Cuando una crisis afecta al sistema alimentario industrial, ¿quién distribuye los daños?

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La guerra en Irán está poniendo de manifiesto la gran volatilidad de las cadenas de suministro mundiales relacionadas con la agricultura industrial y los combustibles fósiles. Un nuevo informe  del Grupo ETC argumenta que si la industria alimentaria mundial sufre una crisis, los grandes comerciantes de cereales pueden especular acaparando y reteniendo cantidades inmensas de cereales, mientras aumentan los precios para beneficiarse de ello.

Cantidades masivas de trigo, arroz, maíz, semillas oleaginosas y otros alimentos básicos se acumulan y almacenan en todo el mundo. Sin embargo,  los registros  de las cosechas almacenadas se mantienen en secreto.  

Esta información privilegiada solo la conocen un puñado de gigantescas empresas de productos agrícolas. Cinco de ellas —Cargill, ADM, Bunge, Louis Dreyfus Company (LDC) y COFCO— controlan alrededor del 80 % de los cereales y semillas oleaginosas que se comercializan a nivel mundial.

En Grupo ETC, identificamos  a estos comerciantes de productos agrícolas como “especuladores del hambre”. Nuestro último informe,  Codicia y Oligopolios, explica cómo utilizan su capacidad de almacenamiento para acaparar y retener alimentos durante tiempos de escasez y así contribuir a que suban los precios.

Denunciamos que este conjunto de empresas configuran un oligopolio: un pequeño número de corporaciones que controlan los precios, el suministro y las tendencias del mercado global. El dominio del mercado que tienen es tan grande que solamente tres compañías —ADM, Bunge y COFCO—, pueden almacenar el equivalente al consumo anual de trigo de Estados Unidos, Reino Unido y Turquía juntos.

Los especuladores del hambre tienen ojos y oídos en todas las etapas del proceso industrial de producción de alimentos. Con una presencia cada vez más invasiva en los campos de cultivo y cada vez más información digitalizada, pueden rastrear los cultivos y supervisar las cadenas de suministro en tiempo real utilizando plataformas de análisis con inteligencia artificial. Esto les permite anticiparse a las tendencias del mercado, con información privilegiada a la que ni siquiera nuestros gobiernos e instituciones multilaterales pueden acceder.

Sin embargo, a medida que manipulan el sistema y sus ganancias siguen aumentando, las cadenas de suministro mundiales son cada vez más vulnerables a las crisis. El bloqueo iraní de la ruta marítima del estrecho de Ormuz ha puesto de manifiesto, una vez más, la preocupante volatilidad de la agricultura industrial y las cadenas de distribución de combustibles fósiles.

No es la primera vez que nuestras investigaciones denuncian la concentración de poder e influencia de los oligopolios de productos agrícolas. Pero la inestabilidad mundial que aumenta con el belicismo de Trump y Netanyahu y los impactos del calentamiento global en la agricultura, hacen de este informe una verdadera llamada de emergencia a gobiernos y sociedad civil de todo el mundo.

Entonces, ¿qué se puede hacer?

Al igual que las empresas de combustibles fósiles deberían quedar excluidas de las negociaciones climáticas de la ONU, las empresas con intereses creados en la agricultura y la alimentación deberían quedar excluidas de las negociaciones sobre alimentación y clima.

También consideramos que debería establecerse un Marco de Responsabilidad Corporativa vinculante a nivel de las Naciones Unidas, cobijado por el Consejo de Derechos Humanos, para ayudar a frenar la interferencia de las empresas y hacerlas responsables de los impactos de sus actividades.

Nos unimos a movimientos de todo el mundo en el foro Nyéléni, celebrado en Sri Lanka en 2025, para trabajar juntos en la transformación del sistema alimentario.  La Declaración de Kandy estableció una hoja de ruta hacia la transformación sistémica, para los movimientos populares y organizaciones de todo el mundo.

Al igual que todos los sistemas que sustentan la vida y que se encuentran bajo presión —bosques, selvas, sabanas, el agua, el suelo y los sistemas climáticos—, los sistemas alimentarios no pueden seguir siendo objeto de especulación en el mercado mundial para la obtención de beneficios empresariales. Como exigen miles de movimientos que luchan por la soberanía alimentaria en todo el mundo: las necesidades y el futuro de quienes producen, distribuyen y consumen alimentos deben estar en el centro de las políticas alimentarias, y no las demandas de los mercados y las empresas.

Por Verónica Villa, investigadora y activista sénior del Grupo ETC (Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración)

Fuente: Grupo ETC

Temas: Corporaciones, Sistema alimentario mundial

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