La Vía Campesina: Declaración de Solidaridad con el Pueblo Colombiano
La esperanza de los pueblos no se derrota: la lucha por la tierra, la paz y la soberanía continúa.
Desde La Vía Campesina expresamos nuestra profunda solidaridad con el pueblo colombiano, con las organizaciones campesinas, indígenas, afrodescendientes, de trabajadorxs, mujeres, juventudes y sectores populares que durante años han protagonizado una intensa lucha por la justicia social, la paz y la construcción de una Colombia más democrática y soberana.
Reconocemos los importantes avances alcanzados durante el Gobierno del Cambio, fruto no solamente de una voluntad gubernamental, sino de décadas de movilización y resistencia de los pueblos. Valoramos especialmente el reconocimiento del campesinado como sujeto de especial protección constitucional, los avances en la implementación de la reforma agraria, la recuperación del papel estratégico de la producción de alimentos, las políticas dirigidas a las mujeres rurales y los esfuerzos por avanzar hacia la paz con justicia social. Estos logros representan conquistas históricas para quienes durante generaciones fueron excluidos y condenados al abandono estatal. Son victorias construidas desde abajo, desde los territorios, y constituyen un patrimonio político y social que pertenece al pueblo colombiano.
Como movimiento internacional, La Vía Campesina ha acompañado de manera permanente los esfuerzos por la implementación integral del Acuerdo de Paz, particularmente en lo relacionado con el Punto 1 sobre la Reforma Rural Integral, entendiendo que no habrá una paz estable y duradera mientras persistan las profundas desigualdades en el campo. Desde nuestra apuesta por la soberanía alimentaria, la reforma agraria popular y los derechos del campesinado, hemos respaldado las iniciativas orientadas a democratizar el acceso a la tierra, fortalecer las economías campesinas, garantizar la participación de las comunidades rurales y transformar las condiciones estructurales que dieron origen al conflicto. La implementación de este punto no constituye solamente un compromiso firmado entre las partes; representa una deuda histórica con millones de campesinxs y una oportunidad para avanzar hacia una Colombia más justa, democrática y en paz.
Al mismo tiempo, observamos con preocupación las crecientes expresiones de injerencia externa en los asuntos internos de Colombia. Rechazamos cualquier intervención directa o indirecta por parte del Gobierno de los Estados Unidos que pretenda condicionar la soberanía del pueblo colombiano o interferir en las decisiones democráticas de la nación. Los pueblos tienen el derecho irrenunciable de definir su propio destino sin presiones ni tutelajes de potencias extranjeras.
Asimismo, nos preocupan profundamente los discursos de odio, las propuestas de confrontación y las narrativas de guerra promovidas por el presidente electo. América Latina conoce demasiado bien las consecuencias del autoritarismo, la persecución política y la violencia contra quienes luchan por la tierra, los derechos humanos y la justicia social. La historia nos enseña que los caminos del odio solo conducen a nuevas fracturas y sufrimientos para los pueblos.
De igual manera, manifestamos nuestra preocupación frente a las propuestas que pretenden profundizar un modelo extractivista basado en la explotación indiscriminada de los bienes comunes de la naturaleza; la promoción del fracking como alternativa energética representa una grave amenaza para las fuentes hídricas, los ecosistemas, la producción de alimentos y la vida de las comunidades del campo. Los intereses económicos no pueden imponerse sobre el derecho de los pueblos a vivir en un ambiente sano ni sobre la responsabilidad colectiva de enfrentar la crisis climática. La defensa de la tierra, del agua y de los territorios constituye una condición esencial para garantizar la soberanía alimentaria y el futuro de las próximas generaciones.
Frente a éste nuevo escenario, hacemos un llamado a las organizaciones populares y democráticas de Colombia a mantener la unidad en medio de la diversidad, a fortalecer la movilización social y a seguir construyendo esperanza desde los territorios. Ninguna elección puede borrar las conquistas alcanzadas por la lucha organizada ni detener las aspiraciones de millones de campesinxs que reclaman tierra, trabajo digno, soberanía alimentaria y una vida con derechos.
La reforma agraria integral sigue siendo una necesidad histórica y una condición indispensable para la paz. Por ello, reafirmamos la importancia de dar continuidad a los procesos de redistribución de la tierra, al fortalecimiento de la economía campesina, a la protección de las semillas nativas, al reconocimiento de los derechos del campesinado y a la construcción de políticas públicas que garanticen la permanencia digna de las comunidades rurales en sus territorios.
Desde La Vía Campesina reiteramos que la esperanza de los pueblos no depende únicamente de los gobiernos; se alimenta de la organización, la solidaridad y la resistencia colectiva. El pueblo colombiano no está solo. Los movimientos campesinos del mundo acompañamos sus luchas y seguiremos defendiendo una sociedad basada en la paz, la soberanía de los pueblos, la justicia social y la dignidad.
¡Seguiremos sembrando esperanza, porque mientras haya pueblos organizados, habrá futuro!
Fuente: La Vía Campesina
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