Un mismo pedazo de tierra, cinco formas de cultivarla: así se midieron los costos ocultos de la agricultura en Bolivia
Con una misma metodología. Así se midieron los costos ocultos de cinco sistemas productivos del oriente boliviano: pequeña agricultura familiar, los sistemas diversificados, la ganadería mixta y dos variantes de monocultivo: integrado y empresarial. Los resultados son parte del estudio “Costos ocultos de la agricultura: Monocultivos y sistemas alternativos en áreas de expansión de Bolivia”, documento que será presentado este jueves 10 de septiembre a las 18.30 en el centro de eventos El Alfarero, ubicado en Equipetrol, en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.
En la actualidad ninguna actividad económica puede evaluarse únicamente por el valor que genera en el mercado; este indicador resulta insuficiente si ignora los costos que se transfieren a la naturaleza, a la gente y a las generaciones futuras. Desde esta perspectiva, el estudio incorpora el enfoque de costos ocultos, a partir de la metodología True Cost Accounting (TCA) o contabilidad de costos verdaderos, para “comprender con mayor amplitud los efectos de los distintos sistemas agrícolas que coexisten en Bolivia, avanzando más allá de la tradicional oposición entre productividad y conservación ambiental”, señala la presentación del texto.
La investigación —realizada por TIERRA, CIPCA y la Fundación Jubileo, con el apoyo de MISEREOR— se propuso responder una pregunta hasta ahora ausente del debate agrario boliviano: ¿cuánto le cuesta realmente a la sociedad el modelo de monocultivos mecanizados que domina el oriente del país, y qué alternativas existen frente a él?.
Los resultados generales confirman la magnitud del problema: en 2024, los costos ocultos de los monocultivos mecanizados superaron los 2.894 millones de dólares, más de lo que el propio sector generó en valor de producción. Pero también confirman que hay otro camino posible: los sistemas agrícolas diversificados, documentados en comunidades de Santa Cruz y Beni, que además de generar valor económico tienen un mayor valor social (beneficios para la sociedad y el ambiente), evidencia de que la sostenibilidad no es solo una aspiración, sino una alternativa productiva ya en marcha.
Para aterrizar estos datos a la realidad del campo, el estudio aplicó esta misma metodología para evaluar y comparar cinco sistemas agrícolas en zonas clave de expansión: Ascensión de Guarayos, en Santa Cruz, y San Andrés, en Beni. Mientras el balance nacional dimensiona el impacto total de los monocultivos mecanizados a gran escala, el análisis local examina hectárea por hectárea qué sucede realmente cuando distintas formas de producir conviven en un mismo territorio.
El estudio encuestó a 310 familias y clasificó 70 unidades agropecuarias en nueve comunidades, combinando análisis satelital de uso de suelo con talleres y consultas en terreno. Se evaluaron doce variables en las dimensiones ambiental, socioeconómica y humana, adoptando siempre los criterios de cálculo más conservadores. El resultado es una radiografía inédita y técnicamente sustentada que permite contrastar los modelos locales con el monocultivo mecanizado nacional, transparentando con precisión lo que cada sistema agrícola le entrega a la sociedad y lo que le quita.
Jueves 10 de septiembre a las 18.30 en el centro de eventos El Alfarero, ubicado en Equipetrol, en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.
El documento será presentado en un evento abierto al público donde se repartirá el texto íntegro a las personas asistentes.
Fuente: Fundación Tierra
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