Wall Street se alía con el Pentágono para construir centros de datos

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La puerta Buffalo en Fort Bliss, Texas, donde está previsto que se construya un nuevo centro de datos el 25 de marzo de 2026. / Sgt. Michael West, Ejército de los EEUU

Grandes grupos de inversión estadounidenses están financiando la construcción de megacentros de datos del ejército mientras aumenta el uso de la IA en las operaciones militares

Dos tendencias, aparentemente independientes, se han acelerado en los últimos años. En primer lugar, Wall Street ha estado invirtiendo miles de millones de dólares en la financiación de centros de datos. En segundo lugar, el ejército de Estados Unidos ha ido intensificando su uso de la inteligencia artificial (IA).

Ahora, estas dos tendencias se están fusionando directamente. A finales de marzo de 2026, el Ejército de EEUU anunció la selección de empresas para construir y operar dos centros de datos a hiperescala en dos instalaciones militares diferentes. Ambos centros de datos –uno en Fort Bliss, Texas, y el otro en Dugway Proving Ground, Utah– contarán con el respaldo de algunas de las principales firmas de Wall Street.

Un portavoz del Ejército declaró a Truthout que el Ejército ha iniciado “un periodo de negociación exclusiva” con las empresas para establecer “las condiciones económicas específicas” de lo que serán contratos de arrendamiento “a largo plazo, de 50 años”.

El portavoz también afirmó que “en lugar de recibir dinero en efectivo por el arrendamiento, el Ejército recibirá una compensación mediante una “contraprestación en especie””, lo que significa que “el Ejército aceptará servicios o mejoras de igual o mayor valor en lugar del alquiler en efectivo –concretamente, una parte clave de las capacidades de computación de datos se dedicarán a respaldar directamente nuestras necesidades de combate–”.

Los centros de datos serán “financiados, construidos y operados al 100 % por el sector privado”, afirmó el portavoz del Ejército, y confirmó que “se trata efectivamente de centros de datos comerciales” a los que se les permitirá vender el excedente de capacidad informática.

Todo esto se produce mientras el ejército estadounidense acelera el uso de la IA en sus operaciones. Un alto mando del Ejército ha afirmado que los centros de datos se utilizarán “para satisfacer la creciente demanda de potencia computacional necesaria para aplicaciones de IA, incluyendo enjambres de drones, simulaciones avanzadas y análisis operativos en tiempo real”.

Como afirma una página web del sector, “los centros de datos son ahora infraestructura de guerra”.

Pero los residentes locales y algunos expertos están expresando su alarma por los centros de datos debido a su impacto medioambiental y a la carga que pueden suponer para las redes de agua y electricidad, así como por lo que estos acuerdos representan para la rendición de cuentas militar y corporativa.

“Hemos visto ejemplos del tipo de cosas para las que se puede utilizar la IA, y algunas de ellas son espeluznantes en cuanto a la rapidez con la que pueden facilitar la matanza o el alcance con el que pueden ampliar las redes de vigilancia”, declaró a Truthout Roberto J. González, un experto en militarismo estadounidense de la Universidad Estatal de San José.

Acuerdos sobre centros de datos del Ejército

Los dos complejos de centros de datos del Ejército previstos serán proyectos de gran envergadura. El centro de datos de Fort Bliss estará ubicado en 560 hectáreas de terreno militar, y está previsto que entre en funcionamiento en 2027. Será construido y gestionado por el Grupo Carlyle, una de las principales firmas de capital riesgo del mundo y un importante inversor en centros de datos en general. Según el medio de comunicación local El Paso Matters, el complejo de centros de datos de tres gigavatios “consumirá más electricidad que los 460.000 clientes de El Paso Electric juntos”.

Por otra parte, el proyecto del centro de datos de Dugway Proving Ground se construirá en aproximadamente 486 hectáreas y la previsión es que entre en funcionamiento en 2029. Será construido por la empresa CyrusOne, que es propiedad conjunta de KKR, también una de las principales firmas de capital riesgo y gran inversora en centros de datos, junto con Global Infrastructure Partners, la división de inversión en infraestructuras privadas de BlackRock, la gestora de activos más grande del mundo.

El portavoz del Ejército declaró a Truthout que los arrendamientos de 50 años para los centros de datos serán “arrendamientos de uso mejorado autorizados por el Título 10 del Código de los Estados Unidos, Sección 2667” –una ley federal que permite al secretario de Defensa arrendar terrenos militares infrautilizados para “promover la defensa nacional o por interés público”– y que “el promotor asume el 100 % del riesgo financiero para construir la infraestructura”.

Los acuerdos se producen tras una orden ejecutiva de 2025 de Donald Trump, titulada “Aceleración de la concesión de permisos federales para la infraestructura de centros de datos”, que incluye una ley específica que permite al Pentágono “identificar emplazamientos adecuados en instalaciones militares” para la infraestructura de centros de datos y “arrendar de forma competitiva los terrenos disponibles” para proyectos que cumplan los requisitos.

Es probable que estas dos instalaciones previstas sean solo el comienzo de los acuerdos del Ejército en materia de centros de datos. El sitio web de noticias militares Task & Purpose informa de que el Ejército ha solicitado contratos para dos centros de datos más en Fort Hood, Texas, y Fort Bragg, Carolina del Norte, y que este último incluye “varios emplazamientos potenciales a menos de una milla de zonas civiles y a media milla de viviendas civiles”.

El acuerdo del Ejército abre nuevos caminos para las Fuerzas Armadas. “Este será el primer centro de datos a hiperescala que el Pentágono haya construido jamás”, declaró el secretario del Ejército, Dan Driscoll, al Wall Street Journal en marzo.

“Dominio militar de la IA”

Las instalaciones previstas llegan en un momento en que el Ejército de EEUU acelera la integración de la IA en sus operaciones y, con el apoyo de las nuevas políticas de la administración Trump, refuerza su acceso a los centros de datos, que generan la capacidad informática que alimenta la IA.

En enero, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, publicó un memorándum en el que ordenaba acelerar el “dominio militar estadounidense en IA” para “convertirse en una fuerza de combate que dé prioridad a la IA en todos sus componentes”. Este memorándum sigue a la orden ejecutiva de Trump de enero de 2025 sobre la “eliminación de barreras al liderazgo estadounidense en inteligencia artificial”. Cabe destacar que el memorándum de Hegseth hace hincapié en el papel impulsor de las empresas estadounidenses en esta iniciativa, subrayando que la transformación de la IA en el ejército estará “impulsada por el ritmo acelerado de la innovación en IA comercial que surge del sector privado estadounidense”.

El pasado 3 de abril, unos meses después del memorándum de Hegseth, el Ejército puso en marcha su Centro de Operaciones de Datos del Ejército (ADOC, por sus siglas en inglés) que, según un comunicado de prensa, “servirá como motor operativo para la transformación del Ejército en una fuerza centrada en los datos”. Denominado “el 911 de los datos” [el 911 es el número de teléfono de los servicios de emergencias en EEUU, equivalente al 112], el ADOC integrará datos “fragmentados” de todas las operaciones del Ejército a nivel mundial para ayudar a “hacer operativos los datos” con objetivos como “acortar el tiempo entre la detección y el disparo” y, en última instancia, “asegurar la ventaja del Ejército ahora y en el futuro”, según el comunicado de prensa.

"El impulso de la IA militar por parte de la administración Trump se centra en el desarrollo de drones autónomos no tripulados en combate"

González, quien ha escrito sobre la transformación del complejo militar-industrial por parte de las grandes tecnológicas, declaró a Truthout que el impulso de la IA militar por parte de la administración Trump se centra en el desarrollo de “drones autónomos no tripulados en situaciones de combate” que “dependerán en gran medida de la IA para todo, desde la navegación hasta la selección de objetivos, pasando por el reconocimiento de patrones para identificar diferentes objetivos potenciales”. El experto también señaló que el creciente uso de la IA en el ámbito militar reforzará los “sistemas de apoyo a la toma de decisiones basados en IA” que “unen diferentes tipos de datos estructurados y no estructurados” –lo que podría incluir elementos como “metadatos sobre conversaciones telefónicas, ubicaciones de teléfonos móviles y patrones de uso de Internet”– para “crear una lista de objetivos”. Cita como ejemplo el asedio genocida de Israel contra los palestinos. “Esto es precisamente lo que las Fuerzas de Defensa de Israel utilizaron en la guerra [de Israel] en Gaza para crear listas de presuntos enemigos que luego fueron, en esencia, objeto de asesinatos selectivos”, afirmó.

También advierte de que el aumento de los sistemas militares autónomos impulsados por la IA intensificará la vigilancia y debilitará la capacidad de exigir responsabilidades a los individuos. “Estos sistemas suelen fallar, y además difuminan la responsabilidad cuando es una máquina, en lugar de una persona en el proceso, la que toma la decisión sobre la vida o la muerte”, señaló. Por ejemplo, un reportaje de Military Times sugiere que el sistema de IA Maven del Pentágono, desarrollado por Palantir y que “clasifica objetivos, recomienda sistemas de armas y genera paquetes de ataque casi en tiempo real”, estuvo implicado en el bombardeo de la escuela primaria Shajareh Tayyebeh en Minab, Irán, que causó la muerte de 155 personas, la mayoría de ellas niños en edad escolar. El Military Times señaló que Maven “generó cientos de coordenadas de ataque en las primeras 24 horas de la campaña de Irán” y que no estaba claro si algún humano verificó las coordenadas que apuntaban a la escuela, basadas en “información de inteligencia desactualizada”. En marzo, el subsecretario de Defensa de EEUU, Steve Feinberg, declaró que Maven se convertiría, tal y como titulaba Reuters, en un “sistema militar estadounidense fundamental”.

“Acuerdo ventajoso”

El centro de datos propuesto en Fort Bliss –que sería el tercer gran centro de datos de la zona de El Paso– ha despertado la preocupación entre la población local por la posible presión sobre los recursos hídricos y energéticos.

Aunque todavía quedan por conocer muchos de los términos específicos de los acuerdos, a Tyson Slocum, director del Programa de Energía de Public Citizen, le preocupa que los intereses privados que codician terrenos para construir centros de datos puedan obtener del Ejército un “acuerdo ventajoso” muy por debajo de las caras tarifas de mercado por metro cuadrado de los centros de datos. “Mi principal preocupación es que se trata de una enorme subvención pública a estos promotores privados de centros de datos”, afirmó Slocum.

El portavoz del Ejército declaró a Truthout que “el retorno de la inversión para el contribuyente estadounidense” en estos acuerdos “se materializa a través de un ahorro masivo de costes. Al hacer que empresas privadas financien y construyan estos centros de datos en terrenos del Ejército infrautilizados, los promotores asumen el riesgo financiero y el Ejército obtiene una capacidad esencial de procesamiento de datos sin desembolsos directos de efectivo”.

Sin embargo, Slocum señaló que los centros de datos podrían sobrecargar las redes eléctricas locales cercanas a las bases militares, una preocupación compartida por los residentes de El Paso. “La mayoría de las bases militares de Estados Unidos no son islas independientes”, afirmó. “Están interconectadas con la red eléctrica y necesitarán recurrir a recursos energéticos adicionales de la red”. También expresó su preocupación por que la ubicación de centros de datos en terrenos militares pudiera respaldar los esfuerzos de la administración Trump por proteger la producción de energía generada a partir de combustibles fósiles –que a menudo alimenta los centros de datos– al relacionarla con la “seguridad nacional”. “Hay bases militares en los 50 estados y en todos los rincones de la red eléctrica”, dijo. “Cualquier central eléctrica conectada a esa red podría ahora ser necesaria, en teoría, para la seguridad nacional a fin de abastecer a una base”.

El portavoz del Ejército aseguró que “minimizar el impacto en la comunidad fue un criterio de selección primordial para estos proyectos”, y que “las propuestas elegidas se seleccionaron específicamente porque presentan soluciones innovadoras diseñadas para no suponer una carga para las comunidades locales ni para las empresas de servicios públicos”. También señaló que “antes de firmar cualquier contrato de arrendamiento definitivo, debe completarse una evaluación ambiental detallada conforme a la Ley Nacional de Política Ambiental (NEPA)”.

“Un ecosistema tecnológico más amplio”

Los acuerdos del Pentágono en torno al armamento tecnológico con grandes inversores financieros no son nada nuevo. González insiste en que “se está produciendo un desplazamiento del centro de gravedad desde las empresas de defensa tradicionales y consolidadas, como Lockheed Martin y Boeing, hacia estos nuevos grupos que asociamos más a menudo con productos tecnológicos comerciales que con intereses militares”, afirmó.

Los nuevos acuerdos sobre centros de datos del Ejército, firmados con algunas de las mayores empresas diversificadas de Wall Street a nivel mundial, representan un mayor fortalecimiento del nexo entre las finanzas y la tecnología para usos militares. “La industria tecnológica está estrechamente alineada con sectores como las empresas de capital privado y de capital riesgo”, señaló González. “Todo forma parte de un ecosistema tecnológico más amplio”.

El ejército también parece decidido a cerrar acuerdos similares en otros ámbitos. “Más allá de los centros de datos, el Ejército está estudiando la posibilidad de establecer acuerdos de arrendamiento similares para el procesamiento de minerales críticos y otros tipos de fabricación”, informó el Wall Street Journal.

Las nuevas asociaciones de capital privado con el Ejército de los Estados Unidos para centros de datos se producen en un momento en que este poderoso sector está intensificando sus inversiones a lo largo de toda la cadena de suministro de la IA. Como Truthout informó anteriormente, el capital privado ha estado canalizando cientos de miles de millones de dólares hacia la financiación de centros de datos y otras infraestructuras de IA, desde los propios edificios de los centros de datos hasta la generación de energía a partir de combustibles fósiles que sustenta sus operaciones.

El Grupo Carlyle, que está construyendo el centro de datos de Fort Bliss, gestiona 475.000 millones de dólares en activos. La empresa fue cofundada por el multimillonario David Rubenstein, quien sigue siendo copresidente ejecutivo de Carlyle. Rubenstein es un influyente donante filantrópico, y Joe Biden solía pasar el Día de Acción de Gracias en el complejo de Rubenstein en Nantucket, valorado en 34 millones de dólares, durante su presidencia.

Global Infrastructure Partners (GIP), filial de BlackRock, y KKR son propietarias de CyrusOne, la empresa que construye el centro de datos de Dugway. KKR fue cofundada por el megamillonario Henry Kravis, quien sigue siendo su copresidente. La empresa gestiona 744.000 millones de dólares en activos y es un importante inversor en centros de datos a nivel mundial.

BlackRock, dirigida por el multimillonario Larry Fink, es la mayor gestora de activos del mundo, con 14 billones de dólares en activos bajo su gestión. En los últimos años se ha lanzado de forma agresiva a la inversión privada en infraestructuras, incluidos los centros de datos. En marzo de 2025, en medio de las amenazas de Trump de “recuperar” el Canal de Panamá, BlackRock se coordinó con su administración para adquirir una enorme cartera de puertos globales que incluía dos puertos del Canal de Panamá. También ha estado adquiriendo empresas de servicios públicos y de generación de energía vinculadas al suministro de energía a los centros de datos propuestos. Y es copropietaria de Aligned Data Centers, una de las mayores empresas de centros de datos del mundo.

Truthout se puso en contacto con Carlyle, KKR y BlackRock para recabar sus comentarios. Carlyle y KKR no respondieron, y GIP, de BlackRock, se negó a hacer comentarios.

Resistencia

Aunque el auge de los centros de datos se suele presentar como una fuerza imparable, comunidades de todo Estados Unidos se han resistido a su construcción, a veces con éxito.

“Las comunidades locales pueden hacer muchas cosas para contrarrestar estas tendencias”, subrayó González, incluyendo el apoyo al “pequeño pero importante número de cargos electos” que se oponen a la fiebre de los centros de datos. Además, el movimiento de base contra la construcción imprudente de centros de datos está aprendiendo y creciendo en casi todas partes. “La gente nunca debe perder la esperanza en lo que el compromiso político puede hacer para enfrentarse incluso a las instituciones o tendencias más poderosas”, concluye el experto.

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Derek Seidman es escritor, investigador e historiador y vive en Búfalo, Nueva York. Colabora habitualmente con Truthout y escribe para LittleSis.

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Este artículo se publicó originalmente en inglés en Truthout.

Fuente:  ctxt.es

Temas: Corporaciones, Nuevas tecnologías

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