigencia social
La Flotilla presenta testimonios de tortura ante la CPI mientras diez activistas siguen detenidos en Libia