Los incendios en la Patagonia y los riesgos de correr el foco del problema

Idioma Español
País Argentina

En medio del debate por los incendios que arrasan el sur de nuestro país, vuelve a instalarse en redes y algunos espacios públicos la vieja teoría del “Plan Andinia”, junto con versiones que hablan de una supuesta invasión u ocupación de la Patagonia por parte de sionistas israelíes. Frente a este escenario, cabe preguntarnos: ¿qué riesgos implica la difusión de estas teorías? Omayra Rocha, integrante de Fuera Mekorot en Trevelín (Chubut), aporta una mirada necesaria sobre la multicausalidad de los incendios que aún afectan a su provincia.

Dos grandes focos

Señala, en primer lugar, la existencia de dos grandes focos: uno en Puerto Patriada/Epuyén y otro en el Parque Nacional Los Alerces. El primero fue intencional, aunque el gobernador Torres responsabilizó sin pruebas a comunidades originarias. El segundo se originó por la caída de un rayo, pero se agravó por la desidia de las autoridades de Parques Nacionales, que no actuaron con la rapidez necesaria para contenerlo antes de que se volviera incontrolable.

En ambos casos se evidenció la falta de prevención y respuesta adecuada por parte de los gobiernos nacional y provincial: recortes presupuestarios y subejecución de fondos del Servicio Nacional de Manejo del Fuego, escasez de recursos humanos y materiales, y retención de partidas destinadas a prevención y asistencia a pobladores.

Un problema multicausal

A esto se suman otros factores estructurales: el avance del monocultivo de pinos —una especie altamente combustible que desplaza al bosque nativo y se reproduce con mayor facilidad tras los incendios—; las consecuencias del cambio climático, con temperaturas en aumento, sequías prolongadas y precipitaciones por debajo de lo habitual; y la presión creciente del negocio inmobiliario, especialmente visible en la comarca andina.

La Asociación Argentina de Abogadxs Ambientalistas publicó en enero de 2026 un  informe que desarrolla en profundidad estas múltiples causas. Sin embargo, mientras estos elementos concretos y comprobables explican gran parte del problema, en redes sociales se viralizan denuncias que señalan a soldados israelíes como responsables de los incendios, sin que exista hasta el momento evidencia alguna que sustente tales acusaciones, al menos en el caso de Chubut.

Estas versiones desplazan el eje del debate. Funcionan del mismo modo que la criminalización del pueblo mapuche: corren la atención hacia un enemigo externo difuso para eludir responsabilidades políticas y estructurales.

Es cierto que existen antecedentes de incendios provocados por turistas – como el caso de Torres del Paine, Chile, en 2011– y que en ambos lados de la cordillera personas de diversas nacionalidades incumplen normativas, fumando o encendiendo fuego en zonas prohibidas. Las autoridades chilenas informaron que los visitantes israelíes registrados en 2024 y 2025 no superaron el 1% del total anual.

También circuló el video de un joven que filmó en un parque nacional de Santa Cruz a una pareja supuestamente israelí iniciando un fuego. Nunca se comprobó su nacionalidad, ni se estableció su identidad o paradero, pese a la exposición pública de sus rostros.

Ahora bien, sería ingenuo negar que existen condiciones que facilitan la proliferación de estas teorías: el creciente intervencionismo yanqui en Abya Yala, incluso con presencia militar; el alineamiento explícito de Javier Milei con Netanyahu buscando liderar la referencia entre mandatarios de derecha; una mayor injerencia de capitales sionistas en proyectos y negocios de nuestro país; la presencia de ex soldados israelíes visitando lugares turísticos, con comportamientos irrespetuosos y desagradables; los acuerdos firmados con Mekorot para el diseño del manejo del agua en casi la mitad del país; los viajes de funcionarios locales a Israel para capacitarse en materia de seguridad.

Fotografías publicadas el 6 de enero del 2026 por Aníbal Aguaisol.

Todas estas situaciones merecen debate, análisis crítico y denuncia. Pero otra cosa muy distinta es hacer un reduccionismo sobre la complejidad del modelo de dominación en Argentina, señalando al sionismo como una única fuerza articuladora y motor central, sosteniendo que cada acción responde a un supuesto plan de ocupación de la Patagonia.

El llamado “Plan Andinia” no es una teoría reciente ni inocente. Fue impulsada por referentes nacionalistas y antisemitas en la década del 70, entre ellos Walter Beveraggi Allende. Durante la última dictadura, esta narrativa sirvió incluso para justificar la persecución, el secuestro y la desaparición de personas judías. Quienes tienen interés en difundir esta teoría deliberadamente omiten su origen y utilización.

El modelo dominante en nuestro país es complejo y está conformado por una diversidad de actores locales y extranjeros que, desde hace décadas, disputan y se apropian de bienes comunes, avanzando sobre derechos laborales, sociales y políticos, determinando dictaduras e incidiendo fuertemente en los distintos gobiernos democráticos. Simplificar esa trama en una teoría conspirativa no solo es erróneo: debilita la capacidad de análisis y acción.

Por otra parte, la estrategia sionista está muy lejos de lo planteado por el Plan Andinia (ocupar la Patagonia): el objetivo de Israel ha sido desde siempre ocupar el territorio palestino, extender las colonias ilegales en ese territorio, anexando Cisjordania y Gaza. Su plan incluye ampliar su influencia en la región, creando “El Gran Israel”.

¿Cuáles son, entonces, los riesgos de que estas teorías se expandan?

En primer lugar, desvían el foco de las responsabilidades concretas y comprobables: en este caso concreto de los incendios en Chubut, el incumplimiento estatal, el extractivismo, el monocultivo forestal y la crisis climática.

En segundo lugar, alimentan la estrategia de victimización con la que el sionismo suele escudarse frente a críticas legítimas, facilitando y promoviendo la judicialización y persecución de todas las voces críticas, solidarias con el pueblo palestino.

Por último, habilitan el crecimiento de sectores nacionalistas de derecha, xenófobos y racistas, hasta ahora marginales, que encuentran en estas narrativas una puerta de entrada para ampliar su influencia sobre personas que, de buena fe, se preocupan por la soberanía y la entrega de nuestros bienes comunes.

Debatir es necesario, analizar con rigor también. Pero aportar a la confusión no fortalece ninguna causa justa. Por el contrario, debilita luchas legítimas como la defensa del pueblo palestino y la protección de nuestros territorios.

Si queremos enfrentar los incendios y las múltiples formas de saqueo, necesitamos más evidencia, más organización y más responsabilidad política, no teorías que, lejos de aclarar, oscurecen.

Fuente: ANRed

Temas: Extractivismo, Tierra, territorio y bienes comunes

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