Boletín #264 del WRM: conferencias climáticas y agendas políticas

Por WRM
Idioma Español
Amazonia. Foto: Flickr/O.Bozkurt

Las empresas, los gobiernos, las ONG conservacionistas, las consultorías, los agentes de bolsa, los bancos y muchos otros trabajan con ahínco para establecer programas de mercado de carbono como si se tratara del único camino posible a seguir.

En las últimas negociaciones climáticas de la ONU, celebradas en noviembre de 2022, la industria de los combustibles fósiles y sus aliados políticos y económicos fracasaron (una vez más) en su ofensiva de presionar a los gobiernos para que adopten normas relativas al comercio de carbono, a pesar de que el  número de cabilderos presentes en las cumbres climáticas sea cada vez mayor.

Estos actores están tan ansiosos por establecer el comercio de carbono como una política climática, ya que les permite tanto a la industria de los combustibles fósiles como a todas las industrias que dependen de ellos, seguir expandiéndose y posiblemente incluso beneficiarse con ello. Los ‘mercados de carbono’ están al centro de numerosos conceptos promovidos actualmente, incluyendo a las compensaciones de carbono, las ‘emisiones netas cero’, los productos ‘neutros en carbono’, las ‘soluciones basadas en la naturaleza’, REDD+ y la ‘deforestación neta cero’'.

A pesar de que en las cumbres climáticas de la ONU todavía se sigue cuestionando y debatiendo el verdadero papel de los mercados de carbono en el Acuerdo de París de la ONU, algunos gobiernos están avanzando unilateralmente con el establecimiento de sistemas de mercados de carbono nacionales o subnacionales, acuerdos bilaterales o asociaciones público-privadas para establecer nuevas iniciativas en materia de mercados de carbono. Todo esto, de una forma u otra, crea una mayor demanda de comercio de carbono y allana el camino para depender aún más de los sistemas de mercado de carbono como si se tratara del único camino a seguir.

El gobierno de Suiza, por ejemplo, ha establecido tratados bilaterales con Perú, Ghana, Senegal, Georgia, Vanuatu, Dominica, Tailandia, Ucrania, Marruecos, Chile y Uruguay, para alcanzar su objetivo de ‘cero emisiones netas’ para 2050. Estos acuerdos establecen una base legal para los contratos comerciales que garantizan la transferencia de créditos de reducción de emisiones (baratos), dejando que los países del Sur potencialmente financien reducciones de emisiones más costosas para alcanzar sus propios objetivos. (1) Una consultora de carbono explicó cómo estos acuerdos son “importantes laboratorios para el futuro de los mecanismos de mercado”. (2)

Además, en la conferencia climática de la ONU, el enviado de Estados Unidos para el clima, John Kerry, lanzó un plan de compensación voluntaria de carbono con el apoyo del Earth Fund de Jeff Bezos (de la gigante minorista Amazon), de Microsoft, de PepsiCo y del Bank of America. (3)

Las empresas de combustibles fósiles y otras empresas contaminantes también siguen firmando acuerdos con los gobiernos del Sur para comprar grandes cantidades de compensaciones de carbono. En noviembre de 2022, el presidente de Guyana, Irfaan Ali, anunció que la compañía petrolera con sede en Estados Unidos, Hess Corporation, compraría 2,5 millones de compensaciones de carbono anuales desde 2016 hasta 2030. Hess Guyana Exploration tiene una participación del 30 por ciento en el bloque de exploración de petróleo y gas Stabroek, frente a la costa de Guyana. Los créditos de carbono se generan a partir de proyectos REDD en los bosques de Guyana. (4) Todas las principales compañías petroleras están comprando compensaciones de carbono.

Lo que los gobiernos discuten y acuerdan (o no acuerdan) durante las cumbres climáticas de la ONU no tiene tanta trascendencia en el mundo real del mercado de carbono en expansión. Las empresas, los gobiernos, las ONG conservacionistas, las empresas de consultoría, los agentes de bolsa, los bancos y muchos otros actores trabajan con ahínco para establecer esquemas de mercado de carbono como si se tratara del único camino a seguir.

Esto es aún peor considerando que las compensaciones de carbono, al tiempo que intensifican la crisis climática, sirven como fachada para la expansión de un acaparamiento violento y racista de las tierras y los bosques de los Pueblos Indígenas y las comunidades campesinas.

Un artículo de este Boletín referido a cuatro proyectos REDD en el municipio de Portel en Brasil, muestra cómo estos proyectos violan los derechos comunitarios, en algunos casos incluso sin que la comunidad lo sepa, y compromete la autodeterminación de las comunidades.

Otro artículo comparte una ronda de discusión organizada por el WRM para reflexionar, conjuntamente con nueve aliados de diferentes regiones, sobre las numerosas y diversas capas de impactos dañinos que el mecanismo REDD ha causado en los últimos 15 años.

Otro artículo, con foco en la región amazónica en particular, explica cómo las ‘soluciones’ que se proponen, incluidos los programas de carbono, la energía renovable, los agrocombustibles, etc., se han convertido en nuevas causas subyacentes de la deforestación. Estos proyectos ‘verdes’ se expanden junto con otros proyectos destructivos que permiten que ‘todo siga como siempre’.

Entre esos proyectos destructivos están las plantaciones de monocultivos industriales. Este Boletín incluye dos contribuciones que destacan las historias y las resistencias de las mujeres que se enfrentan a las plantaciones de palma aceitera en sus territorios: una es  un podcast que cuenta la historia de mujeres de Sierra Leona que se enfrentan a las plantaciones de la empresa Socfin; y la segunda es  una entrevista a una mujer de ‘La Red de Mujeres de La Costa en Rebeldía’ de Chiapas, México, que enfatiza cómo se enfrentan a este monocultivo facilitado por los contratos que los hombres firman con las empresas.

otro artículo reflexiona sobre los planes en curso del gobierno de Indonesia para construir una nueva ciudad capital con el argumento de convertirla en una ciudad ‘verde’ e ‘inteligente’, lo que ayudaría a Indonesia a alcanzar sus objetivos de ‘cero emisiones netas’. El artículo establece paralelismos con la época en que los gobernantes brasileños, hace unos 60 años, decidieron construir una nueva ciudad capital en el centro del país.

Mientras los Pueblos Indígenas y las comunidades campesinas, en particular del Sur global, enfrentan de primera mano los fuertes impactos de la crisis climática, los acuerdos y conferencias de la ONU se han visto inundados, desde el principio, por el interés de mantener en funcionamiento la economía capitalista.

Que nuestra mirada y esfuerzos se dirijan al fortalecimiento de nuestra solidaridad y la elaboración de alianzas horizontales entre y con movimientos de base. (5) Las discusiones deben estar ahí, con quienes de verdad defienden la vida.

Referencias:

(1) Swiss Confederation,  Bilateral climate agreements on emission reductions and carbon storage abroad.

(2) Argus,  Swiss article 6 agreements 'set poor precedent', November 2021.

(3) Reuters,  U.S. climate envoy Kerry launches carbon offset plan, November 2022.

(4) REDD-Monitor,  Guyana is to sell US$750 million carbon offsets to Hess Corporation, a US-based oil corporation that is extracting oil in Guyana. The saga of false solutions to the climate crisis continues, December 2022.

(5) Informe del WRM,  Una reflexión crítica sobre la participación en los procesos de política internacional sobre bosques, 2022

Fuente: Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Temas: Crisis capitalista / Alternativas de los pueblos, Crisis climática

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