La antiayuda

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David Llistar en su libro Anticooperación (Editorial Icaria) desmenuza el conjunto de relaciones que, impulsadas desde el Norte global, acaban generando interferencias negativas en el Sur global, y las bautiza así: la anticooperación. Esta cooperación nociva es mucho más poderosa que el concepto contrario: la cooperación o más específicamente la ayuda al desarrollo.

Así el ensayo de Llistar alienta a enfocar el trabajo de las organizaciones de cooperación también hacia la denuncia de todas las formas de anticooperación.

Algunas son conocidas (la deuda externa, el dumping, etc.), otras más sutiles, hay que desenmascararlas. Como las que salen de casa disfrazadas de solidarias para camuflarse en el paisaje de la filantropía. Estamos hablando de intereses económicos a veces, geopolíticos otras, maquillados como ayuda que se acaban convirtiendo en dominación y explotación. Como si un criminal te asesinará vestido de enfermero. O como si con un fondo de ayuda al desarrollo se utilizará para aumentar la deuda a los países más necesitados, beneficiando, paradójicamente, al país donante con el cobro del crédito.

Ya lo han descubierto, ¿verdad? Sí, efectivamente, desde hace más de 30 años el Estado español ayuda desayudando o desayuda diciendo que ayuda con los llamados (como no podía ser de otra manera) Fondos de Ayuda al Desarrollo (FAD). Los créditos FAD –dicen- pretenden favorecer el desarrollo de los países receptores a la vez que favorecer la internacionalización de la empresa española. Normalmente consiguen éste segundo objetivo. Y, normalmente, empeoran el primero, pues la concesión de fondos retornables (que incrementará la deuda externa y eterna del país receptor) para proyectos adjudicados a empresas española, muchas veces no pasan los filtros de idoneidad, de interés para la población beneficiaria, estudios de impactos, etc. que pasaría cualquier proyecto de la ‘verdadera’ cooperación al desarrollo. El resultado es entonces que con presupuestos computados como ayuda al desarrollo se financia la antiayuda al desarrollo.

La presión de muchas organizaciones ( Quién debe a quién) ha llevado a la revisión de estos fondos. El Proyecto de Ley, si el proceso parlamentario no lo corrige, se puede resumir en pocas palabras: continuarán siendo fondos antiayuda.

Gustavo Duch Guillot

Temas: Defensa de los derechos de los pueblos y comunidades

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