Mujeres plantan bosques y crean biodiversidad
Conozca las experiencias de mujeres en Brasil y en Palestina que producen alimentos y resistencia en sus territorios.
Mientras el capitalismo verde continúa profundizando las causas de la crisis ambiental, los pueblos organizados resisten y defienden sus territorios, con prácticas colectivas para proteger y recuperar los bienes comunes. Son diversas las experiencias de alternativas y resistencias basadas en la economía feminista, la soberanía alimentaria y la agroecología.
Algunas de estas experiencias, de Brasil y de Palestina, se encontraron en un webinario promovido por Capire y por la Marcha Mundial de las Mujeres: el plan “Plantar árboles, producir alimentos saludables” del Movimiento Sin Tierra, la campaña “Caatinga viva en manos de las mujeres” del Centro Feminista 8 de Marzo (CF8) en alianza con la SOF Sempreviva Organización Feminista y la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), y la centralidad de los olivos en la resistencia del pueblo palestino a la ocupación colonial de su territorio por Israel.
Sertão lleno de vida
El semiárido brasileño, un territorio de más de un millón de kilómetros cuadrados que abarca estados de la región Nordeste y parte del estado de Minas Gerais, alberga un bioma llamado Caatinga, un bosque de características secas. A diferencia de lo que indica el imaginario colectivo acerca de este paisaje de apariencia desértica, hay mucha vida en ese territorio. Ivi Aliana, del CF8, reflexionó sobre la necesidad de dar visibilidad a este bioma, destacando sus características y su biodiversidad a partir de las personas que viven en él.
Un bioma no es una cajita. Si se resuelve el problema de un bioma, no quiere decir que los otros problemas ambientales estén resueltos. Necesitamos comprender que la vida en la Amazonía necesita que la vida en la Caatinga ocurra. Nosotras, las mujeres, aprendimos que las cosas deben estar interrelacionadas, por eso nuestra lucha es internacionalista.
Ivi Aliana
A partir de un proyecto que ya abarcaba la producción de las mujeres en sus patios, “Caatinga viva en manos de las mujeres” reunió 20 grupos que produjeron más de 8 mil plántulas de especies nativas de la Caatinga y diversas plantas alimentarias. “Queríamos ampliar la comprensión de la importancia de la Caatinga viva, en pie y agroforestada, para la permanencia de las mujeres en estos territorios”, explica Ivi. El proyecto desarrolla prácticas de agroforestería en los patios alrededor de las casas, apicultura y la preservación de semillas nativas.
Bosque que se come
Bárbara Loureiro, del MST, recordó que forestar a partir de los patios es una práctica histórica construida por las personas del campo y que está en la génesis de las acciones del Movimiento Sin Tierra. El plan nacional “Plantar árboles, producir alimentos saludables”, lanzado en 2020 con el objetivo de plantar 100 millones de árboles hasta 2030, articula la lucha por la reforma agraria popular, agenda política central del movimiento, con el desafío de producir alimentos saludables y cuidar la naturaleza a partir de la plantación de árboles.
Los árboles que serán incorporados como elemento de mayor diversidad y para aumentar la resiliencia climática deben permitir también la diversificación de la producción de alimentos. Son diversas cadenas productivas agroecológicas organizadas y fundamentadas en la plantación de árboles: del cacao, de la miel, de las frutas, de las castañas, de las propias agroforesterías. Para ello, es fundamental todo un proceso organizativo de la cadena productiva de semillas, de los viveros de plántulas, para tener autonomía en la plantación.
Bárbara Loureiro
El plan también se afirma como un espacio de batalla de ideas, ya que la agenda ambiental es hoy un campo en disputa, atravesado por falsas soluciones que buscan ocultar las causas estructurales de la crisis. “No se trata de plantar árboles de cualquier manera. El agronegocio también habla de reforestación, pero lo hace a partir del monocultivo, del eucalipto y del pino, reproduciendo el mismo modelo que destruye territorios y vidas”, explicó.
Desde una perspectiva agroecológica, el MST articula formación política y técnica, estrategias de comunicación y una praxis educativa y ambiental. También es central la dimensión organizativa del plan, construida a partir de las familias sin tierra, de las escuelas de agroecología, de las brigadas ambientales de la juventud y de las brigadas de combate a incendios forestales, cada vez más necesarias frente a la crisis climática.
En este proceso, Bárbara destacó el papel central de las mujeres del MST, presentes tanto en la denuncia de los impactos de la crisis sobre los territorios como en la elaboración de alternativas en la relación con la naturaleza, mediante el cuidado de las semillas, la organización de los viveros y la construcción colectiva de una nueva conciencia ambiental en los territorios de la reforma agraria popular.
Olivos y resistencia palestina
En Palestina, la lucha ambiental no está separada de la lucha por la liberación popular. Para Rasha Abu Dayyeh, de Amigos de la Tierra Palestina (Pengon, sigla en inglés), los bosques, las aguas y el suelo forman parte de la misma historia de resistencia. La producción de olivos, sus frutos y los productos derivados de este árbol forman parte de la cultura agrícola de Palestina desde hace cientos de años. Sin embargo, esta cultura ha sido destruida por la ocupación sionista. Árboles centenarios fueron quemados y los que aún resisten se encuentran en territorios cada vez más controlados por la ocupación sionista.
Cada mujer que planta una nueva semilla, que cuida la tierra, que insiste en volver a su campo, a pesar de los soldados y de los colonos, está construyendo y reconstruyendo el bosque de la resistencia. […] Para nosotras, el olivo no es solo un cultivo agrícola, es un símbolo de pertenencia, una forma de resistencia y una declaración de que todavía estamos aquí.
Rasha Abu Dayyeh
Rasha analiza que las mujeres portan las historias y los saberes de la tierra y de las semillas, y por eso están en el centro de la resistencia y de la construcción de biodiversidad y cuidado para el futuro: “en Gaza, las mujeres aún están liderando iniciativas muy pequeñas de plantación de hierbas y hortalizas en tierras destruidas. Algunas de nuestras ingenieras iniciaron pequeñas iniciativas de cultivo de vegetales y otros productos cerca de sus tiendas. Ellas intentan reutilizar el agua, aunque el agua disponible en Gaza hoy está contaminada.
Investigaciones realizadas por Amigos de la Tierra Palestina indicaron altas concentraciones de fósforo en el agua y en los alimentos. Aun así, en Cisjordania, las cooperativas de mujeres también están recuperando variedades locales de trigo, tomillo y producción de aceite de oliva.
Al mismo tiempo, el lenguaje de la transición verde y de las soluciones climáticas ha sido apropiado y manipulado por corporaciones transnacionales y por poderes de ocupación sionista que avanzan sobre el territorio. Utilizando el discurso de las energías renovables, tierras palestinas son confiscadas para la instalación de proyectos solares a los que la propia población palestina no tiene acceso. En nombre de la innovación hídrica, todas las fuentes y acuíferos son controlados por medio de empresas como Mekorot.
Mientras se afirma la protección de la naturaleza, los bosques son transformados en zonas militares y los valles en depósitos de residuos de los asentamientos. Esto es lo que Rasha denominó colonialismo verde, “cuando el mismo sistema que destruye nuestra tierra finge salvarla.” No hay justicia climática sin liberación, pues no puede existir sostenibilidad ambiental bajo ocupación, ni restauración ecológica sin justicia para los pueblos y para la tierra.
Redacción: Bianca Pessoa.
Traducido por Aline Lopes Murillo.
Fuente: Capire