El maíz transgénico importado será más barato. Y nos traerá mil problemas

Idioma Español
País Guatemala

En 2017 fui la aprendiz de una pequeña granjita en el Cantón Choquí, cerca de Xela. Un día, era la hora del almuerzo, estábamos a punto de comer con doña Lulú, la niña Madeline y don Checha. Justo antes de tomar el primer bocado, observé mi plato, me fijé en los tantos colores que lo componían y de pronto, se me humedecieron los ojos. Me conmoví, veía todo en lo cual yo creía.

Tenía una paleta de cuatro o cinco colores variados, de diferentes verduras y hierbas nativas, todas producidas a diez metros de la mesa, por esta familia, y cultivadas sin agro-tóxicos. Era justamente mi lema: comer local, de la agricultura campesina, y producido de manera limpia para el suelo y para el cuerpo.

Soy estudiante tardía de agronomía y seguiré defendiendo al pequeño campesinado y la agricultura familiar porque son los y las pequeñas agricultoras en el mundo quienes permiten que 70% del planeta se alimente. El otro 30% está alimentado por un número muy escaso de poderosas agro-industrias que destruyen los suelos, la biodiversidad y que uniformizan los gustos y sabores. [1]

Urge defender la biodiversidad, la variedad y la libertad de las personas que producen. Por estas razones necesitamos apoyar el concepto de soberanía alimentaria. Ésta  incluye la seguridad alimentaria y principalmente, el derecho de los pueblos a decidir sobre sus políticas agrarias y alimentarias.

Es por el derecho a decidir sobre lo que hay en nuestros platos que no queremos ninguna semilla ni planta privatizada.

Desafortunadamente, el 1 de octubre  entró en vigencia un “Reglamento técnico de bioseguridad de organismos vivos modificados (OVM) para uso agropecuario”. Es decir que se va a permitir en Guatemala la importación, comercialización y siembra de semillas transgénicas que son únicamente propiedad de grandes empresas.

Se supone que esta es una solución para luchar contra el hambre. Esta es una falsa solución.

Son cuatro o cinco megaempresas (Syngenta, Bayer-Monsanto, Dupont…) las que controlan el total de semillas transgénicas en el mundo; son las mismas, las mayores fabricantes de agroquímicos.

Los transgénicos son vendidos como un “paquete” (herbicida agrotóxico + semillas transgénica) muy lucrativo para las megaempresas.

Se le afirma al agricultor que para que su parcela esté “limpia”, el herbicida será la solución fácil y que la semilla transgénica que se le vende, tendrá un alto rendimiento. A primera vista esto parece ser la panacea por la eficiencia y el rendimiento, pero esa semilla transgénica no se podrá volver a sembrar por infértil y eso mantendrá las manos del agricultor atadas hacia la mega empresa. Además, se ha estudiado que, durante los últimos 30 años, la agricultura industrial y su introducción de cultivos transgénicos  han llenado el ambiente de agrotóxicos y transformaron la producción alimentaria global en una mercancía únicamente para los intereses de las grandes empresas transnacionales.

Toca escuchar a la  Red Nacional por la Defensa de la Soberanía Alimentaria de Guatemala. Las semillas supuestamente “mejoradas” no han mejorado la situación del hambre, al contrario, como lo afirma también la Vía Campesina: “Para alimentar al mundo no se necesitan cultivos uniformes, de alta tecnología. Se necesita una diversidad de semillas en manos de millones de productores pequeños y medianos. El avance de las corporaciones de agronegocios, con transgénicos y agrotóxicos,  amenaza gravemente esta opción, que es la que ya alimenta a los más pobres y a la mayoría de la humanidad.”

El maíz transgénico importado será más barato que el local y obligará al agricultor a migrar, cuando lo que queremos es un tejido rural fuerte para el desarrollo del país.

Necesitamos de la participación de los pueblos indígenas, de todos los agricultores familiares y del reconocimiento de sus derechos, porque desempeñan un papel fundamental en la producción agrícola y por ende en la alimentación. Las semillas han demostrado también ser muy eficientes en sus zonas nativas pese al cambio climático. Siendo Guatemala un país mega diverso, esa biodiversidad con visión de lucha contra el hambre y defensa de las semillas nativas es lo que debería predominar.

[1]“Alrededor de 500 millones de los 570 millones de explotaciones agrícolas mundiales están a cargo de familias. Ellas son las principales cuidadoras de nuestros recursos naturales. Como sector, suponen el mayor empleador del mundo, suministran más del 80 % de los alimentos del mundo en términos de valor, son a menudo los principales productores de alimentos frescos y prosperan con la producción lechera, de aves de corral y ganado porcino.” J osé Graziano da Silva, director general de la FAO.

Fuente: Plaza Pública

Temas: Biodiversidad agrícola, Transgénicos

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