Las negociaciones en curso del CDB no van por buen camino para evitar el colapso de la biodiversidad

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- Foto tomada del sitio web Sustentar Tv.

"Más importante incluso que proteger la naturaleza es ponerles freno a los motores de la pérdida de biodiversidad. Esto sólo puede lograrse regulando los sectores económicos que son más destructivos –la agricultura industrial, la minería, energía, industria, turismo y el financiamiento proporcionado a todos ellos— y fortaleciendo la gobernanza en todos los niveles para lograrlo. Estos aspectos se están discutiendo por separado en un debate aparte sobre la transversalización o integración de la biodiversidad en todos los sectores".

Aunque la crisis climática ha ocupado los noticieros desde hace un tiempo, la crisis de la biodiversidad es por lo menos igual de grave. En realidad, se trata de múltiples crisis interconectadas que son el resultado de  fallas sistémicas de larga data. En 2019, el órgano científico IPBES puso de manifiesto la necesidad urgente de un  “cambio transformador” para evitar el colapso de la biodiversidad, que sería desastroso para los pueblos y el planeta. Por ejemplo, la pandemia de coronavirus ha dejado trágicamente al desnudo los  riesgos que implica la pérdida de ecosistemas para la salud pública mundial. 

Para tratar de dar respuesta a esta crisis, el  Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica (CBD) está discutiendo un Marco Mundial de la Diversidad Biológica (MMDB) –en los hechos, cómo “salvar” a la naturaleza. A menudo se hace referencia al CDB como el equivalente de las negociaciones climáticas pero para la biodiversidad, y al MMDB como el “Acuerdo de París en materia de biodiversidad”. Aquí analizamos el borrador actual.

Este nuevo marco sustituiría el Plan Estratégico Mundial para la Diversidad Biológica que se estableció para el período 2010-2020. Este plan anterior incluía varios elementos buenos, aunque faltaba que se implementaran sus 20  metas de Aichi y se quedaba bastante corto en su ambición en pos de cambiar realmente el sistema. Las Partes del CDB decidieron dejar de lado estas metas previas para negociar más bien otro nuevo plan.

Aunque podríamos preguntarnos si no hubiese sido preferible dedicar los esfuerzos colectivos a implementar adecuadamente  el plan existente, las discusiones sobre un nuevo marco representan una oportunidad real para enfrentar los verdaderos motores de la pérdida de biodiversidad y proponer un plan que promueva el cambio de sistema que con tanta urgencia se requiere.

En 2020, la sociedad civil, agrupada en la  alianza del CDB, trabajó en una  serie de indicadores para describir este cambio de sistema en términos de la biodiversidad, y cómo lograr un MMDB exitoso. Los patrones de producción y consumo y la expansión de los sectores económicos fueron identificados como los motores más importantes a encarar. A pesar de los llamados a favor de ‘cambios transformadores’, desde el inicio el  MMDB no parecía encaminado a mejorar a su antecesor en términos del abordaje de estas fuerzas motrices más sistémicas, estructurales, que siguen siendo consideradas solamente como “agentes indirectos” por el IPBES.

Filosofía endeble, largada en falso

Construidos sobre bases filosóficas endebles, algunos de los cuatro objetivos y 20 metas del marco actual son de índole dudosa.

Por ejemplo, el segundo objetivo es potenciar los beneficios que la naturaleza les brinda a las personas. En lugar de enfocarse en qué es lo que necesita la naturaleza para prosperar, se enfoca -de manera utilitaria- en lo que la naturaleza hace por nosotras/os. Esto se sostiene en una filosofía sumamente errónea: la idea de que la naturaleza es sustituible, que se le puede asignar valor y medir; y que se la debe considerar únicamente en términos de su utilidad para los seres humanos.

Una de las metas que adolece tal confusión es la relativa a la agricultura. Se enfoca en el papel de la naturaleza para “reducir en por lo menos un 50% las carencias de productividad”. ¿Por qué un convenio sobre biodiversidad se enfoca en la promoción de la producción agrícola y no en los impactos de esta producción que destruyen eso mismo que el convenio aspira salvar? La producción agrícola debería ser competencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y el CDB debería velar por la sustentabilidad de la biodiversidad dentro de la agricultura. Este es un ejemplo del poder de las grandes empresas mostrando su horrendo rostro. La agricultura industrial acarrea enormes impactos negativos para la biodiversidad en términos de acaparamiento de tierras, plaguicidas y monocultivos, por mencionar sólo unos pocos. Pero las soluciones verdaderas no empresariales tales como la agroecología se dejan de lado en el MMDB.

Otra meta en la que este utilitarismo se revela muy visiblemente es la relativa al clima. La biodiversidad está percibida como la solución para el cambio climático, entendida con arreglo al fallido concepto de ‘soluciones basadas en la naturaleza’ (SBN). Sin embargo, en ninguna parte se abordan los impactos del clima en la biodiversidad, mientras que la biodiversidad supuestamente debe contribuir a los objetivos climáticos proveyendo compensaciones de las emisiones. No se garantiza cuán biodiversos son los ecosistemas y en muchos casos se promueven incluso plantaciones de monocultivos de árboles, a menudo desprovistas de biodiversidad, como SBN.   

Con este tipo de filosofía, y la ausencia de una mentalidad de cambio de sistema, nunca se protegerá lo suficiente a la biodiversidad ni viviremos dentro de los límites planetarios.

El MMDB también carece de equidad. Los efectos del consumo del Norte global en la biodiversidad del Sur no pueden subestimarse. El extractivismo y las industrias sucias tienen un impacto particularmente enorme, con mucha de su producción trasladándose a países del Sur con costos más bajos para cumplir con la demanda de los consumidores del Norte. Esto nos lleva al complejo pero fundamental asunto de la transición justa y equitativa. El Sur global depende en muchos casos de la exportación de productos al Norte global, lo que deteriora su medioambiente. El Sur tendrá que hacer una transición para salir de este agujero histórico infernal y necesitarán apoyo para hacerlo.

Proteger a las comunidades que protegen a la naturaleza

Para combatir la pérdida de biodiversidad, se puede trabajar tanto en la protección de la biodiversidad como en evitar que haya más daños. Lo que es muy frustrante es que el borrador del MMDB se concentra demasiado en lo primero y tiene muy poco para decir sobre lo segundo, para pesar de la misma. Y en términos de sus planes para proteger a la naturaleza, comete varios errores fundamentales.

Hay un énfasis excesivo en las ‘Áreas Protegidas’. A la fecha, muchas áreas que supuestamente deben ser ‘protegidas’ siguen sufriendo invasiones y daños. Al mismo tiempo, se le presta muy poca atención a las áreas ‘no protegidas’, desconociendo la necesidad de garantizar la biodiversidad y su protección en todas partes. Además, el uso del suelo y las tierras se separa arbitrariamente entre tierras para la naturaleza y tierras para los seres humanos.

En las regiones donde viven Pueblos Indígenas, la conservación debería basarse primordialmente en el   manejo comunitario de bosques, con arreglo al cual quienes viven en armonía con la naturaleza son las/os que deben gestionarla y protegerla.  El 80% de la biodiversidad mundial que todavía sigue en buenas condiciones está en manos de estos Pueblos Indígenas y comunidades locales. Su derecho a gestionar el territorio conforme al conocimiento y las prácticas tradicionales debe ser un eje central del marco, no sólo porque es más eficaz, sino también en nombre de la justicia.

Sin embargo, más allá de la inclusión tardía de “ Otras medidas de conservación efectivas basadas en áreas”, el MMDB se esfuerza demasiado poco para apoyar a los Pueblos Indígenas y comunidades locales. Sus tierras son frecuentemente acaparadas en contra de su voluntad, y cuando se levantan en defensa de sus territorios son atacados violentamente y sufren  violaciones de derechos humanos. Si no se garantizan los derechos de las/os defensoras/os no será posible proteger el medioambiente y la biodiversidad. Es sumamente frustrante que para muchos en el CDB éste no sea un tema relevante. Además, las ‘áreas protegidas’ en sí mismas están vinculadas a violaciones de derechos humanos, ya que las comunidades a menudo son desalojadas de sus tierras al autorizárselas para fines de ‘protección’.

El CDB tiene una larga historia de involucramiento con los Pueblos Indígenas, que gozan de un estatus específico en el marco del convenio. Hay un grupo de trabajo dedicado a los temas indígenas, y se ha trabajado mucho en torno al conocimiento de los Pueblos Indígenas y su relación con la biodiversidad. Sin embargo, esta rica e invalorable historia se está perdiendo en el marco actual.

En este marco que se propone, la protección de la biodiversidad se basa en el concepto de ‘ ausencia de pérdidas netas’, fundado en las erróneas políticas de compensación (similares a la problemática noción de emisiones ‘ cero neto’ en los acuerdos climáticos). Permite, por ejemplo, que una empresa saquee un territorio para construir obras de infraestructura para minería prometiendo ‘proteger’ tierras en algún otro lugar. Un ejemplo es la compensación de biodiversidad de Río Tinto en Madagascar. Sería para reírse si no fuera tan peligroso. Hay que parar en seco el avance de estos proyectos extractivos, antes de que tengan la oportunidad de destruir la naturaleza y los medios de sustento, y hay que proteger la biodiversidad en sí y para sí. No mitigar su destrucción para ponerla al servicio de la codicia empresarial y las necesidades de los seres humanos.

Combate a los agentes de la pérdida de ecosistemas

Más importante incluso que proteger la naturaleza es ponerles freno a los motores de la pérdida de biodiversidad. Esto sólo puede lograrse regulando los sectores económicos que son más destructivos –la agricultura industrial, la minería, energía, industria, turismo y el financiamiento proporcionado a todos ellos— y fortaleciendo la gobernanza en todos los niveles para lograrlo. Estos aspectos se están discutiendo por separado en un debate aparte sobre la transversalización o integración de la biodiversidad en todos los sectores.

Desafortunadamente, es aquí donde ahora puede verse a la poderosa mano empresarial tomando el control del MMDB, tal como ha hecho con tantos otros acuerdos internacionales. Donde debería haber normas estrictas, hay muy poco de eso. Ese lugar lo ocupan ahora diversas falsas soluciones: autocertificación, normas voluntarias, diálogos con grandes empresas, y confiar en que los consumidores asuman su propia responsabilidad. ¿Dónde queda la rendición de cuentas?

Problemas del proceso

El Marco Mundial de la Diversidad Biológica posterior a 2020 debía haberse negociado en dos años y finalizado en la Conferencia de las Partes (COP) del CDB en octubre de 2020. Pero la pandemia de Covid determinó que no fuera así. Ahora mismo se están llevando a cabo negociaciones virtuales y la COP se pospuso para octubre de 2021. Estamos a más de la mitad del proceso, que no recorre necesariamente un camino lógico. Por ejemplo, a pesar de no haber acuerdo sobre las metas y objetivos mismos del marco, las discusiones sobre los indicadores respectivos han seguido adelante sin descanso. Cabe preguntarse: ¿qué sentido tiene trabajar en los detalles cuando la estructura principal aún no fue definida?

Las negociaciones virtuales se están convirtiendo en práctica habitual en la era de las restricciones a los viajes por la pandemia de Covid-19, y muchos las saludan como un giro positivo que permite que ‘quienquiera’ participe desde cualquier lugar del mundo. Pero esto sencillamente no es verdad. Las negociaciones virtuales son profundamente injustas. Los países del Norte están bien preparados contando con conexión a Internet bastante fiable. Esto no es lo que sucede en el Sur global: a menudo cuando se le da la palabra a una nación del Sur, se escucha silencio. Las grandes diferencias de uso horario son otro problema. La participación de la sociedad civil y los Pueblos Indígenas que son la base misma de la conservación de la biodiversidad se ve aún más relegada. ¿Cómo pueden participar los Pueblos Indígenas si  o suelen disponer de conexión a Internet? Este proceso además conlleva un recorte adicional del ya de por sí escaso e insuficiente tiempo que se les otorga a las organizaciones de la sociedad civil y a los pueblos afectados para sus intervenciones. Todo ello redunda en un verdadero déficit democrático de las negociaciones virtuales.

A pesar de sus deficiencias hasta la fecha, el Marco Mundial de la Diversidad Biológica todavía representa una gran oportunidad para enfrentar colectivamente la pérdida de biodiversidad de manera adecuada y proactiva. Los grupos de la sociedad civil que forman parte de la Alianza del CDB continúan luchando por un marco que salvaguarde verdaderamente los derechos y el papel de los Pueblos Indígenas y comunidades locales y que proteja la biodiversidad en sí y para sí.

Nele Marien es coordinadora internacional del programa de Bosques y Biodiversidad.

Fuente: Amigos de la Tierra

Temas: Biodiversidad, Tierra, territorio y bienes comunes

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