Parte 1: Los fondos de inversión tensionan el campo español comprando las mejores tierras, inflando precios y amenazando el modelo agrícola tradicional

Idioma Español
País Europa
Una cosechadora recolecta almendras en una explotación intensiva de Ejea de los Caballeros (Zaragoza). Grupo Tenías

Por Begoña P. Ramírez
 (Continua)

Entrecanales, Del Pino, Botín, Roig, Matutes...

Los Entrecanales no son el único apellido pudiente que aparece en la nómina del agronegocio. María y Joaquín del Pino, hermanos del presidente de Ferrovial y segundo hombre más rico de España, Rafael del Pino, llegaron a tener el 46% de Innoliva, asociados con un promotor inmobiliario, Miguel Rico Rubio, y el BBVA. Se dedica al olivo en España y Portugal. En 2017, Cibus Capital compró la empresa y en 2023, el fondo británico se la vendió a Fiera Comox, un fondo canadiense.

Hace casi un año la gestora Azora Capital, creada por dos exdirectivos del Banco Santander, y JB Capital, la boutique financiera de Javier Botín, hermano de la presidenta de la misma entidad, Ana Patricia Botín, comenzaron a negociar su entrada en Arofa, empresa navarra propietaria del 33% de Iberian Smart Financial Agro (Isfa), cuya especialidad es el cultivo hiperintensivo del almendro. Arofa ha alquilado 400 hectáreas en Peralta de Alcofea (Huesca) para este fin. Público ha preguntado a la empresa navarra cuál ha sido el resultado de esas negociaciones, pero no ha recibido respuesta al cierre de la edición.También Marc Rahola Matutes, sobrino del empresario balear y exministro del PP Abel Matutes, ha creado su propia empresa agrícola, Ocean Almond SL, que desde 2012 se dedica a explotar de forma intensiva el almendro en 1.000 hectáreas de fincas en Huesca y Lleida.

A titlán, grupo inversor de Roberto Centeno, yerno del dueño de Mercadona, Juan Roig, es otro de los protagonistas del agronegocio español. Hasta 2020 estuvo asociada con Sovena, proveedor portugués de aceite de Mercadona, en Elaia SA, que explota 15.000 hectáreas de olivo en España, Portugal y Marruecos. El pasado febrero, Centeno anunció la creación de una gestora de capital riesgo, Atgro Partners, que planea invertir 500 millones de euros en proyectos agroalimentarios junto con el Banco Santander y grandes fortunas –“inversores cualificados con una inversión mínima de un millón de euros”–. En concreto, pistachos en Castilla-La Mancha, uva en Perú, aguacate y arándanos.

El Santander también se ha aliado con un grupo industrial catalán, Matholding, que gestiona unas 1.000 hectáreas de almendro y olivo, a través de su filial Terranostra, en 19 fincas de Extremadura. El acuerdo firmado en 2025 facilitará préstamos a agricultores, tanto de Extremadura como de la zona del Ebro en Catalunya y Aragón, "para la transformación integral de las fincas, su modernización y digitalización". Enrique Arceiz es escéptico con estas fórmulas. "El banco financia al agricultor porque le avala la empresa, y es la empresa la que le dice al agricultor lo que tiene que cultivar y luego le compra la cosecha al precio que la empresa le marca", advierte. El recelo del responsable de UPA en Aragón ante la entrada en el sector primario de capital ajeno impulsado únicamente por la rentabilidad económica es general: "No sabes quién está detrás de los fondos". Prunus Nuts SL, una sociedad creada con el capital mínimo legal, 3.000 euros, es propiedad al 100% de Prunus Invest SL, un holding cuyo socio único es otro holding, con sede en Londres, llamado Cibus Bella Limited. Como presidente de Prunus Invest SL figura Almonds International LLC que, según consta en la base de datos internacional Opencorporates, es una sociedad domiciliada en el estado de Delaware (EEUU). Prunus Nuts SL la administra Juan Cano Baro, quien ejerció de director financiero en el grupo murciano García Carrión –Don Simón– y en la multinacional de los cereales Kellog, según publica en su perfil de Linkedin.

Los pueblos desaparecerán

Pero la desconfianza de las organizaciones agrarias va mucho más allá. Porque, alertan, la llegada de los fondos y grandes grupos industriales, más que transformar el modelo agrícola tradicional, amenaza con hacerlo desaparecer. Este capital externo acapara las tierras –cada vez hay menos explotaciones y éstas son más grandes– y su actividad no repercute en los pueblos, critica Enrique Arceiz. "No podemos competir con ellos: si yo quiero comprar más tierra, tengo que pedir dinero al banco; ellos ponen el dinero encima de la mesa y pagan un 60% por encima de la media", critica. Así se han hecho con las mejores tierras, las que disponen de más agua, dejando "islas desiertas de tierra", como las llama Arceiz, terrenos marginales de secano que dejarán de cultivarse. Tampoco pueden hacer los pequeños y medianos agricultores las mismas inversiones que los fondos para reconvertir o modernizar sus explotaciones, porque su acceso al crédito es más difícil. Y no facilitan el relevo generacional. En España, el 41% de los titulares de explotaciones agrarias tiene 65 años o más. El acceso a la tierra es la mayor barrera para que los jóvenes se hagan agricultores o ganaderos: si el precio de las fincas no para de subir y el de las mejores se dispara, no es de extrañar que sólo el 9% de los dueños de explotaciones tenga menos de 41 años, según destaca el informe de COAG.

"Yo compro el fertilizante u otros suministros en el pueblo, arreglo el tractor en el taller, contrato a gente del lugar", describe, "los cultivos hiperintensivos, en cambio, se proveen directamente de los fabricantes y traen a tractoristas de la capital", denuncia el responsable de UPA. Aunque tiene claro que no se puede "volver a lo tradicional", su caballo de batalla no admite dudas: la explotación familiar con cuatro o cinco trabajadores del pueblo. Una batalla que, por el momento, no está ganando. Aragón pierde un agricultor cada día –365 al año– y sólo se incorporan 200 nuevos profesionales al año. La sangría con otros datos: en 2018, Aragón envió 45.000 solicitudes de ayudas de la Política Agraria Común (PAC). En 2025 fueron 31.000. El campo sigue vaciándose.

La amenaza, además, se extiende al futuro. "Aumentar el número de árboles por hectárea implica multiplicar también el laboreo y el abonado, exige más agua, más fertilizante... coges más almendras, pero esos árboles viven menos; en 10 o 12 años tendrán que arrancarlos y los suelos también terminarán perjudicados". Arceiz se pregunta qué pasará cuando los fondos desinviertan y se vayan. También COAG denuncia los "intereses especulativos" que se están adueñando del campo español en un proceso que ha bautizado como "uberización" o "colonización de las tierras agrícolas más atractivas por parte de grandes fondos de inversión". Una "brutal reconversión", subraya, que convertirá a los agricultores autónomos en "asalariados" de las grandes corporaciones agroalimentarias. Y pone como ejemplo la uva de mesa en Murcia, donde tres grandes empresas con fondos de inversión detrás controlan ya el 85% de la producción y comercialización.Enrique Arceiz apunta también al negocio añadido que los fondos obtienen con los derechos de emisión de CO2 y el control del recurso fundamental, el agua. Por ejemplo, Martin Davies, el responsable de Nuveen Natural Capital, cita los créditos de carbono como una "fuente potencial de ingresos" en la entrevista de Fundspeople. Todos los fondos aquí citados subrayan su apuesta por la gestión sostenible de sus cultivos, en la que se incluye la captura de carbono en el suelo.

Sobre el agua, Arceiz explica que, en la comunidad de regantes del Canal de las Bardenas, una hectárea es un voto y, al menos de momento, los regantes pequeños suman más votos que los fondos. Teme mucho más la construcción de los 28 centros de datos previstos en Aragón, que consumen enormes cantidades de agua, 25 millones de litros al año.

Futbolistas y mormones

Los grandes inversores se quedan así con las mejores tierras, inflan sus precios, mecanizan el trabajo y ajustan el número de trabajadores en busca de la máxima rentabilidad. Valor refugio y a largo plazo frente a la volatilidad de otros sectores como la vivienda urbana, el campo convertido en meganegocio está demostrando un atractivo tan irresistible que a él miran inversores tan extemporáneos como futbolistas o confesiones religiosas.

Fausto Tienza, jugador del Betis, Osasuna o Racing de Santander, ha creado Faenza Capital SL, que se dice "especializada en inversiones agrícolas sostenibles" y explota 107 hectáreas en Cuenca y Guadalajara dedicadas al cultivo intensivo del pistacho. Promete nada menos que una tasa de retorno del 20% "en un escenario conservador" y una rentabilidad anual del 50% a partir del noveno año de producción.Hasta la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la iglesia mormona, tiene su propia empresa de inversiones agrarias, Farmland Reserve, que es el quinto mayor propietario institucional de fincas agrícolas de EEUU. En España y Portugal, planea construir una cartera de terrenos de 800 millones de euros, tras cerrar una primera compra en 2025, una finca de olivos, almendros y mandarinas en el Alentejo valorada en unos 50 millones.

Fuente: farmlandgrab.org

Temas: Acaparamiento de tierras, Agronegocio

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