Suplemento Ojarasca N° 185
Si algo ha logrado la resistencia de los ngäbe y los buglé es la confirmación de que son un pueblo libre en un país que no lo es, y que a diferencia del resto de Panamá, su territorio, legal y legítimo, no está en venta.
“La gente antes corría, tenía miedo. Ahora ya cambió, se volteó la tortilla”. Con esa expresión resume el hecho Alberto Montezuma, ante la vista espectacular del Cerro Colorado, en el corazón geográfico de la comarca, sitio donde el gobierno del empresario y terrateniente Ricardo Martinelli y la minera coreana Cupron Resources pretendían, y aún pretenden, explotar la “segunda mina de cobre en el mundo”. Resguardar este enclave de su territorio resultó vital para los ngäbe, con mucho el pueblo indígena más numeroso de Panamá, que en los dos últimos años lo han defendido con una contundencia que impactó a la nación y se conoció mundialmente.
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