La RALLT se pronuncia en relación con la ayuda alimentaria, el derecho de los Pueblos a su propia comida y las declaraciones del Director del Programa Mundial de Alimentos

Con mucha atención hemos seguido desde América Latina el debate sobre ayuda alimentaria en el Sur de África. Nos preocupa la presión que están recibiendo estos países para que acepten alimentos genéticamente modificados, pues significa una violación al derecho que tienen los países a la autodeterminación

Nos preocupan además varias de las declaraciones hecha por James Morris, Director del Programa Mundial de Alimentos. El reconoce que este programa ha distribuido alimentos transgénicos por 7 años. Esto no es una novedad en América Latina, pues aquí hemos mantenido una campaña en contra del uso de la "ayuda alimentaria" como un instrumento de apertura de mercados de productos agrícolas estadounidenses, en detrimento de nuestros propios agricultores, pero sobre todo, de que nos usen para depositar los productos que otros no desean, pues es bien conocido que los alimentos transgénicos son rechazados por consumidores alrededor del mundo.

La introducción de alimentos transgénicos se ha hecho en algunos casos en violación de leyes nacionales. En el caso del Ecuador, por ejemplo, la Constitución prohíbe la introducción y distribución de OGM hasta que no se cuente con estrictas normas de bioseguridad. El Programa Mundial de Alimentos ignoró esta norma constitucional y las propias regulaciones técnicas del programa que manejaba, donde se prohibía explícitamente el uso de transgénicos. Cuando organizaciones de la sociedad civil presentaron una demanda en contra del uso de transgénicos en los programas de ayuda alimentaria, todos los ministerios relacionados con el tema demandaron que se retiren estos productos de circulación. Igual pronunciamiento tuvo el Parlamento Ecuatoriano. La única organización que insistió en continuar con el uso de transgénicos fue el Programa Mundial de Alimentos.

El señor Morris mantiene en porfía que los alimentos que se distribuyen a través del Programa Mundial de Alimentos son los mismos que son consumidos en Nueva York y en Toronto. Este no es el caso de los resultados hallados en Colombia, en pruebas genéticas hechas en la soya usada para el programa "Bienesterina". Aquí encontramos un 90% de transgénicos. Este porcentaje tan elevado nos hace pensar en que acaso los alimentos transgénicos son segregados en los Estados Unidos, preferenciando los granos tradicionales para el propio mercado y enviando la mayor parte de la producción transgénica como "regalo" a los "pobres del mundo", en este caso, de Colombia.

Por otro lado, en países como Estados Unidos y Canadá, la mayor parte de los transgénicos son usados para alimentación animal, no para consumo humano directo. Es importante señalar además que la ayuda alimentaria con transgénicos, está dirigida a un sector de la población que, por su nivel de desnutrición y falta de alimentos adecuados, es una población de alto riesgo. Cualquier peligro que pudieran entrañar los alimentos transgénicos será mucho mayor cuando poblaciones humanas inmunodeprimidas los consuman.

En pruebas genéticas hechas en la ayuda alimentaria de Nicaragua y Bolivia, se encontró la presencia de maíces transgénicos prohibidos en la Unión Europea, o aceptados en Estados Unidos sólo para el consumo animal (como es el maíz Star Link).

En una reunión mantenida por más de 60 organizaciones de América Latina y convocada por la Red por una América Latina Libre de Transgénicos, en agosto del 2001, se hizo un llamado a la comunidad internacional para que se inicie un proceso de auditoria al Programa Mundial de Alimentos, y para que sean revisadas todas las políticas relacionadas con la ayuda alimentaria internacional.

La situación de la Argentina es asimismo digna de destacarse. En este país la implantación de la economía de la Soya produjo las previsibles consecuencias de monocultivos a escala con destrucción del suelo y de la biodiversidad, agricultura sin agricultura, despoblamiento del campo y falta generalizada de comida y hambre en las poblaciones. La Biotecnología acentuó el proceso de concentración de tierras, despojamiento de los patrimonios fitogenéticos y desvalorización de las exportaciones. Ahora una campaña supuestamente solidaria de los grandes productores y exportadores da de comer soya transgénica "solidaria" a las víctimas del modelo y se anticipa que las propias transnacionales Cargill y Dreifuss se sumarán a estas campañas de ayuda alimentaria.

Creemos que existen alternativas a nivel regional para enfrentar emergencias como la que sufre hoy el Sur de África. En todo caso la ayuda alimentaria debería basarse en la solidaridad, y no encubrir políticas de subsidios a los propios productores de los países centrales o estrategias de penetración de las empresas transnacionales en nuevos mercados. No se es solidario con quien padece hambre si se da productos cuya seguridad ha sido seriamente cuestionada. Los pueblos víctimas de catástrofes alimentarias deberían recibir los mejores alimentos, adaptados a sus patrones culturales y a su Biodiversidad. Socavar la soberanía alimentaria y autodeterminación de cualquier pueblo bajo justificaciones caritativas resulta repugnante y debe ser rechazado con la mayor energía.

Red por una América Latina Libre de Transgénicos
Adolfo Boy - Jorge Rulli
E-mail: grupodereflexionrural@hotmail.com

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