Agricultura familiar versus agronegocios

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Los subsidios que sirven al dumping (comercio desleal) y desequilibran el intercambio internacional deben ser abolidos, pero no el apoyo a la agricultura familiar que forma parte de políticas de desarrollo rural y de seguridad alimentaria

Esa posición, que matiza la lucha contra los subsidios y el proteccionismo agrícola, será llevada por representantes campesinos y de la sociedad civil a la Sexta Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que tendrá lugar en Hong Kong del 13 al 18 de diciembre.

Un acuerdo que sólo amplíe el acceso a mercados ricos podría beneficiar exclusivamente al agronegocio exportador y a las grandes transnacionales que controlan precios y mercados, evaluó para IPS Adriano Campolina, director regional de la organización no gubernamental internacional Action Aid.

El resultado puede ser peor si se canjea "la reducción del dumping" (venta de bienes a precios inferiores a sus costos de producción) de los países industriales por una mayor apertura comercial de las naciones en desarrollo, porque en Brasil "sólo ganaría 15 por ciento de los cultivadores (grandes patronos), perdiendo el 85 por ciento restante, los agricultores familiares", ejemplificó.

Un acuerdo así ampliaría el mercado externo para la soja y otros productos del agronegocio, pero aumentaría la importación de alimentos, intensificando la competencia y bajando los precios en el mercado interno, explicó.

Si las concesiones a la Unión Europea (UE) y Estados Unidos se hacen en el sector de servicios y bajando los aranceles no agrícolas, "entonces perdería toda la sociedad brasileña", con desempleo en el sector industrial y el dominio de grandes corporaciones extranjeras sobre áreas como saneamiento básico, bancos y otros servicios, acotó.

Pero no hay perspectivas de un acuerdo en Hong Kong ante las propuestas insatisfactorias de las partes, principalmente de la UE en materia de abatimiento de subvenciones al agro.

"El formato actual" de las negociaciones constituye "un retroceso con relación a Doha" (sede de la cuarta conferencia ministerial que lanzó en 2001 la actual ronda de la OMC) y hace "improbable" cualquier acuerdo en Hong Kong, sostuvo Campolina.

El gobierno brasileño y los demás países en desarrollo no deben aceptar ningún acuerdo que "ponga en riesgo la soberanía nacional para adoptar políticas de desarrollo rural", afirmó Alberto Broch, vicepresidente y director de Relaciones Internacionales de la Confederación Nacional de Trabajadores en la Agricultura (Contag).

Esta federación de los sindicatos campesinos (que reúne a trabajadores rurales y pequeños agricultores), presentó a la cancillería brasileña un documento recomendando que el acceso de los exportadores a los mercados ricos no se obtenga sacrificando "la necesaria protección a la agricultura familiar", reveló Broch a IPS.

Eliminar las protecciones que provocan el dumping beneficiaría a todos, aumentando las exportaciones y los precios internos, reconoció. Pero se debe considerar que hay "distintas agriculturas" en un mismo país, que exigen tratamientos diferentes, ya que los pequeños están "desprotegidos y tienen que vender pronto su producción al no disponer de condiciones para almacenarla" y esperar mejores precios, observó.

La diferencia entre la pequeña agricultura y el agronegocio fue destacada en el Congreso que fundó la Federación de los Trabajadores de la Agricultura Familiar en Brasil, una competidora de la Contag.

Los agricultores familiares brasileños tienen más en común con sus homólogos europeos que con el gran productor agrícola de este país, por tanto la disputa está más vigente entre una agricultura familiar y el llamado agronegocio dentro de Brasil que entre agriculturas de distintos países, se afirmó en el Congreso celebrado en Luziania, ciudad cercana a Brasilia.

Esa es una diferencia "ideológica" que se introdujo en las negociaciones mundiales, lamentó Gilman Rodrigues, responsable de negociaciones internacionales de la Confederación de la Agricultura y la Ganadería (CNA) brasileña, que agrupa a los grandes productores.

El fin de los subsidios que distorsionan el comercio beneficiaría a todos en Brasil, aseguró Rodrigues, ejemplificando con el caso de la leche. Sin los abultados subsidios europeos, de 48.000 millones de dólares al año, Brasil no importaría leche de ese origen, se elevarían los precios internos y se abriría el espacio incluso para la exportación de ese alimento, aun de pequeños productores, sostuvo.

Gran parte de la producción lechera brasileña proviene de la agricultura familiar, cuyo problema "no es su tamaño, sino la calidad de su producto", porque la escala se resuelve con cooperativas y otras asociaciones, arguyó Rodrigues, un hacendado ganadero.

En las negociaciones de la OMC no existe amenaza de extinción de los "subsidios sociales" o del apoyo a la pequeña producción, aseguró. El Programa de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar (Pronaf) de Brasil, que ofrece crédito blando, corresponde a solo tres por ciento del valor de la producción agrícola, muy inferior al permitido por las reglas internacionales, destacó.

La existencia del Pronaf o la competitividad exportadora de la agricultura brasileña no pueden servir de argumento, como pretendió Estados Unidos, para debilitar el reclamo de Brasilia y del Grupo de los 20 (G-10) países en desarrollo contra los subsidios de países ricos.

El "subsidio económico" en Estados Unidos y la Unión Europea se concede por "cantidad de producción, estimulando la productividad y el crecimiento de las propiedades mediante la adquisición de tierras a los pequeños" productores, al contrario de los fines del Pronaf y de otros apoyos a la agricultura familiar, razonó.

TERRAVIVA, Internet, 9-12-05

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