Sobrevivientes del pueblo Ixil buscan reivindicar sentencia contra Ríos Montt por genocidio
La sombra de Roberto Molina Barreto nunca se desvaneció. De acuerdo con sobrevivientes del pueblo Ixil, el magistrado de la Corte de Constitucionalidad fue el arquitecto de la maniobra jurídica para anular la sentencia contra Efraín Ríos Montt
Santiago Botón
Trece años después, en las montañas de Nebaj, Quiché, los sobrevivientes del genocidio Ixil regresan a los territorios donde el Ejército convirtió aldeas mayas en cementerios.
El pueblo recuerda que Roberto Molina Barreto, magistrado de la Corte de Constitucionalidad, es el principal arquitecto de la maniobra jurídica que intentó sepultar la sentencia histórica por genocidio contra el general José Efraín Ríos Montt, emitida el 10 de mayo de 2013 por el Tribunal de Mayor Riesgo “A”.
El abogado y magistrado guatemalteco ha ocupado distintos períodos en la Corte de Constitucionalidad desde 2006. Fue designado durante el gobierno de Óscar Berger y reelecto en varias ocasiones, además de presidir la alta corte entre 2010 y 2011. Su trayectoria ha estado marcada por decisiones polémicas en casos de alto impacto político y de derechos humanos, incluido el fallo que hizo retroceder la condena por genocidio contra el exdictador Efraín Ríos Montt, diez días después de ser emitida.
Para organizaciones como CALDH y AJR, aquella resolución de la Corte de Constitucionalidad nunca anuló el genocidio: únicamente hizo retroceder ilegalmente el proceso judicial. Por eso, para miles de sobrevivientes mayas ixiles, la sentencia continúa viva como un acto histórico y moral de verdad.
La sentencia, presidida por la jueza Jazmín Barrios, reconoció que el Estado ejecutó actos de exterminio contra el pueblo maya ixil. La coordinadora de CALDH, Edda Gaviola Artigas, recordó que el juicio reunió “folios y folios” de evidencia militar, incluyendo los planes Victoria 82 y Sofía, firmados por altos mandos del Ejército. Según Gaviola, peritajes estadísticos concluyeron que “lo que había ocurrido con el genocidio en el pueblo Maya Ixil había sido tres veces peor” que los crímenes perpetrados en los Balcanes.
La referencia a los Balcanes remite al genocidio de Srebrenica, perpetrado en Bosnia en julio de 1995, cuando fuerzas serbobosnias asesinaron sistemáticamente a más de 8 mil hombres y niños musulmanes bajo el mando del general Ratko Mladić. Aquella masacre, considerada por tribunales internacionales como el peor crimen en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en símbolo global de limpieza étnica, exterminio planificado e impunidad estatal. “Expertos del juicio ixil sostuvieron que la magnitud estadística del exterminio en Guatemala superó incluso el caso de Srebrenicalo que revela la dimensión estremecedora de la violencia ejercida contra comunidades indígenas mayas durante la dictadura militar”, afirman.
José Silvio, dirigente de AJR, considera que el genocidio jamás fue borrado jurídicamente. “No quitan nada el tener sentencia y el genocidio”, afirmó al explicar que incluso otro tribunal volvió a reconocer años después que sí existieron actos genocidas contra el pueblo ixil.
Edda Gaviola sostiene la misma tesis: la Corte de Constitucionalidad, bajo influencia de Molina Barreto, nunca siguió el procedimiento legal ordinario para destruir una sentencia de primera instancia. “Lo que hizo la Corte fue realmente algo totalmente ilegal”, declaró. En la memoria colectiva de sobrevivientes y defensores, el fallo permanece vigente porque la verdad histórica no pudo ser desmontada, pese al peso político de la impunidad.
“Nosotros seguimos luchando para que esto no se vuelva a repetir con nuestros hijos y nuestros nietos”, afirma María Cedillo Cedillo, de la organización Mujeres Valientes, quien recuerda que muchas de las 90 personas que testificaron en el juicio ya murieron esperando justicia. Mientras tanto, los procesos contra otros altos mandos militares continúan suspendidos en un sistema judicial que, según los activistas, todavía protege a quienes diseñaron la maquinaria del exterminio.
Fotos: Santiago Boton
El maíz murió en las montañas Ixiles
En Xoloché y Canaquil, el horror todavía es visible y palpable. Pedro de Paz Raymundo, integrante de la Asociación para la Justicia y Reconciliación (AJR), caminó nuevamente por el antiguo cementerio clandestino donde el ejército enterraba a civiles asesinados. Allí también recordó otro crimen: la quema masiva de maíz. “Entonces también el maíz, el sagrado maíz, también es guerrillero cuando lo mataron”, dijo.
Según su relato, soldados incendiaron toneladas de maíz y colocaron bombas entre los bultos; algunos campesinos murieron intentando rescatar el grano sagrado.
Fuente: prensacomunitaria.org