La invasión española, esclavitud taína y agricultura

Idioma Español

Los españoles comienzan la colonización/invasión de la isla de Borikén, hoy Puerto Rico, en el 1508. Sus poblaciones fueron rápidamente sometidas, a pesar de la resistencia feroz, víctimas de un genocidio despiadado. Aquí queremos rescatar la grandeza de aquellos pueblos caribeños, de los cuales no se conoce tanto en el resto de las Américas.

REVISTA BIODIVERSIDAD #128

La ocupación española del archipiélago de Borikén fue dirigida por el castellano Juan Ponce de León en 1511. Los españoles pasaron hambre al inicio de la invasión de las islas antillanas cuando no pudieron trasplantar su agricultura y alimentación de los climas templados peninsulares al Caribe tropical. Una vez agotada bastante rápido la extracción del oro, y ante la dificultad ya experimentada en otras islas para establecer una agricultura propia del clima templado continental, los invasores obligaron a los indígenas a proveerles alimentos para subsistir. Nos cuenta el profesor Cruz Miguel Ortíz Cuadra:

….la agricultura alimentaria quedó en manos de los pobladores originarios. De igual modo, la inadaptabilidad de algunos cultivos europeos a esta zona agroecológica reafianzó el papel de ciertos alimentos para los cuales las poblaciones originales sí tenían saberes agrícolas desarrollados, como el maíz y la yuca. Por temor a morir de hambre, ambos alimentos pasaron a componer parte importante de la dieta de los primeros colonos, y se convirtieron en parte de los cultivos alimentarios en las tierras recién exploradas. 1

Frecuentemente éramos el primer puerto al que llegaban los barcos tras cruzar el Atlántico —con las bodegas vacías o la comida dañada— antes de continuar viaje hacia otras islas y las conquistas en tierra firme, el llamado nuevo continente americano. Sostenemos que, más allá de una breve fiebre del oro boricua durante los primeros años, los taínos fueron esclavizados por su agricultura. El pan casabe hecho de la yuca, de características nutricionales comparables con el pan de trigo, sirvió para sostener a los invasores. Se le exigía como tributo a los taínos y se usó para reponer las existencias de los barcos que llegaban de España, para luego continuar a la conquista de nuevos territorios.

Juan Ponce de León, el primer gobernador español, ya en el 1510 hizo varios ‘repartimientos y encomiendas de indios’. Se incluían en los repartimientos ‘cargas de pan casabe’, el nuevo alimento para los españoles. Así se fueron repartiendo tierras, comida e indios como esclavos a través de las islas del archipiélago.

Cuando invadieron a Borikén los españoles describieron que los taínos utilizaban una variedad de sistemas agrícolas complejos, adaptados a los distintos ecosistemas locales:

Tala y quema: antiguo sistema de rotaciones de cultivos

Várzea: cultivo de las márgenes inundables de los ríos

Xagüeyes: cultivo en huecos o terreno calizo

Acequias: cultivo en terrenos con canales

Conucos: cultivos cerca de los poblados, por lo general en montones o terraplenes

Terrazas: cultivos en las laderas de las montañas

Fueron documentadas fincas taínas, conucos, con miles de montones. El colonizador Cristóbal de Sotomayor menciona un conuco con 70 mil montones, perteneciente al territorio del cacique Agüaybaná; según mis cálculos, sería una finca de unas 40 hectáreas, sembradas de yuca, batata, muchos otros cultivos comestibles, plantas medicinales y árboles frutales. Los españoles obligaron a los taínos a sembrarles enormes conucos para sobrevivir en un territorio que les era extraño y hostil, y además para suplir las bodegas de los barcos que recalaban en el archipiélago.

Los españoles llamaron huertos a las siembras cercanas a los yucayeques o aldeas, comunes en las culturas que habitan los busques en el cinturón tropical del planeta. Éstos son espacios de siembra cerca de las aldeas y las casas, por lo general sembrados y cuidados por las mujeres, donde se cultivan plantas medicinales, condimentos, frutales y algunos alimentos de uso común como batatas, calabazas, pimientos y ajíes. También son espacios de integración y adaptación de cultivos y variedades producto del intercambio entre vecinos y comunidades. Tuve la oportunidad de conocer siembras de este tipo cuando viví y fui agricultor en Maunabo en Puerto Rico, a finales de los años setenta, en comunidades donde aún se practicaban muchas estrategias agrícolas y de sustento jíbara campesinas: sostenemos que tienen gran parte de su origen en herencias taínas, con influencias africanas y españolas.

Otro aspecto que la historiografía contemporánea rescata es la importancia de las mujeres en las sociedades taínas. Contrario a la docilidad con que han sido descritas, las taínas eran expertas agricultoras, recolectoras y elaboradoras de alimentos, bebidas, medicinas, venenos y otros derivados agroalimentarios. Más allá de la retórica española de una supuesta evangelización y civilización de los salvajes, en los invasores imperó el afán de extracción de riquezas. La mujer taína fue separada de sus compañeros, sometida por aquellos hombres que llegaban sin mujeres, como mano de obra esclava y explotada sexualmente en la creación de un mestizaje para destruir la raza taína. La reducción de la natalidad taína (en ocasiones las mujeres se negaron a parir para los españoles), unido a la violencia, enfermedades nuevas como la viruela, las guerras y el exilio a otras islas del Caribe, cuajó el genocidio.

En el año 1511 hubo varios levantamientos de los taínos contra los invasores. De los más de cien mil taínos que consideramos que habitaban el archipiélago al momento de la invasión (algunos autores estiman muchos más), en poco tiempo probablemente quedaron pocos miles. A décadas de la invasión de Borikén, los censos apenas contabilizaron decenas de indios, lo que dio comienzo al mito del exterminio. Sin embargo, el historiador Jorell Meléndez-Badillo escribe:

Desaparecer de los archivos y de la historia puede haber significado sobrevivir al empuje genocida de la conquista. En las comunidades que los pueblos indígenas crearon en los márgenes de las sociedades algunos de ellos entablaron amistad con otro grupo de personas que escapaban de la violencia incalificable del proyecto colonial español: los afrodescendientes que huían de la esclavitud. 2

En los censos hasta el s.18 continuaron apareciendo poblaciones indígenas, por ejemplo, 2 mil 300 en un censo de 1797. Los funcionarios no se adentraban en las montañas selváticas y guácaras (cuevas) a contar la verdadera presencia de los indios en aquellas regiones, donde se refugiaron los taínos sobrevivientes. Mientras tanto, según evidencia recopilada por el historiador Juan Manuel Delgado, hasta tan tarde como en el Siglo XIX se encuentran documentos oficiales describiendo a individuos como “indios” o “indias”. El arqueólogo y profesor Reniel Rodríguez Ramos sostiene que “La narrativa histórica que se ha tenido por siglos sobre un exterminio total de los pobladores originarios de Puerto Rico es una falacia,” y añade “La erradicación histórica de los primeros pobladores de las Antillas fue, y sigue siendo, una estrategia política.” 

El historiador Eugenio Fernández Méndez sostiene que los sobrevivientes vivieron separados de los españoles hasta el s.18, cuando comenzaron a mezclarse con españoles y negros. Hacia finales del siglo se encontraron poblaciones puras de taínos en las alturas de San Germán, en las Indieras. En 1787 se identifican mil 200 taínos en aquellas tierras, fuera de la influencia española. Después de todo, fueron los taínos los que tenían los conocimientos, los nombres, las prácticas y las semillas para habitar aquellos bosques que para los invasores eran selvas salvajes.

La amplitud de la integración y el manejo responsable de la naturaleza durante la colonización, las complejas mitologías y cosmogonías, el desarrollo lingüístico, los conocimientos científicos sobre flora, fauna y astrología, agricultura, alimentación, todo eslabonado en sociedades organizadas, y la extensa evidencia de asentamientos en toda la geografía del archipiélago atestiguan una presencia taína mucho más robusta, compleja y extensa que lo que la historia oficial ha reconocido. Manipular la historia para negar a las poblaciones autóctonas fue algo deliberado para justificar la ocupación del territorio supuestamente virgen e inhabitado, y todo lo que existía: flora, fauna, minerales, tierras y la gente. Es innegable la destrucción sistemática del pueblo taíno, así como de tantos pueblos en las Américas.

Los habitantes de archipiélago de Borikén fueron obligados a proveer importantes cantidades de alimentos, bajo amenazas y gran violencia, para que los primeros españoles no murieran de hambre y pudieran reponer las bodegas de sus barcos. La agricultura familiar y agroecológica que en la actualidad se práctica y promueve en Puerto Rico incorpora muchas técnicas y siembras que, sostenemos, tienen su origen en la agricultura jíbara campesina tradicional, la cual a su vez tiene sus raíces en los taínos y pueblos originarios.

alvareznelson@hotmail.com

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Notas:

[ 1 ] Ortíz Cuadra, Cruz Miguel (2006). Puerto Rico en la olla: ¿Somos aún lo que comemos? Ed. Doce Calles, Madrid. Pág. 36.

[ 2 ] Jorell Meléndez-Badillo. 2024. Puerto Rico: historia de una nación. Planeta/Princeton University Press.

Fuente: Revista Biodiversidad, sustento y culturas #128

Temas: Agricultura campesina y prácticas tradicionales, Pueblos indígenas

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