Feria de Semillas de Catamarca: “No somos pequeños productores, somos grandes productores con pequeñas oportunidades”

Idioma Español
País Argentina
Foto: Daniel Sticotti

El sábado pasado se celebró la veinteava edición de la Feria de Semillas Nativas y Criollas de Catamarca, un lugar de intercambio de semillas y saberes sobre la agricultura que reúne a campesinos y campesinas de varias provincias de Argentina. Compartimos algunas de las voces de quienes participaron.

Por Ignacio Marchini para la agencia de noticias BiodiversidadLA

El sábado 10 de septiembre, el Club Los Andes del pueblo de Tatón rebalsaba de gente. Desde temprano, manos curtidas por el sol y la tierra acomodaban verduras, emprolijaban tejidos y alineaban conservas sobre hileras de mesas amparadas del sol por un toldo gigante. Con paciencia, cientos de productores y productoras agrícolas armaban sus puestos para exhibir, con orgullo, los frutos de su trabajo en el campo. En cada puesto, sobre una tela verde, colocaban con delicadeza el elemento central, ese que unía como un hilo invisible a todas las personas congregadas: las semillas.

Poco antes de las 10 de la mañana ya estaba armada la Feria de Semillas Nativas y Criollas de Catamarca, una celebración anual que convoca, durante un día entero, a cientos de campesinos y campesinas que se acercan a la provincia norteña desde distintos puntos del país. Hasta bien entrada la tarde, integrantes de organizaciones sociales, autoconvocadxs y trabajadores y trabajadoras rurales provenientes de las provincias de Chaco, Santiago del Estero, Misiones, Salta, Buenos Aires y Catamarca compartieron saberes sobre la agricultura e intercambiaron semillas y productos regionales. Mientras, el aire seco que rodeaba al pueblo de Tatón, en el departamento de Tinogasta, se mezclaba con la música de las bandas locales que tocaban, sin parar, desde chacareras hasta pasodoble y cumbia.

Una de las personas que se acercó, por primera vez desde que se organiza la Feria, fue Nelli Véliz, una productora rural que vive en la localidad de La Breita, en el departamento de Guasayán. Ella forma parte, desde sus inicios, del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE), que hace poco más de un mes cumplió 32 años de existencia. “Producimos tanto para el consumo de nuestra organización como para alimentar a los pueblos y a nuestras comunidades”, contó la mujer que aprendió a cultivar y a conservar la semilla a través de sus abuelxs y que fue a la Feria, junto con 40 compañerxs de su organización, a ofrecer los alimentos que producen en forma comunitaria y organizada.

En el período de aislamiento más duro de la pandemia del covid19, que se llevó a varios seres queridos de los y las integrantes del MOCASE, la capacidad de respuesta y la organización del movimiento campesino fueron centrales a la hora de garantizar las necesidades básicas de las comunidades. Según contó Nelli, “en la ciudad, el Estado estaba muy ausente con la gente que estaba aislada y en el campo fue enorme la diferencia. El comisionado entregó algunos productos no perecederos pero nosotros como organización preparábamos los alimentos para 35 familias. En cada casa hay siete u ocho niños que tienen que comer. Hacíamos pan, mermeladas, miel, azúcar, yerba, leche, el eucalipto para hacernos los vapores y comprábamos termómetros para tomar la temperatura”. Además, resaltó la labor de las nuevas generaciones, ya que “los hijos que ya son jóvenes adultos, y que es un grupo muy lindo que trabaja en la organización, se ponían su barbijo, se subían a la camioneta y dejaban en las puertas de las casas los bolsones para las familias que estaban aisladas. Así han aprendido cuán importante es el campo porque podemos producir todo, no había necesidad de ir al súper”.

Nelli Véliz, integrante del MOCASE. Foto: Daniel Sticotti

Santiago del Estero fue noticia la semana pasada cuando la jueza Ana Cecilia Vittar, a pedido de la fiscal auxiliar Luján González Garay, ordenó la detención de Deolinda Carrizo, una de las referentas del MOCASE-Vía Campesina (una organización diferente, pero del mismo origen que el MOCASE a secas) y directora nacional de Género e Igualdad de la Subsecretaría de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena. Además de Deolinda, emitió órdenes de detención contra ocho integrantes más, acusadxs de interferir en un desalojo. “Como fue Deolinda pude haber sido yo, porque si hubiera sido en mi zona seguro iba yo a acompañar a la familia que iban a desalojar”, explicó Véliz.

El vínculo con el Estado siempre ha sido difícil, más allá de la persecución judicial y la insuficiente respuesta para garantizar plenamente derechos básicos. El MOCASE, además de producir y abastecer de alimentos frescos a las comunidades de Santiago del Estero, es un movimiento en defensa de la tierra, de los bosques y del agua, que son recursos que escasean cada vez más y sin los cuales las y los campesinos no pueden vivir. La incomprensión por parte del gobierno local de las problemáticas que afectan a las poblaciones rurales quedó graficada en la última reunión que tuvieron con autoridades gubernamentales de la provincia puntana, según contó Nelli Véliz: “Un funcionario me dice ‘bueno, el agua para el consumo humano lo podemos solucionar’. Pero, ¿qué pasa si el campesino tiene agua para tomar pero no para criar a los animales o para poder hacer una huerta? Sin tierra, agua y monte no somos nada”.

Saberes ancestrales, voces nuevas

Entre todos los puestos, uno se destacaba por una bandera enorme que lo enmarcaba. En ella se podía leer “Unión de los Pueblos de la Nación Diaguita (UPND)”, una organización intercomunitaria de 12 comunidades diaguitas que participa hace más de 15 años de la Feria de Semillas. Lxs diaguitas todavía practican el trueque en eventos similares a las ferias, llamados cambalaches, que comparten el mismo espíritu comunitario y anticapitalista.

En casi todos los puestos de la Feria la banda etaria es bastante homogénea. Las guardianas de la semilla (mujeres en su mayoría) suelen ser personas mayores, que adquirieron sus conocimientos de abuelos y abuelas y que esperan poder pasarlos a las nuevas generaciones, un deseo que corre peligro debido al éxodo cada vez mayor de los y las jóvenes a la ciudad. Es por eso que la presencia de Milagros Romero, una cacica de 20 años de mirada serena y tono de voz tranquilo, no pasa desapercibida.

Milagros heredó el liderazgo de la comunidad de su abuelo, el anterior cacique, ya que la madre de la muchacha rechazó el honor debido a una enfermedad en los huesos. Al poco tiempo de comenzar a participar en las asambleas de la Unión Diaguita, le ofrecieron a la joven representar a su comunidad indígena de Toro Yaco y no dudó. “Es muy importante para mí, porque siento que me tienen en cuenta y representar a las personas más grandes es un orgullo porque ellas esperan mucho de nosotros y nosotros tenemos mucho para dar”, contó sobre el rol de ella y lxs jóvenes en la comunidad.

Foto: Daniel Sticotti

Poco tiempo antes de que ella asumiera el cargo de cacica, hubo un proyecto de instalar una represa hidroeléctrica en la comunidad de Toro Yaco. “Querían entubar el agua para llevarlo a la mina, poner el dique en medio del pueblo y correr las casas a un costado, cuando hemos vivido toda nuestra vida ahí”, explicó Romero. Esa fue su primera experiencia contra las mineras y desde ahí supo que ese era su lugar, junto a su comunidad. La UPND no dejó pasar al gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, y logró que el gobierno catamarqueño firmara un acta en la que se comprometía a no avanzar con el proyecto.

Desde ese entonces, la joven cacica comprendió que debían andar con cuidado a la hora de dialogar con los funcionarios del Estado: “Nosotros tenemos concepciones muy diferentes de la política, tenemos otros intereses, que son insignificantes para ellos. Todo lo que dicen lo tomamos con pinzas, si les damos la mano ya quieren quedarse con todo, no nos llevamos bien. Tenemos nuestra propia política cultural y con la política de ellos no tenemos nada que ver”.

21 años en defensa de la semilla

La primera Feria de Semillas Nativas y Criollas de Catamarca sucedió hace 21 años, allá por 2001, en un país devastado por una crisis económica y social que aún reverbera en la memoria colectiva de Argentina. La idea surgió a partir de las ferias locales del pueblo de Belén, ubicado en el departamento catamarqueño del mismo nombre.

Una de las ideólogas de la Feria que hoy en día convoca a cientos de campesinos y campesinas de varios puntos del país es Mercedes Carrizo, una productora oriunda de Medanitos, en Tinogasta, que asistía asiduamente a las ferias de intercambio en Belén. Mucha gente no podía asistir por no tener los medios de transporte, por lo que “la Mecha”, como le dicen cariñosamente, pensó que sería buena idea organizar una feria que vaya rotando por las distintas localidades de Catamarca. Entonces, se puso en contacto con Manuel, un compañero de Bienaventurados los Pobres (Be.Pe.), una organización que hace 38 años que trabaja en Catamarca y Santiago del Estero con una mirada agroecológica, anti extractivista, popular y con perspectiva de género. Junto con colectivos de campesinos y campesinas que a la postre conformarían la Asociación de Campesinos del Abaucán (ACAMPA), decidieron organizar la primera Feria de Semillas Nativas y Criollas de Catamarca.

“Ese año la hicimos en el club de la localidad La Soledad”, rememoró Mecha, “pero era una feria tan chiquita que para muchos habrá sido insignificante. Pero para mí fue algo grande, porque ese año teníamos poquitas semillitas, ya se estaban perdiendo muchas variedades y hoy recuperamos varias”, contó emocionada desde Tatón.

A partir de ahí, la Feria fue creciendo año a año, a la par que crecían la cantidad y variedad de productos y la consciencia de los y las campesinas de Catamarca sobre la pérdida de biodiversidad y de las semillas, nodales para garantizar el sustento de los pueblos. Así, la feria pasó por Antinaco, Chuquisaca, Fiambalá y varios lugares más de la provincia. Este año tuvo lugar la edición número 20, ya que en 2020 no pudieron llevarla adelante por la pandemia. Todo un hito en defensa de la agricultura campesina y los bienes comunes.

Mercedes "Mecha" Carrizo, una de las fundadoras de la Feria de Semillas. Foto: Daniel Sticotti

“Haber llegado a las 20 ferias juntos con la Asociación de Campesinos del Abaucán, y que este año podamos organizarla también con el Club y la Escuela anexo N° 2 de Tatón, nos hace sentir que las organizaciones territoriales pueden aunarse y reconocer el valor cultural de este espacio”, sintetizó a la agencia de noticias BiodiversidadLA Sebastián Pinetta, integrante de Be. Pe y uno de los organizadores de la Feria.

La elección de volver al departamento de Fiambalá no fue casual, donde la amenaza de emprendimientos mineros de extracción de litio, con el consiguiente peligro que eso representa para el acceso al agua potable, está más vigente que nunca. “Por eso elegimos este lugar”, justificó Pinetta, “para rechazar un emprendimiento que nada tiene que ver ni con el lugar ni con las necesidades de los campesinos y para reivindicar sus maneras de producir, de intercambiar, de compartir saberes”.

Este artículo fue realizado con el apoyo de la Fundación New Field.

Por  Ignacio Marchini para la Agencia de Noticias BiodiversidadLA -  moc.liamg@inihcramoicangi

Agencia de Noticias Biodiversidadla -   www.biodiversidadla.org
Temas: Agricultura campesina y prácticas tradicionales, Movimientos campesinos, Semillas

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