Golpes de Estado made in USA, la doctrina del caos

Idioma Español
El presidente estadunidense, Donald Trump (centro), acompañado de los secretarios de Estado, Marco Rubio (izq.) y de Guerra, Pete Hegseth, durante la conferencia de prensa en la que anunció la operación militar contra Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro. Foto Ap

"

El sábado pasado, fuerzas militares de Estados Unidos, en flagrante violación a los tratados internacionales y a la Carta de la ONU, realizaron un ataque armado en Venezuela para secuestrar a su presidente, Nicolás Maduro, y establecer un nuevo gobierno con la intención primordial de hacerse del petróleo venezolano.  La legitimidad de Maduro es cuestionada tras unas elecciones carentes de transparencia y acusaciones de violaciones a derechos humanos en Venezuela, asunto cuya resolución compete exclusivamente al pueblo venezolano y no a intereses intervencionistas de ninguna otra nación".

“Cada vez que Estados Unidos ‘salva’ a un pueblo, lo deja convertido en un manicomio o en un cementerio.” 

Frase, la anterior, de Eduardo Galeano, que retrata los infiernos de pueblos cuya riqueza en recursos naturales o posiciones geográficas estratégicas los convierten en el blanco de la voracidad estadunidense con la que depreda de manera indiscriminada –bajo la falacia de llevar ayuda humanitaria o aplicar justicia– al tiempo que saquea sin miramientos territorios y destruye poblaciones.

En 1913, la intervención de Estados Unidos en México fue clave para asesinar al presidente Francisco I. Madero, a Victoriano Huerta acordar con el presidente estadunidense Woodrow Wilson a través del embajador Henry Lane Wilson, derrocar al primer gobierno democrático de México y con ello intentar asegurar los intereses económicos estadunidenses, entre ellos el petróleo. 

En 1951, el izquierdista Jacobo Árbenz fue elegido presidente de Guatemala en las primeras elecciones con sufragio universal en la historia del país. Árbenz encabezó una reforma agraria que afectó a la United Fruit Company, poderosa corporación estadunidense propietaria de aproximadamente 40 por ciento de las tierras de Guatemala que dominó la economía y política del país al controlar, además, ferrocarriles, puertos y comunicaciones. 

En plena guerra fría, Estados Unidos acusó a Árbenz de ser cercano a la Unión Soviética, lanzó la operación PBSuccess para gestar un golpe de Estado y restableció los intereses políticos y económicos estadunidenses. Una junta militar a favor de Washington, dirigida por el militar Carlos Castillo Armas, tomó el poder, lo que ocasionó una guerra civil que duró casi 40 años. 

En República Dominicana, Juan Bosch, socialdemócrata de izquierda, ganó las elecciones de 1962 tras el asesinato del dictador Rafael Leónidas Trujillo –quien alcanzó el poder gracias al apoyo de Estados Unidos y lo perdió debido al quebranto de la simpatía del mismo imperio– y del golpe de Estado contra Joaquín Balaguer, sucesor de Leónidas. 

Juan Bosch fue derrocado siete meses después de haber rendido protesta en un golpe de Estado militar que ocasionó una guerra civil entre fuerzas militares y constitucionalistas a favor de Bosch. Ante la posibilidad del retorno de Bosch al poder, Estados Unidos gestó la operación Power Pack y con ella la incursión de miles de soldados estadunidenses para retomar el control. La ocupación estadunidense duró 17 meses, para concluir con la llegada al poder de un gobierno afín a la Casa Blanca. 

La creación de Panamá se da a través del intervencionismo estadunidense cuando en 1903 envió buques de guerra para apoyar a grupos separatistas que luchaban por no ser parte de Colombia, lo que derivó en que Estados Unidos se hiciera del control del Canal de Panamá al momento de su independencia; 90 años después, la Casa Blanca intervino nuevamente cuando derrocó a su antiguo colaborador Manuel Noriega, a quien acusó de narcotraficante en una muestra más del doble juego que Estados Unidos hace para defender sus intereses. 

Documentos desclasificados de inteligencia estadunidense comprueban la participación norteamericana en el golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile. En 1973, una junta militar dirigida por Augusto Pinochet con el apoyo de Estados Unidos asesinó al presidente democráticamente elegido, lo que inició una dictadura que desapareció y torturó a disidentes, convirtiendo a Chile en un cementerio bajo el amparo de la política intervencionista estadunidense. 

En 1964, el presidente brasileño de izquierda João Goulart fue derrocado en un golpe de Estado respaldado por Estados Unidos, quien instaló un gobierno militar que se mantuvo en el poder hasta la década de los 80. 

El sábado pasado, fuerzas militares de Estados Unidos, en flagrante violación a los tratados internacionales y a la Carta de la ONU, realizaron un ataque armado en Venezuela para secuestrar a su presidente, Nicolás Maduro, y establecer un nuevo gobierno con la intención primordial de hacerse del petróleo venezolano. 

La legitimidad de Maduro es cuestionada tras unas elecciones carentes de transparencia y acusaciones de violaciones a derechos humanos en Venezuela, asunto cuya resolución compete exclusivamente al pueblo venezolano y no a intereses intervencionistas de ninguna otra nación. 

El mensaje de Trump es claro, enviar a Venezuela soldados y empresas petroleras estadunidenses. Mantener a un gobierno chavista bajo la batuta de Delcy Rodríguez –después de cepillar las intenciones de la disidencia venezolana y con ella a María Corina Machado–, en un acuerdo que a todas luces parece una pelea arreglada que ni Don King hubiese podido operar.

Fuente: La Jornada

Temas: Criminalización de la protesta social / Derechos humanos, Geopolítica y militarismo

Notas relacionadas:

México critica la tardanza del Consejo de Seguridad de la ONU en abordar el ataque militar a Venezuela

México critica la tardanza del Consejo de Seguridad de la ONU en abordar el ataque militar a Venezuela

O presidente dos Estados Unidos, Donald Trump | Crédito: Brendan Smialowski/ AFP FacebookWhatsAppEmailXCompartir

Ataque de Trump à Venezuela mostra nova versão da ‘guerra ao terror’, aponta analista político

Comentarios