Guerra, glifosato y agricultura corporativa
Israel intenta exterminar las bases alimentarias de la población libanesa, para obligarlos a ser desplazados o morir. Para ello fumiga sus cultivos con glifosato, un agrotóxico declarado cancerígeno por la OMS y el más usado en cultivos transgénicos y otros, en América Latina y el mundo. También los ataca con fósforo, otro componente clave de agrotóxicos y fertilizantes sintéticos.
COLUMNA | El sueño de la razón
El gobierno del Líbano denunció el 4 de febrero 2026 que Israel está fumigando con glifosato el Sur del Líbano, como forma de matar sus cultivos alimentarios y obligar a la población a abandonar sus parcelas y viviendas. Se suma a las denuncias anteriores de Amnistía Internacional sobre el uso intencional de fósforo blanco como arma por parte del ejército israelí en varias zonas del Líbano desde 2023, con saldo de muertes y heridas permanentes. A principios de marzo 2026, la organización Human Rights Watch verificó nuevos ataques recientes de Israel con fósforo blanco como arma incendiaria, en la localidad de Yohmor, también en el Sur del Líbano.
Importa destacar que esto es solo una parte de los múltiples ataques contra la población civil que integran el genocidio que Israel comete en Gaza y expande por toda la región, ahora con saña en el Líbano, al tiempo que su protector Trump y Estados Unidos atacan escuelas y población civil en Irán.
No es la primera vez que se usan agroquímicos con fines bélicos, entre otros, para matar cultivos y árboles. Estados Unidos usó el Agente Naranja como defoliante y el napalm como agente incendiario en su guerra imperialista contra Vietnam. Ahora Israel usa glifosato y fósforo blanco con esos mismos fines. El Agente Naranja, producido para la guerra de Vietnam por Monsanto (actualmente Bayer) y Dow (ahora Corteva), se compuso a partir de dos elementos que se usaban ya antes como agrotóxicos en agricultura industrial. Uno de ellos, el 2,4-D se siguen usando actualmente. Bayer-Monsanto produce cultivos transgénicos resistentes a ese agrotóxico y a glifosato, entre otros.
El uso de glifosato para matar intencionalmente cultivos en el Líbano, así como el uso de fósforo -principal ingrediente de ese agrotóxico y otros organofosforados y de fertilizantes sintéticos- es una muestra descarnada de cómo la agricultura industrial y las guerras están ligadas. Comparten orígenes y visiones comunes: son armas de ataque, sea contra las personas o contra cultivos y árboles si se interponen en su objetivo.
Significativamente, el 18 de febrero del 2026 Trump emitió una orden ejecutiva en la que declaró el glifosato y el fósforo como elementos de seguridad nacional, por lo que su producción debe ser asegurada. Las empresas que lo producen, como Bayer-Monsanto no podrán ser demandadas por los daños que éstos provoquen. Esta orden ejecutiva tiene múltiples repercusiones y un amplio alcance: se hizo para proteger los intereses de las corporaciones de agronegocios, especialmente de Bayer-Monsanto, así como también su colaboración con fines militares. En otro artículo, “ Trump, glifosato como arma de guerra”, detallo estas implicaciones.
En el marco del corolario Trump a la doctrina Monroe, reafirmando que Estados Unidos considera nuestro continente como su patio trasero, proveedor de materias primas y consumidor de su basura industrial, esa orden tiene amplias repercusiones en América Latina. Es una amenaza a cualquier gobierno que intente afectar los intereses de las transnacionales de agronegocios, por ejemplo, restringir el uso del glifosato y cultivos transgénicos asociados a éste, etc.
Bayer-Monsanto controla junto con Corteva, Syngenta y BASF, el 99 por ciento de los cultivos transgénicos, además de que juntas controlan las dos terceras partes de la producción global de agrotóxicos y más de la mitad de todas las semillas comerciales.
Monsanto (ahora Bayer) tiene además una presencia monopólica en la producción de fósforo blanco para su uso bélico. Por ello, Michael Hansen, científico principal de “Consumer Report” de Estados Unidos, un reconocido experto en la investigación de los impactos de la industria química y agroalimentaria, explica que la orden se dirige tanto a garantizar los intereses de las empresas y la agricultura industrial, como a fines militares.
Solamente tres empresas de Estados Unidos están asociadas a la fabricación, almacenamiento y exportación de municiones de fósforo blanco: Pine Bluff Arsenal, Monsanto-Bayer y el ICL Group (anteriormente conocida como Israel Chemical Ltd). Pine Bluff Arsenal (PBA), propiedad de Estados Unidos, fue creado con la misión de suministrar armas químicas para su uso en la Segunda Guerra Mundial. Actualmente PBA es la única empresa en el hemisferio norte que rellena municiones con fósforo blanco.
Monsanto, que tiene una larga historia de trabajo con el Departamento de Defensa de los Estados Unidos (en Vietnam, entre otras guerras), es el único fabricante estadounidense de fósforo blanco en ese país y es quien ha estado suministrando a Pine Bluff Arsenal la materia prima para la fabricación de ese tipo de municiones durante décadas.
La tercera compañía involucrada es ICL Group, explica Hansen, que posee una planta de fabricación de productos químicos en Estados Unidos en St.Louis, Missouri, donde también está la sede de Bayer-Monsanto, con quien trabaja en estrecha colaboración. La empresa matriz de ICL Group está en Israel y se dedica a la extracción de fosfatos y venta de fertilizantes. Se cree que el ICL Group en Estados Unidos es quien proporciona a Bayer-Monsanto los fosfatos utilizados en la producción de fósforo blanco.
Poco después del ataque de Hamas en Israel el 7 de octubre de 2023, Human Rights Watch documentó el uso de municiones de fósforo blanco en Gaza y el Líbano. Al mismo tiempo, Amnistía Internacional documentó que Israel utilizó municiones de fósforo blanco del Pine Bluff Arsenal.
El uso de estas sustancias tóxicas en las guerras genocidas de Israel y Estados Unidos son crímenes de guerra. El uso continuo de glifosato y otros agrotóxicos en nuestra agroalimentación, elementos claves del paquete de la agricultura industrial que destruye ambiente y salud y socava la soberanía alimentaria, también deben ser considerado un crimen.
Fuente: Desinformémonos