Pax Silica: más guerra, explotación y dependencia

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COLUMNA | El sueño de la razón

En diciembre del 2025, la administración Trump anunció el establecimiento de una nueva iniciativa para intentar “ordenar” a su favor el mercado global de la gran industria digital, especialmente centrado en el desarrollo de la inteligencia artificial. Le llamó  Pax Silica y no se refiere a ninguna forma de paz -salvo en la estabilidad que se propone dar a las ganancias de las mega corporaciones tecnológicas estadounidenses y algunos países aliados que se alineen con el marco impuesto por esta iniciativa.

La meta es consolidar el acceso según los términos e intereses estadounidenses a toda la cadena de suministros y producción que requiere esta industria, desde los minerales y otros recursos naturales, chips, semiconductores, energía, agua, logística, incluidos centros de datos, infraestructura en la nube.

Estados Unidos comenzó integrando a sus aliados Israel, Japón, Corea del Sur, Singapur, Gran Bretaña y Australia, en enero 2026 se sumaron Catar y Emiratos Árabes Unidos. Taiwan, productor clave de semiconductores, está como observador al igual que Canadá, Países Bajos y la Unión Europea. El acuerdo incluye amplia participación de las empresas del ramo, estadounidenses y/o bajo su égida.

Claramente se trata de afirmar la posición de Estados Unidos en la disputa sobre la dominación, control y mercado global de la industria de la inteligencia artificial fundamentalmente frente a China, pero sus implicaciones van mucho más allá.

Estamos en una era del capitalismo donde las empresas de tecnología, especialmente las titanes tecnológicas estadounidenses (Nvidia, Apple, Alphabet, Amazon, Microsoft, Meta, Tesla) se han convertido en las empresas de mayor valor bursátil del globo, todas valuadas entre uno y más de cuatro billones de dólares. Todas ocupan lugares también entre las 100 empresas del globo en ventas e ingresos -no solamente valor de sus acciones- y varias están entre las 10 mayores.

De muchas formas, como expresa el crítico del solucionismo tecnológico Evgeny Morozov, está iniciativa es un recrudecimiento de una nueva etapa del imperialismo estadounidense donde ya no se usan las máscaras del comercio o las imposiciones de entidades financieras. (E. Morozov, Pax Silica: cuando el imperio deja de fingirrevista ALAI 559, febrero 2026).

Las titanes tecnológicas estadounidenses ya dominaban sectores claves como chips de IA, más del 75 por ciento de las plataformas digitales y entre solo tres de ellas, Amazon, Microsoft y Google, la gran mayoría del mercado de nubes informáticas. Aunque desde la asunción de Trump han tenido un lugar privilegiado y (más) público en la estructura de gobierno, de todas formas el gobierno se presentaba formalmente como árbitro. A partir de Pax Silica, queda claro que hay una alianza estratégica de intereses imperiales entre el gobierno y esas empresas, y que se trata de garantizar por los medios que vean necesarios, incluyendo guerras, el acceso y control de toda la cadena de suministros y funcionamiento de esta industria.

La participación de las titanes tecnológicas en las guerras y genocidios como el de Palestina, además de significar un aumento notable en sus ganancias, también les dio un campo impune de  experimentación de tecnologías de control y vigilancia de poblaciones enteras, un producto de alta demanda de muchos gobiernos. Las guerras no son solo un medio, sino en muchos casos un fin en sí mismo.

Junto a la actualización de la doctrina Monroe por parte de Trump y como parte de ella, Pax Silica tiene y tendrá profundos impactos en América Latina. La expansión de la industria de la inteligencia artificial tiene serios límites físicos, tanto en el acceso y extracción de minerales como en las gigantescas demandas de energía, agua y tierra, especialmente para establecer centros de datos hiperescalares que son imprescindibles para las industrias de inteligencia artificial. Estados Unidos ya está en una crisis de agua y energía para abastecer esas demandas, con aumento vertiginoso de apagones y falta de agua en las áreas de instalación de grandes centros de datos, por lo que junto a las mega tecnológicas se han lanzado a ocupar otros países.

En América Latina, los principales parques de centros de datos se ubican actualmente en Sao Paulo, Brasil; Querétaro, México y Quilicura, Chile, donde ya hay protestas de las poblaciones locales por sus impactos. Les siguen instalaciones en Colombia y Argentina. Las disputas y los impactos más inmediatos son por  acceso a agua, pero el tema de la energía, ruido, contaminación y ocupación de territorio es también crucial.

Morozov, en su  artículo sobre Pax Silica cita el ejemplo de Argentina, donde a finales de 2025 se dio a conocer una carta de intención entre Sur Energy y OpenAI (la empresa dueña de ChatGPT) para otro proyecto de híper centro de datos. Este se llama Stargate Argentina y la meta es instalar un centro de datos de hasta 500 megavatios, con una inversión de 25.000 millones de dólares.

Siguiendo un patrón común en otros gobiernos de América Latina, el gobierno de Javier Milei les promete todo tipo de facilidades, garantizando acceso a tierra, agua y energía, además de exenciones impositivas y en el caso de Argentina, incluso subsidios con dinero del erario público.

OpenAI se refiere al proyecto como “una oportunidad nacional con Sur Energy al frente de un consorcio y un socio en la nube que le acompaña”, como si fuera un aporte al país.

Morozov explica que este es el modelo a seguir: “la modernización se ofrece como un subcontrato de infraestructura, mientras que el control estratégico (modelos, nubes, jurisdicción, normas) permanece en otra parte.”

Además de los importantes impactos ambientales y sociales que genera, tanto por el alto consumo de agua y energía como por la producción de basura tóxica y la construcción de nuevas centrales nucleares, entre otros impactos, hay otro aspecto que es sumamente preocupante. Junto a este tipo de proyectos, las grandes tecnológicas que controlan las nubes y sus aliadas, ofrecen proveer sistemas de inteligencia artificial, de software, gestión y almacenamiento para las funciones del estado (en todos tipo de campos, incluyendo además de gestión gubernamental, justicia, salud, educación…). Esto significa de hecho una puerta de apropiación de la información en sí misma, con múltiples implicaciones de vigilancia, incitación a consumo, manipulación de todo tipo de elecciones. Pero además es una forma de establecer sistemas de mayor dependencia de los estados y las poblaciones con las empresas, vínculos que ya se han mostrado muy difíciles de suspender o cambiar sin la aprobación y condiciones de las empresas proveedoras.

La llamada Pax Silica es en realidad una nueva declaración de guerra contra los pueblos y la naturaleza.

Fuente: Desinformémonos

Temas: Crisis energética, Extractivismo

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