Los bosques nublados
Los bosques nublados son un tipo de ecosistemas tropicales de altura envueltos frecuentemente por nubes y niebla. En estos bosques se puede ver que todo está cubierto de verde. Los troncos y hasta las piedras tienen encima orquídeas y otras epífitas, helechos o musgos. Los bosques nublados tropicales (BNT) tienen una enorme relevancia para el agua dulce del planeta, por su riqueza en biodiversidad y por la importancia cultural para los pueblos que los cuidan y viven de ellos. Aun así, se encuentran en serio peligro, pues, en varias partes del mundo, quedan apenas fragmentos de sus extensiones originales.
Los bosques nublados tropicales juegan un papel vital como fuentes y proveedores de agua dulce para poblaciones humanas y ecosistemas. Su papel en el ciclo del agua es muy importante, ya que aumentan el suministro de agua al eliminar la humedad de la atmósfera envuelta en niebla, la misma que, de otro modo, permanecería en forma de vapor. Así, debido a que su follaje está constantemente húmedo, las copas de los árboles de los bosques nubosos exceden la evaporación del agua, lo que resulta en una ganancia neta en el rendimiento hídrico. Como resultado, los caudales que se originan en los bosques nublados tienden a ser mayores que en pastizales u otros tipos de cobertura vegetal.
Estos bosques son, además, centros de biodiversidad. A pesar de su área relativamente pequeña comparándola con la de la Amazonía, contienen concentraciones excepcionales de la biodiversidad mundial, tanto de flora como de fauna. Poseen altos niveles de endemismo, pero lastimosamente también reúnen un alto número de especies amenazadas. De 400 de las 1.200 especies de aves amenazadas, están asociadas a bosques montanos tropicales; aunque la buena noticia es que la ciencia occidental está constantemente encontrando nuevas especies endémicas en los bosques nublados del Ecuador.
Se cree que tal riqueza extraordinaria en especies endémicas refleja la interacción del aislamiento y la creación de numerosos nichos ecológicos durante la elevación de los Andes y, posteriormente, las fluctuaciones climáticas pasadas, incluyendo los ciclos glaciales. Estos cambios hicieron que los cinturones altitudinales de los bosques montanos en América Central y del Sur se movieran a distancias elevadas considerables y que algunas áreas quedaran en aislamiento, lo que permitió que emergieran nuevas especies.
Estos ecosistemas albergan una gran variedad de plantas medicinales y alimenticias vitales. Ejemplo de las primeras son especies del género Cinchona, árboles de cuya corteza se extrae la quinina, que durante mucho tiempo se ha usado como remedio para la malaria. Por su parte, los parientes silvestres de muchos cultivos de zonas templadas, tales como la frambuesa, el arándano y la grosella, así como de muchas especies de frijoles, provienen del hábitat del bosque nublado. Por estas y muchas razones más, los bosques húmedos nublados poseen fuertes valores culturales y espirituales.
Como otros componentes de la naturaleza, los bosques nublados son sujetos de derechos, por lo que el Estado debe precautelar su existencia y el mantenimiento y regeneración de su estructura, funciones, ciclos biológicos y evolutivos. A pesar de esto, han sido puestos en peligro, en algunos casos de manera irreversible, pues en estos territorios han sido otorgadas múltiples concesiones extractivas y para la construcción de represas hidroeléctricas.
Para preservarlos es preciso mantener su integralidad ecológica, articulando sistemas interconectados de bosques nublados, por ejemplo, a través de áreas protegidas que alberguen estos ecosistemas, bosques protectores y zonas de amortiguamiento. La fragmentación de estos bosques los hace muy vulnerables al deterioro ambiental y a un proceso de deriva génica (es decir, la pérdida de la diversidad genética). La interconexión debe tener un buen estado de conservación, ya que en muchos casos es precaria, lo que hace difícil la continuidad de algunos procesos ecológicos importantes como la polinización, la dispersión de semillas y el flujo génico entre poblaciones.
La Constitución reconoce a toda la naturaleza como sujeta de derechos, pero de manera particular incluye a los bosques nublados entre los ecosistemas frágiles (Art. 406). Igualmente, en cumplimiento de esto, la legislación ambiental define en los siguientes términos a los ecosistemas frágiles: Son zonas con características o recursos singulares muy susceptibles a cualquier intervención de carácter antrópico, que producen en el mismo una profunda alteración en su estructura y composición. Son ecosistemas frágiles, entre otros, los páramos, humedales, bosques nublados, bosques tropicales secos y húmedos y manglares, ecosistemas marinos y marinos-costeros (Glosario de Términos. Código Orgánico del Ambiente, 2017). Estos ecosistemas son considerados frágiles por el grado de amenaza sufrido a causa de actividades antrópicas, a pesar del estatus especial de conservación que tienen y que debe ser respetado.
Fuente: Acción Ecológica