Naturaleza en llamas: Incendios y agronegocio en el Cono Sur

Idioma Español

Una publicación elaborada por varias organizaciones de América del Sur, mostró que los incendio ocurridos en 2019 y 2020 estuvieron relacionados con la expansión del monocultivo de la soja, la ganadería y la industria camaronera que se expanden a costa de bosques amazónicos y secos tropicales, humedales y otros ecosistemas naturales. Estos grandes fuegos provocan alteraciones significativas en el sistema natural, pérdida de biomasa, fragmentación de hábitats y pérdida de especies endémicas de la región; muerte de semillas. La biomasa en combustión transfiere calor a los suelos, modificando las poblaciones de hongos y bacterias —responsables del ingreso de nutrientes al suelo y altera procesos ligados al régimen térmico e hidrológico. 

Los grandes complejos de soja, ganadería, madera e infraestructura asociada (puertos, carreteras, ferrocarriles) son los principales actores en la expansión de la frontera agrícola en esta región. Los actores de la cadena de la carne incluyen ganaderos, empresas multinacionales de carne de res, la industria camaronera, las instituciones financieras internacionales, supermercados, cadenas de comida rápida y los gobiernos locales y nacionales, son los responsables directos o indirectos de esta destrucción.

Estos incendios han vulnerado derechos de comunidades indígenas, quilombolas y asentamientos de la reforma agraria (en el caso de Brasil), pueblos indígenas, comunidades de pescadores artesanales (en el caso de los humedales), comunidades campesinas; siendo uno de los casos más dramáticos las comunidades en aislamiento voluntario del Gran Chaco, donde el agronegocio avanza agresivamente sobre su territorio tradicional, haciendo uso del fuego.

Aunque el fuego lo han usado siempre las comunidades en sus prácticas agrícolas, en la conducta corporativa hay un cambio de escala e intensión, pues se trata de transformar los ecosistemas naturales en monocultivos, pastos para la ganadería industrial y proyectos inmobiliarios.

En Brasil, la agroindustria sigue la línea de fuego, entrando en zonas de preservación ambiental y tierras indígenas, con protección legal. Los incendios allanan el camino a la industria para la transformación de reservas ecológicas y áreas con cultivos de subsistencia. La región occidental del Estado amazónico de Pará ha sufrido una fuerte presión por parte del agronegocio en la última década, siendo los incendios parte de las estrategias para su expansión. Los días 10 y 11 agosto de 2019, se declaró el “Día del Fuego”, bajo la responsabilidad de grandes terratenientes, empresarios y acaparadores de tierras, rompiendo la convivencia histórica y el manejo de la selva amazónica por comunidades tradicionales.

Los fuegos consumieron en el Pantanal 1 millón 700 mil hectáreas, y cinco grandes haciendas ganaderas fueron responsables de 117 mil 783 ha quemadas. La Tierra Indígena Xingú, hogar de 16 pueblos diferentes, es el territorio indígena de Brasil que más sufrió por los incendios en 2020, con 102 mil 918 hectáreas devastadas.

El Cerrado, la sabana con mayor biodiversidad del mundo, es el nuevo frente de expansión de los monocultivos de soja en Brasil, asociado con incendios forestales. 

La deforestación en el Gran Chaco, la segunda área boscosa más grande de América del Sur, está asociada con los monocultivos de soya, y un sector ganadero en auge, que continuamente busca nuevas tierras para la creación de pastizales, lo que contribuye fuertemente a la generación de incendios antropogénicos estacionales en los últimos años.

Las comunidades indígenas del Gran Chaco Paraguayo, con asentamientos milenarios en la región, han sentido el impacto del doble fenómeno (deforestación e incendios), lo que es especialmente grave para los ayoreo, un pueblo en aislamiento voluntario, que vive históricamente como cazadores-recolectores en el Gran Chaco.

Durante la última semana de septiembre 2020 se identificaron 276 focos de incendios dentro del territorio históricamente ancestral ayoreo, de los cuales 91 incendios provenían de la estancia ganadera “Yaguareté Pora”. Otros incendios se produjeron en cooperativas menonitas. Esto los obliga a migrar, aumentando drásticamente la posibilidad de encuentros no deseados con grupos no indígenas.

Los incendios forestales en Bolivia alcanzaron cifras históricas en 2020. La Chiquitania y el Chaco boliviano fueron los ecosistemas más afectados por el fuego, a lo que se suma las sabanas tropicales del Beni. La gran mayoría de estas áreas corresponden a áreas boscosas, y el 30% de estas áreas (1 millón 600 mil ha) se quemaron por primera vez. 

En las zonas bajas de Bolivia, con incendios masivos, se impulsa desde hace décadas la producción agroindustrial de soja y la ganadera. Entre los lugares más afectados por los incendios están puntos estratégicos para las exportaciones soyeras, principalmente en dos áreas identificadas como “Ganadería Intensiva Chiquitania-Pantanal” y el Complejo Productivo “Plantaciones Comerciales”.

Los incendios afectaron a 26 Territorios Indígenas Originario Campesino (TIOC) (789 mil 726 ha incendiadas), siendo los más pueblos afectados los chiquitanos, los ayoreos, los guarayos, los cayubaba, los baures, los sirionó y los araona. El 25% de los incendios afectaron al Parque Nacional Noel Kempff Mercado, el Área Protegida Municipal Reserva de Copaibo, el Santuario Ambue Ari y las reservas Kaa Iya, San Matías, Madidi, Aguaragüe o Iñao, y Kaa Iya del Gran Chaco.

El Servicio Nacional de Manejo del Fuego reportó que entre enero y noviembre 2020, se quemaron unas 898 mil 755 ha en el territorio argentino. Las tres regiones más afectadas son Córdoba (con más de 315 mil 944 ha quemadas), Entre Ríos (286 mil 326 ha) y el Chaco (más de 85 mil ha). El 95% de los incendios forestales son generados por causas antrópicas y entre las primeras causas se encuentra el uso del fuego para la preparación de áreas para la ganadería.

La zona oriental del Chaco argentino, los ganaderos queman para renovar sus pasturas. En la zona occidental los incendios se producen para incorporar tierra a la agricultura, proceso llamado sojización. En las ciudades, los emprendimientos inmobiliarios, queman en áreas que no se puede construir.

Las reservas naturales como los parques naturales El Loro Hablador, Parque Provincial Fuerte Esperanza, Parque Nacional El Impenetrable, están muy amenazadas, porque hacia allá avanza la frontera agrícola, un territorio ocupado por comunidades indígenas qom y wichi.

La mayoría de los campos que se incendian tienen autorización del Estado para hacer un cambio en el uso del suelo, lo que significa pasar de la actividad forestal a la denominada silvopastorial: el manejo de monte con la incorporación de ganadería.

Los fuegos en las Sierras de Córdoba, —territorio ancestral de comunidades trashumantes comechingona, desalojadas en los siglos XVI y XVII— están relacionados con el avance inmobiliario. Sus tierras fueron transformadas en estancias rurales, produciéndose fuertes cambios culturales, acompañados de desmonte y modificación del paisaje serrano, acompañado por la quema del monte nativo. Zonas protegidas del territorio serrano se vive también el avance inmobiliario.

En Entre Ríos, en la región del Delta del río Paraná, se quemaron 17 mil 500 km2, afectando áreas constituidas por grandes pajonales, lagunas, arroyos internos y albardones con árboles. El territorio incendiado abarca áreas protegidas (reservas, sitios Ramsar y Parques Nacionales). 

El Delta del Paraná, es el segundo delta más importante de Sudamérica, cumple funciones diversas y fundamentales como el control de inundaciones, la retención de sedimentos y nutrientes, la estabilización de costas, la protección contra la erosión, la regulación del clima. Los pobladores locales son cazadores, pescadores, puesteros, productores de ganado y apicultores, y son quienes sufren tanto de los incendios como de las inundaciones generadas por la deforestación.

La utilización de la región del Delta como área ganadera representó una sobrecarga de animales que en sí misma genera otros efectos sobre el equilibrio de los ecosistemas locales.

En Ecuador, los incendios en el humedal La Segua, están relacionados con la expansión camaronera. Aunque es un humedal pequeño, su importancia radica en estar ubicado en una zona con déficit de agua. Su destrucción tendrá impactos negativos tanto en la vida de la gente, como de la flora y fauna asociada al humedal.

Al cerrar el curso de agua del humedal, las camaroneras han ocupado 820 hectárea, y evitan que el agua de los ríos Chone y Carrizal alimenten el ecosistema, haciéndole propicio a los incendios.

Hay muchos responsables por estos incendios, y muchos afectados. Una forma de apoyar a quienes enfrentan esta problemática desde los consumidores es dejar de consumir aquellos productos que en algún tramo de su proceso productivo incluye procesos de transformación y quema de ecosistemas naturales.

- Para descargar la editorial en PDF, haga clic en el siguiente enlace:

La publicación puede leerse en:

https://www.naturalezaconderechos.org/2021/03/11/naturaleza-en-llamas-incendios-y-agronegocios-en-america-del-sur/

Temas: Agronegocio

Comentarios