Declaración internacional de La Vía Campesina sobre la guerra contra Irán y la política del imperialismo global
"Hoy, mientras somos testigos de una descarada escalada militar contra Irán y su pueblo, nuestro movimiento se levanta para decir con una voz que no tolera ambigüedades: rechazamos esta guerra, rechazamos la lógica imperialista que la ha provocado y nos negamos a permitir que lxs campesinxs del mundo, con sus medios de vida, sus tierras y las vidas de sus hijxs, paguen el precio de las ambiciones hegemónicas de Estados Unidos y su socio, el Estado ocupante de Israel".
¡No a la guerra. No al imperialismo. No a la ocupación!
La Vía Campesina, el movimiento internacional que agrupa a más de 180 organizaciones de 81 países y representa a más de 200 millones de campesinxs, agricultorxs, trabajadorxs agrícolas, pueblos indígenas y comunidades rurales de todo el mundo, se creó para alzar la voz cuando hablan los cañones. Se creó porque se confiscan tierras, porque los pueblos pasan hambre por decisiones tomadas lejos de nuestros campos y nuestras mesas, y porque a quienes alimentan al mundo se les niega sistemáticamente el derecho a alimentarse a sí mismos.
Desde nuestra fundación en 1993, este movimiento ha llevado una bandera inquebrantable: la Soberanía Alimentaria es un derecho de los pueblos, no una concesión de los mercados ni un favor otorgado por los Estados poderosos. Una paz justa es una condición no negociable para cualquier proyecto genuino de liberación.
Hoy, mientras somos testigos de una descarada escalada militar contra Irán y su pueblo, nuestro movimiento se levanta para decir con una voz que no tolera ambigüedades: rechazamos esta guerra, rechazamos la lógica imperialista que la ha provocado y nos negamos a permitir que lxs campesinxs del mundo, con sus medios de vida, sus tierras y las vidas de sus hijxs, paguen el precio de las ambiciones hegemónicas de Estados Unidos y su socio, el Estado ocupante de Israel. Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán el 28 de febrero, los bombardeos mataron al líder supremo de Irán y a cientos de civiles, entre ellos más de 100 escolares cuya escuela fue bombardeada durante el ataque, al tiempo que destruyeron infraestructuras sociales vitales. Este trágico suceso pone de relieve el devastador coste humano de la guerra, en la que los civiles inocentes, especialmente la niñez, es la que más sufren.
El imperialismo no cambia de rostro. Solo cambia de pretexto.
Lo que está sucediendo hoy no es un hecho aislado ni una sorpresa para quienes han seguido la trayectoria de la política imperialista en las últimas décadas. Es la prolongación natural de un patrón profundamente arraigado: imponer el dominio por la fuerza, desmantelar la soberanía de los pueblos y aplastar cualquier experimento que se atreva a trazar un camino independiente fuera de las estructuras del capitalismo global y su orden coercitivo.
Cuando el imperialismo global decidió estrangular a Venezuela, no se limitó a las salvajes sanciones económicas que transformaron a un país capaz de alimentarse a sí mismo en una nación que lucha por acceder a medicinas y pan. Organizó golpes de Estado, respaldó a mercenarios y financió movimientos de oposición fabricados, todo ello con el fin de devolver a ese país a la obediencia. Cuando decidió aislar a Cuba, impuso un bloqueo que duró seis décadas, un bloqueo cuyo verdadero objetivo era la capacidad de todo un pueblo para alcanzar la Soberanía Alimentaria y vivir con dignidad en su propia tierra. Cuando trató de someter a Nicaragua, Bolivia y otros países, recurrió a los mismos instrumentos: sanciones, asedio, injerencia militar directa e indirecta y una maquinaria propagandística diseñada para engañar.
El hilo conductor de todas estas experiencias es inequívoco: lxs campesinxs son siempre quienes son primeros en sangrar y los últimos en ser escuchados. Cuando los precios de los combustibles se disparan bajo el peso de las sanciones, el campesinado no puede labrar la tierra. Cuando las cadenas de suministro se colapsan, las semillas y los insumos desaparecen de los mercados o se convierten en lujos inalcanzables. Cuando los bloqueos estrangulan los puertos y las rutas comerciales, lxs pequeñxs productorxs se ven aislados de los mercados y las redes de intercambio que han construido con sus propias manos a lo largo de generaciones. Así es como funciona el imperialismo: no se dirige únicamente contra los ejércitos. Convierte la Soberanía Alimentaria de los pueblos, su derecho a la tierra, a la producción, a la autodeterminación sobre lo que cultivan y lo que comen, en otro frente más de sus interminables guerras de sometimiento y humillación.
En Irán se está aplicando la misma fórmula aún con mayor ferocidad y con menos pretensiones de justificación. Décadas de asfixiantes sanciones económicas han negado al pueblo iraní las necesidades más básicas para una vida digna. Ahora, la escalada militar llega para coronar una larga campaña de agresión blanda y dura. Y detrás del humo creciente de las narrativas mediáticas sobre los archivos nucleares y las amenazas a la seguridad, la verdad fundamental es que el imperialismo desea que el mundo no vea lo que sigue siendo obstinadamente visible: el pueblo ha pagado y sigue pagando un precio enorme por su insistencia a una cierta independencia de la hegemonía estadounidense y de la agenda de normalización impuesta al servicio de la ocupación. El Estado ocupante israelí está al frente de este proyecto bélico, a la vez socio e instigador, con su brazo letal sin cesar de atacar en Gaza, en el Líbano, en Siria y en toda la región, mientras exige que el mundo lo llame autodefensa.
La Vía Campesina nunca ha aceptado esta narrativa y no la aceptará ahora. Desde Gaza, sistemáticamente sitiada y sometida al hambre en flagrante violación de todas las normas del derecho internacional humanitario, hasta Irán, objetivo de destrucción con hierro y fuego, los hilos de un único proyecto imperialista integrado se extienden por toda la región, un proyecto cuyo objetivo es la subyugación de sus pueblos, el saqueo de sus recursos y la eliminación de su derecho a construir sistemas alimentarios soberanos y determinar su propio futuro.
El llamamiento de miles de millones: Levántate. Organízate. Resiste
Ante esta realidad, La Vía Campesina no ve otro camino que intensificar su voz, su organización y su solidaridad. Exigimos un alto el fuego inmediato e incondicional. Exigimos el fin de las injustas sanciones económicas impuestas al pueblo iraní. Exigimos la apertura de canales diplomáticos genuinos basados en el respeto mutuo, la soberanía estatal y el derecho de los pueblos a la autodeterminación, libres de chantaje y coacción. Hacemos un llamamiento a la comunidad internacional y a los organismos de las Naciones Unidas para que asuman plenamente sus responsabilidades y se resistan a los dictados de los Estados poderosos que socavan la legitimidad de estas instituciones cada vez que tratan de promover su agresión sin rendir cuentas.
La Vía Campesina hace un llamamiento a todas sus organizaciones miembros y a todos los movimientos de solidaridad social de todo el mundo para que organicen actos de protesta y solidaridad, ejerzan una presión real sobre los gobiernos para que antepongan la Soberanía Alimentaria de los pueblos y la protección de la población civil a cualquier otra consideración, y refuercen las redes locales de producción e intercambio que fortalecen la resiliencia de nuestras comunidades frente a las consecuencias de las guerras, las sanciones y los instrumentos de control imperialista. Hacemos un llamamiento para que documenten todos los daños infligidos a nuestras comunidades campesinas y lleven ese testimonio a todos los foros internacionales disponibles, como testimonio vivo de los crímenes del imperialismo contra los pueblos de la tierra.
Nosotrxs, lxs campesinxs del mundo, producimos los alimentos que sustentan a la humanidad y cultivamos la tierra en la que se desarrolla la historia. Cada vez que el imperialismo ha desencadenado una guerra, hemos sido nosotros quienes hemos cosechado la destrucción y reconstruido lo que se había roto con manos agrietadas y callosas. Pero nunca hemos sido víctimas pasivas. Somos y seguimos siendo una fuerza organizada y decidida que sabe que el futuro pertenece a quienes lo siembran en libertad y dignidad soberana, no a quienes lo incendian con agresiones que no iniciaron y no pueden extinguir.
No hay Soberanía Alimentaria sin Paz. No hay Paz sin Justicia. No hay Justicia bajo la ocupación y la dominación.
La tierra es para quienes la trabajan. Paz para los pueblos. Autodeterminación para Irán y para todos los pueblos que resisten al imperialismo y a sus aliados.
Fuente: La Vía Campesina
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