Juventud en la ICARRD+20: el grito por la Tierra, el Agua y la Vida en los territorios
En el marco de la Conferencia Internacional sobre la Reforma Agraria y el Desarrollo Rural (CIRADR), jóvenes de diversos continentes se reunieron para debatir una realidad urgente: el acceso a la tierra no es solo una cuestión económica, sino una condición fundamental para la vida digna y la Soberanía Alimentaria.
El evento, moderado por Rosa Toledo (Conamuri, LVC en Paraguay) y Jessie MacInnis (NFFC, LVC en Canadá), se presentó como un espacio para “problematizar discusiones y soñar juntos”, denunciando que la falta de una Reforma Agraria integral está expulsando a las nuevas generaciones del campo.
La tierra como dignidad y bien común
Qammar Abbas, de la Pakistan Kissan Rabta Committee y la Articulación de Jóvenes de LVC en Pakistán, inició las intervenciones definiendo el derecho a la tierra desde una perspectiva humana y colectiva. Para Abbas, el acceso a los recursos es la única forma de frenar la crisis de relevo generacional en las áreas rurales.
“El derecho a la tierra para los jóvenes significa… el derecho a la dignidad. Consideramos la tierra como un bien común colectivo, el derecho a participar en la toma de decisiones, lo que nos permite dar forma al futuro de nuestra sociedad”.
Abbas denunció que en Pakistán existe un nivel extremo de concentración de la tierra, donde el 65% del campesinado posee apenas el 15% del territorio, mientras enfrentan una “digitalización y mecanización excesiva” que solo sirve a intereses corporativos bajo la excusa de la seguridad alimentaria.
El desafío de las pesquerías y la militarización del agua
Joan Kayisinga, de la WFF en Uganda, amplió el concepto de reforma agraria para incluir los cuerpos de agua, vitales para las comunidades pesqueras. Denunció que la privatización y militarización de los recursos pesqueros en África está criminalizando las prácticas tradicionales sostenibles.
“Cuando intentamos utilizar nuestras prácticas tradicionales de pesquería, que son sostenibles, nos las prohíben y se les fuerza a entrar al sistema extractivo corporativo… Los Estados deben reconocer estos derechos a nuestras formas de vida”.
Kayisinga enfatizó que el acceso a la tierra y al agua para los jóvenes pescadores no es una “utopía nostálgica”, sino una necesidad para evitar la migración masiva y la dependencia de trabajos precarios.
Autonomía indígena y el legado ancestral
Desde Panamá, Pablo Green, de la Comarca Kuna y del Consejo Internacional De Tratados Indios (CITI), ofreció una perspectiva basada en la autodeterminación. A diferencia de otros contextos, el pueblo Kuna celebra un siglo de lucha territorial que les ha permitido mantener su autonomía sin necesidad de políticas estatales de reforma agraria.
“Tener acceso a la tierra nos hace más fuertes, es nuestro legado de nuestros ancestros… hace 1000 años ya teníamos nuestra propia tierra, nuestra propia libertad. Hace 500 años nos enfrentamos al despojo; y desde nuestra revolución, logramos restablecer nuestro derecho”.
Green subrayó que la juventud debe ser formada en la cosmovisión ancestral para ser defensorxs del territorio frente a amenazas externas, como proyectos de infraestructura que ponen en riesgo la Soberanía Alimentaria y el agua.
La lucha contra la “expulsión” rural y la desatención estatal
Milagros Bardales, de MIJARC (Perú), centró su intervención en cómo la falta de servicios básicos (salud, educación y crédito) actúa como una fuerza de expulsión para la juventud rural. La migración, según Bardales, no es una elección libre, sino una consecuencia de la exclusión estructural.
“Cuando la juventud migra, los territorios se debilitan, se envejecen y se pone en riesgo la soberanía alimentaria… La juventud aspira a una vida digna y el derecho a envejecer con salud y rodeados de nuestra vida en los territorios”.
Bardales también compartió una reflexión personal sobre el estigma de ser campesina: aunque la sociedad y a veces incluso la familia impulsan a la juventud a estudiar para “escapar” del campo, ella reafirma su amor por el trabajo campesino y exige condiciones justas para ejercerlo.
Crédito, deuda y diversidad
El evento también abrió espacio para discusiones críticas desde la sala:
- Crédito vs. Deuda: Se cuestionó si el acceso al crédito es realmente una solución o una trampa de endeudamiento. Qammar Abbas señaló que en Pakistán, las políticas del FMI y el Banco Mundial impulsan la privatización, mientras que Joan Kayisinga propuso modelos de financiamiento público y mecanismos colectivos para evitar crisis de deuda.
- Diversidades: Conny Oviedo (Conamuri – LVC Paraguay) recordó que la reforma agraria debe ser inclusiva para las diversidades sexuales y de género. La invisibilización de estas identidades en el campo también es una forma de violencia que empuja a la juventud a huir hacia las ciudades.
- Educación: Se planteó la necesidad de reformar el sistema educativo para que no sea visto como una “vía de escape” de la realidad rural, sino como una herramienta para fortalecer la identidad campesina y los saberes agroecológicos.
Un compromiso generacional
El cierre del evento, a cargo de Jessie MacInnis, dejó claro que la crisis de relevo generacional no es responsabilidad de la juventud, sino de las estructuras de poder y capital que les arrebatan el acceso a sus medios de vida.
La demanda final es unánime: se requiere una Reforma Agraria integral, Popular, Feminista y Anticapitalista. La lucha por la tierra y el agua es una lucha por la continuidad de la vida y el conocimiento ancestral. Como corearon los asistentes al finalizar: “¡Globalicemos la lucha, globalicemos la esperanza!”.
Fuente: La Vía Campesina
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