Atome, las electrointensivas y la disputa por la energía paraguaya
La controversia generada en torno al proyecto impulsado por Atome ha reabierto un debate fundamental para Paraguay: qué hacer con la energía hidroeléctrica y qué modelo de desarrollo construir a partir de ella. Si bien el proyecto fue presentado inicialmente bajo el discurso de la transición energética y el hidrógeno verde, diversos elementos indican que su objetivo central estaría más vinculado a profundizar el extractivismo tanto en su faceta de uso intensivo de energía como en la producción de fertilizantes y derivados químicos destinados a sostener la matriz del agronegocio, particularmente el complejo sojero.
Las discusiones recientes sobre los decretos que establecen regímenes especiales para industrias electrointensivas permiten situar este caso dentro de un fenómeno más amplio: la consolidación de una nueva fase del extractivismo energético en Paraguay. En este esquema, la energía hidroeléctrica se convierte en insumo estratégico barato para procesos industriales orientados principalmente a cadenas de exportación. En este sentido, expertos indican que la cuestión de fondo es si el país avanza hacia una industrialización capaz de generar empleo de calidad, transferencia tecnológica y encadenamientos productivos nacionales, o si se profundiza una matriz donde los recursos estratégicos —tierra, agua y ahora energía— quedan subordinados a sectores altamente concentrados y dependientes de mercados externos.
Las industrias electrointensivas, incluidos los proyectos vinculados a fertilizantes y químicos derivados del hidrógeno, demandan enormes volúmenes de energía. El problema no es únicamente su instalación, sino el sentido que adquieren dentro del modelo productivo: si funcionan como palanca de diversificación industrial o como soporte técnico del mismo modelo agroexportador.
Las críticas a los decretos y regímenes especiales para este tipo de inversiones apuntan precisamente a ese punto. Mientras se justifican las condiciones preferenciales como incentivo a la inversión, se advierte sobre el riesgo de comprometer energía estratégica sin garantías suficientes de empleo masivo, industrialización real o fortalecimiento de capacidades nacionales.
La transición energética global abre oportunidades importantes, pero también puede operar como discurso de legitimación de nuevas formas de dependencia. En lugar de diversificar la matriz productiva, el país podría terminar utilizando su energía hidroeléctrica para agregar valor a cadenas externas ya consolidadas, particularmente la agroexportación.
La discusión sobre Atome no se trata únicamente de evaluar una inversión puntual, sino de definir si la energía paraguaya será utilizada para transformar el modelo productivo o para profundizarlo poniendo un insumo estratégico al servicio de un extractivismo ampliado que ahora integra tierra, agua y energía bajo una misma lógica de acumulación.
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