El movimiento comunitario en México: de lo invisible a la afirmación

Idioma Español
País México

Reflexionar desde abajo, con horizonte, con perspectiva, las condiciones que pesan como losa para los pueblos, los hizo entender que cualquier desarrollo y bienestar auténticos pasa centralmente por fortalecer sus estructuras internas, comunitarias, autogestionarias, por ejercer soluciones propias, formas más justas de gobierno. Cualquier respuesta compleja pasa por el control de sus territorios. Sin este anclaje a su territorio propio, que es sobre todo el tramado de relaciones que les han permitido sobrevivir como pueblos, que le dan coordenadas a su ser en el mundo, cualquier otra respuesta viene a mellar lo que han sido y lo que han decidido seguir siendo

Cuál es el trayecto de los pueblos y comunidades indígenas desde que el Estado mexicano se negó a reconocerles sus derechos para luego hacerlos objeto de una guerra de exterminio nada encubierta, que lleva muchos años pero que desde 2001 se recrudeció y expandió. Si la guerra desatada se expresa en cientos si no miles de proyectos y programas que internacionalmente se imponen en todas las regiones del mundo ricas en recursos, la resistencia a toda esa andanada ha desatado, como nunca antes, un proceso de reconstitución propia, de reflexión desde abajo que por lo pronto no se expresa centralmente en la reivindicación de derechos (aunque éstos se reivindiquen en los procesos jurídicos por ser reconocidos en sus derechos agrarios, o al exigir que se haga justicia ante tanta violación de derechos humanos y represión) sino en la construcción de facto de un camino propio.

A partir del proceso impulsado por el zapatismo desde 1994, y con todo el proceso de diálogo que significó San Andrés, los pueblos y comunidades, las diversas regiones indígenas, adquirieron visibilidad mutua, y eso les brindó horizonte. No fue sólo saber que otros están en las mismas. Se comenzó a entender, de manera muy profunda, mucho más informada a veces que en las ciudades, las condiciones que pesan contra ellos. Esa información, esas experiencias, son hoy la sabiduría, la palabra que se comparte y detalla en el mundo de abajo.

Ahora los pueblos desconfían del "desarrollo" en abstracto, del bienestar cortoplacista, y en ese mundo invisible, la gente, las asambleas, las muchas reuniones, talleres, seminarios, encuentros de todo tipo, buscan compartir anécdotas y visiones, formarse con ellas, documentar su región, identificar causas, fuentes, problemas, obstáculos, interconexiones.

Reflexionar desde abajo, con horizonte, con perspectiva, las condiciones que pesan como losa para los pueblos, los hizo entender que cualquier desarrollo y bienestar auténticos pasa centralmente por fortalecer sus estructuras internas, comunitarias, autogestionarias, por ejercer soluciones propias, formas más justas de gobierno.

Como la guerra viene de tantos lados, tienen tantas caras, matices y entretelas, es tan enmarañada, es necesario impulsar una visión interconectada de las estrategias de resistencia, que sea integral. No se pueden resolver los problemas cada uno por su lado, porque el poder los conecta, sobre todo desde sus aparatos de inteligencia, y hay que oponer una respuesta múltiple, en el seno de cada comunidad o región, e interconectar las luchas de cada región, pueblo o comunidad, con las de otros.

En variados tonos, la gente comienza a discutir todo lo relativo a la construcción de una autonomía. Ya no es solamente el ideal de la misma o las posibles maneras de hacer que sea reconocida, apelando a este artículo, a tal convenio, a tal legislación internacional o nacional. No es tampoco un asunto de teorización abstracta, aunque haya reflexión, porque lo principal es la discusión concreta de qué hacer.

La reconstitución integral de los sujetos, se dijo, en todas las reuniones del Congreso Nacional Indígena (CNI) nacional y en las regiones en que se dividió para hacer más asequible el trabajo. Y muchos teóricos decían, y eso, con qué se come. Qué quieren decir. Por qué no lo precisan. Para qué reconstituirse.

Lo que ocurre hoy, abajo, es justamente una reconstitución integral de los sujetos. Es decir, la reivindicación de decidir entre ellos lo que les atañe desde su ser individual y colectivo. Y como nunca antes, aflora su no pertenencia a eso que les vendió la Nación por tantos siglos. Entonces se preparan, comienzan a entender, leyendo y reflexionando colectivamente en una infinidad de espacios --de lo más micro a lo nacional e internacional-- la complejidad de lo que les aqueja. Comienzan a discutir su historia, la economía y el problema del dinero; a allegarse información sobre asuntos agrarios, políticas públicas, el papel de las instituciones, las maneras del capital, la forma de operar de la guerra, lo viciado de algunas prácticas, la inmensidad del aparato, las posibles maneras de salirse de muchos controles o correas de transmisión del poder, lo tramposo de muchos incentivos o subsidios, el papel amansador del Estado, "por la buena" corrompiendo o por la mala asesinando y encarcelando.

La masa crítica que comienza a sintonizar el panorama es enorme. Tal vez no haya ahora un sector de la población más informado y consciente que la población rural, y ciertos sectores de una sociedad civil que no son corruptos. Y que intentan entender, acompañar, compartir riesgos con la gente de los pueblos indígenas.

Comienza a tejerse una alianza suelta, sin más pretensión que compartir experiencias para que los procesos de cada región, pueblo o comunidad sigan su curso. Para no homologar los tiempos de lucha de cada quien. Y la transformación es muy visible, en el abajo.

Dicho tejido toma de muchos fragmentos y regiones del CNI, del movimiento ecologista, de las luchas locales contra proyectos y programas, de algunas partes del movimiento campesino. Incluso está redefiniendo el movimiento campesino hacia donde está la mayoría campesina, que es indígena, que produce su propia comida y sigue en la frontera de los sistemas.

Hay también un trabajo de investigación de muchos jóvenes, que se sumergieron en sus computadoras a bajar toda la información posible para darle peso a lo que desde la superficie de los periódicos no se mira y, que siguiendo pistas por todas partes, comienzan a sistematizar datos de empresas, desarrollos, políticas públicas, intereses transnacionales, ligas con la clase política, corrupciones, correas de transmisión, operadores, maneras de funcionar de los programas, dependencias y planes mundiales. Sin toda esta información, que se ha vertido en muchos talleres regionales y nacionales en defensa de la biodiversidad, del maíz, del agua, de la medicina tradicional, o contra el Procede y la privatización de la tierra, los "reordenamientos territoriales" y los servicios ambientales, este nuevo nivel de reflexión y cohesión suelta, no habría podido ocurrir.

Hoy, tantos espacios de reflexión y tantos niveles de análisis derivados de tantas y colectivos en tantas regiones nos dejan ver, por vez primera en la historia, ora sí que el panorama completo, con cierto detalle.

El primer rasgo de esta nueva visión es que si no es integral, si en las acciones emprendidas no se abarca en toda su complejidad la problemática, no será posible romper o darle la vuelta a la mega-macro estructura. Eso lleva a las comunidades a reivindicar como nunca antes su ser campesinas. No es un mero rasgo cultural. Es una manera de ver el mundo, significa toda una espiritualidad. Sembrar --sobre todo para sí mismos-- los hace sentirse, verse, fuera de los sistemas que les han impuesto. Cultivar su propia comida, comienza a ser un eje fundamental para no pedirle permiso a nadie de ser.

La premisa de ser campesinos es profundamente política y conlleva la insistencia de que no se trata únicamente que el país sea independiente en cuanto a una producción de alimentos. El núcleo de la propuesta campesina es que hay que salirse, lo más posible, de las entretelas del mercado, del sistema, para poder defender todo el resto de causas que hay que defender. Para poder enfrascarse en todas las luchas que hay que emprender, para poder impulsar la autogestión que es vital impulsar.

Para lograr este enormísimo paso, y sabiendo el filo de abismo que ya toca a las puertas de tantas comunidades vaciadas por la migración, la gente reivindica sus asambleas, el gobierno de la gente en comunidad, y reivindica, más y más, que cualquier respuesta compleja pasa por el control de sus territorios. Sin este anclaje a su territorio propio, que es sobre todo el tramado de relaciones que les han permitido sobrevivir como pueblos, que le dan coordenadas a su ser en el mundo, cualquier otra respuesta viene a mellar lo que han sido y lo que han decidido seguir siendo.

Fuente: La Jornada, Suplemento Ojarasca, México

Comentarios