Juliana Fleitas resiste al avance de la soja y las fumigaciones
La comunidad del Asentamiento Juliana Fleitas, ubicado en Repatriación, Caaguazú, exige el cumplimiento de la Ordenanza Municipal N.º 001/2017, que establece medidas de protección ambiental para el asentamiento. Las fumigaciones con agrotóxicos amenazan la salud de las familias y los cultivos que sostienen su economía.
«Defendemos nuestro asentamiento porque sabemos que el avance del monocultivo y las fumigaciones no son para los pequeños productores. Lo que trae ese modelo es desarraigo, enfermedades y graves consecuencias», expresan las pobladoras de Juliana Fleitas, que resisten la expansión de las plantaciones mecanizadas de soja que rodean la comunidad.
Las familias cultivan maíz, poroto, mandioca y otros productos de la agricultura campesina, fundamentales para su alimentación y sustento económico. Sin embargo, estos cultivos están expuestos a la deriva de los agrotóxicos utilizados en las parcelas sojeras, poniendo en riesgo la producción de alimentos saludables y los medios de vida de la comunidad.
Pese a las gestiones realizadas ante instituciones como el Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (SENAVE), las pobladoras denuncian la falta de respuestas efectivas. «Permanentemente estamos realizando movilizaciones para frenar las fumigaciones dentro del asentamiento, pero necesitamos el apoyo de las instituciones», señalan.
La comunidad cuenta con una herramienta legal conquistada mediante años de organización y lucha. El artículo 1.º de la Ordenanza Municipal N.º 001/2017 incluye expresamente a Juliana Fleitas entre las zonas reguladas por la normativa. A su vez, el artículo 5.º establece que, para la producción agrícola de cualquier producto en extensiones superiores a diez hectáreas, «será necesario contar con la autorización de la Municipalidad antes de su cultivo». El artículo 6.º dispone: «Prohíbase la utilización de productos químicos de alta toxicidad, no autorizado por la autoridad de aplicación, en los cultivos cuyas dimensiones superan el límite permitido en el Artículo 5º de la presente Ordenanza».
A 28 años de su conformación, la comunidad reivindica una historia marcada por desalojos, persecuciones y sacrificios para conquistar y permanecer en la tierra. Hoy, su lucha continúa frente a un modelo de agronegocio que expande el monocultivo de soja y amenaza la agricultura campesina.
Las pobladoras exigen que las instituciones hagan cumplir la ordenanza y garanticen su derecho a vivir en un ambiente saludable, producir alimentos y permanecer en el territorio.
Fuente: BASE Investigaciones Sociales
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