Entrevista con Adolfo Madrigal: Híbridos, extractivismos y gallinas ponedoras

Idioma Español

"En Guacimal nos encontramos con Adolfo, durante la feria que se realiza todos los sábados y donde conversamos con la comunidad sobre los peligros de la certificación de semillas, la expansión de monocultivos (como la piña), los agrotóxicos, los transgénicos y otros horrores de la agroindustria".

Adolfo es parte de la Asociación Pro Cuenca del Río Jabonal, en Costa Rica. Vive en Llano Bonito de Esparza, comunidad rodeada de montañas donde el viento es feroz y el clima seco. Los montes de Cambronero fueron devastados por la fiebre de oro en el siglo XIX. Pese a su fugaz auge, asentó luego pueblos campesinos que durante la Revolución Verde de mediados del siglo XX, abrieron los bosques para la siembra y el ganado.

Con su compañera Mayela, están recuperando el suelo. Tras 15 años de trabajar diferentes formas de compostaje renuevan una tierra con los principios que aprenden del bosque. En sus huertas, la familia de Adolfo hace crecer hortalizas y verduras que venden o truecan con la comunidad. Esto se torna experiencia para otras comunidades que fortalecen sus redes de alimentación campesinas, como en Guacimal de Puntarenas.

En Guacimal nos encontramos con Adolfo, durante la feria que se realiza todos los sábados y donde conversamos con la comunidad sobre los peligros de la certificación de semillas, la expansión de monocultivos (como la piña), los agrotóxicos, los transgénicos y otros horrores de la agroindustria.

Adolfo: Primero tenemos que reconocer quiénes somos. La humanidad es una especie ligada al suelo, ligada a la naturaleza, un vínculo que hemos perdido. Es muy difícil comprender eso para quien está en un décimo piso de una torre inmobiliaria, o para quien trabaja sin tocar la tierra durante toda la vida.

Para mí todo mi proceso me ha llevado a la conclusión de que somos de la tierra, para la tierra y por la tierra.

Nosotros hemos dañado el suelo. Tenemos un montón de malas prácticas, a las que yo llamo minería a cielo abierto. Cuál es la diferencia de una mina como Crucitas (ese proyecto de minería de oro a cielo abierto, que la empresa Infinito Gold quiso implementar en la zona norte de Costa Rica, frontera con Nicaragua) con un monocultivo de piña? Qué es lo que extraen al fin y al cabo: minerales.

Una piñera extrae fósforo, potasio y un montón de metales preciosos. Nada más que el proceso del monocultivo para extraer todos esos minerales va más lento que una mina de oro.

Yo quiero imaginar dentro de cincuenta años un suelo que ha pasado por una piñera años de años, ¿qué podrá pasar con ese terreno? ¿Quién podrá cultivar en ese terreno con ese uso de suelo —si se le puede llamar uso de suelo?

Por eso creo que el monocultivo de piña es un trabajo de minería. Porque la minería nada más extrae, a la mina no ingresa nada para producir oro, lo que hace más bien, es extraerlo ¿Y qué hace una piñera? Extrae todo lo que tenía el suelo ¿y luego? ¿Cuándo ingresa un gramo de materia orgánica a la piñera o nutrientes diversos para el suelo?

Es un manejo de extracción para lucrar. Nada más. El suelo no importa. Si esas corporaciones pudieran cultivar de forma hidropónica, lo harían sobre las piedras o en lo que fuera. El único proceso que les importa es el lucro y se acabó.

La agricultura industrial conlleva este planteamiento. Las piñeras son su máxima expresión. Pero los agricultores (hay que reconocerlo), los agricultores habíamos venido con malas prácticas. Como voltear una montaña, prenderle fuego hasta arrasar y luego sembrar maíz o el cultivo de temporada. Es el inicio de la extracción, del daño al suelo y tiene todo un ciclo.

Una vez que se inicia, se extrae lo que se puede y cuando ya no da lo suficiente para la agricultura que produce los granos básicos y demás, ingresan las gramíneas, las pasturas. Y vean el caso de estas zonas, el caso de Puriscal por ejemplo. Zonas que posiblemente fueron muy fértiles y todo el mundo vendía arroz, frijoles y todo lo que se producía, y ahora que son puros repastos de ganadería. Para nadie es un secreto que la ganadería está en crisis. Y nos preguntamos qué viene luego de eso.

Los hijos no pueden relevar a los que estaban, a los finqueros, porque la vida es de hambre. Un finquero, una finca de 60 hectáreas de monocultivo no sostiene una familia. No puede estar el papá con hijos casados en esa finca. Entonces qué se hace: se empieza a exportar mano de obra, a mandarla a otro lado. Los que pueden estudiar, estudian. Pero para nadie es un secreto que hay un montón de campesinos viviendo peor en la ciudad de lo que vivirían en el campo, en precarias condiciones.

Una vez sacan a la gente del trabajo del campo, quiénes son los que se quedan. Inician en lo más micro, que es destruir la microvida que hay en un bosque. Una vez iniciado el proceso de muerte, ya no se detiene. Nosotros los humanos no lo sentimos, porque no lo palpamos a tiempo, nosotros nos podemos mover más que las pobres bacterias del suelo que mueren quemadas por el sol. Nada más nos movemos de lugar.

Una vez que inicia el proceso de destrucción del suelo, la sociedad tiene que moverse.

Biodiversidad:  En la Península de Yucatán, en México, como en otras partes de Sudamérica, la selva
 la arrasan para el enorme monocultivo con grandes trascavos, como retroexcavadoras, con unas
cadenas y con dos o tres trascavos, arrasan con todo, lo juntan, desarraigando totalmente, lo ponen
 al centro de un terreno que queda lisito lisito y le prenden fuego. Hay menonitas que emprenden tal
arrasamiento. Y ahí siembran soya [soja] transgénica con glisofato en grandes extensiones y lo
intercalan con ciclos de un maíz híbrido y así, entre soya y maíz industrial, por intervalos, dicen que
cuidan, pero lo que les interesa es la soya en grandes extensiones. Algo muy diferente de la
 “agricultura de montaña" que prende fuego, pero no arrasa.

- Adolfo: Eso que hacen los menonitas no es nuevo. Antes de la motosierra, era con hacha. En los setentas los agrónomos, como ya estaban esos tractores de orugas, les ponían una cadena a cada lado e iban los dos tractores arrastrándolo todo —imagínese llevándose todos los árboles. En los setenta ya cuando entraron las motosierras, los agricultores avanzaron un montón más sobre la selva. Qué es lo que quiero decir: no es que satanizo eso, hay que comer, hay suelos arables y suelos con condiciones. Pero llega un punto donde te quedas sin ese suelo. La agricultura orgánica o agroecológica —llámenla cómo quieran—, ha ido trascendiendo y cambiando mucho. Es muy dinámica, —pero la pequeña—, no la de las piñeras orgánicas. Si hay monocultivo, yo no sé cómo le pueden decir orgánico.

Con la agricultura convencional no podía recuperar el suelo, porque era un trabajo de minería, yo no podía variar nada. Entonces tuve que buscar opciones. La única que me daba recuperación de suelo eran los que usaban abonos orgánicos, los que usaban compostas (que no son un invento de la agricultura orgánica, eso es lo que pasa en el suelo).

Quienes sembramos “orgánico”, o de modo “agroecológico”, buscamos observar un poquito más darnos de lo que sucede en un bosque.

A veces somos muy prepotentes. Creemos que inventamos muchas cosas. Tendríamos que observar lo que está sucediendo. Porque nosotros tenemos poquitito de estar aquí, pero la naturaleza tiene miles de años en formación, millones, y nosotros en el último casi medio segundo hemos hecho estragos. Por pura prepotencia, por puro poder.

Qué descubrieron los mayas [al regresar a vivir en sus comunidades dispersas y abandonar las monumentales urbes] que nada hacíamos con esas mega ciudades. Ojalá que en algún momento despertemos y entendamos eso. Pero ya habemos unos cuantos que estamos pensando diferente de la mega ciudad.

Mi camino en la agricultura me llevó a observar el suelo, entender que soy parte del suelo y que si lo chineo a él, me estoy chineando a mí.

Y entonces comencé a ser parte de eso, ahí fue donde se comenzó a regenerar el suelo. Mi calidad de vida es diferente y trabajo con esperanza —porque se ven los frutos. Vea, con un poquito de tiempo de vida que llevo dedicado a esto —los últimos diez a quince años—, estoy viendo los frutos en mis hortalizas, en mi familia. Mi familia no está comiendo una ensalada que tiene un montón de agroquímicos, está comiendo una ensalada con una cantidad de vida. Y el suelo que está produciendo alimentos, tiene más vida, más lombrices, le estamos dando un tratamiento respetuoso. El suelo nos está dando y nosotros les estamos redistribuyendo y lo dejamos descansar.

Hay una era que trabajamos todo este verano. Tuvo brócoli y vainica, ahora cortamos, y se le puso una cantidad de ramas como de unos 40cm, eso hace como un centímetro de suelo. Tratamos de hacer lo que hace el bosque. Todos los años los árboles echan un montón de hojas y ramitas al suelo para recubrirlo.

Cuidamos el suelo por la comida. La comida sale del suelo, se sostiene del suelo, se nutre del suelo. La recuperación de las semillas nos da soberanía, nos da poder, somos dueños de algo, y así como las semillas están en peligro de convertirse en propiedad de unos pocos, las gallinas también corren la misma situación.

Quizá ha pasado de una forma más rápida y menos solapada. Si ustedes le ponen atención, en los últimos 20 a 40 años, la agricultura se industrializó por completo. Antes todas las abuelas, todas las mamás tenían su patio de gallinas.

Cuando niño, yo le preguntaba a mi papá por qué mi abuelo producía mucho maíz. En ese entonces, mi papá también tenía “chompipes” [pavos, guajolotes], y cuando estaban pequeñitos los chompipes mi abuela los vendía. Entonces el señor que venía a comprarlos, se llevaba dos cajuelas de maíz por cada chompipe pequeño para engordarlo. Así funcionaba. Las personas eran dueñas de ambas cosas.

Luego toda la agricultura se industrializó casi totalmente. Se especializaron tanto las variedades de aves, que las gallinas modernas son gringas o italianas y no saben ser mamás. No se encluecan, y para que “tengan” un montón de ventajas productivas, tienes que entrar al sistema y comprar todos los concentrados para alimentarlas. No son como cualquier gallina. También tienen otro problema: todas son homogéneas. Productivamente hablando es muy beneficioso, porque todas ponen todos los días. El problema es si hay una enfermedad que las afecte, al ser todas iguales, todas se mueren igual.

La “heterosis” que tienen las gallinas casi se ha perdido. Las abuelas tenían gallinas de todos los tamaños, sabores y colores. Ahora usted va a una granja y no producen nada de lo que están comiendo las gallinas y producen gallinas todas iguales, pesan igual, comen igual y bajo un estrés exagerado. Las granjas industriales en un campito muy muy pequeño, tienen 7 gallinas metidas. ¿Usted se han preguntado por qué las despican? Porque las gallinas se vuelven caníbales en ese tipo de espacios. Es más, cualquiera; yo calculo que si nos encierran, al poco tiempo nos estamos matando. Y ellas tienen que pasar toda su vida productiva en esa jaula, entran un mes antes de empezar a poner. En ese sistema, los campesinos en Costa Rica, prácticamente están perdiendo el germoplasma de las gallinas. Tenemos gallinas porque las compramos.

Por eso nosotros tenemos un proyectito: le llamamos “la recuperación de la gallina del huevo verde”, es una gallina criolla con caracteres que la hacen diferente, y así se pueden diferenciar de las gallinas industrializadas, porque las gallinas industrializadas no ponen huevos verdes.

La gallina industrializada tiene cola. Las nuestras no tienen. La gallina criolla que viene originaria de Talamanca no tiene cola.

Lo que dice la teoría es que los polinesios comerciaban en la isla de Pascua con los araucanos y trajeron gallinas, y un investigador se encontró que esos caracteres estaban diseminados hasta Talamanca. Si uno habla con las abuelas, todas vieron huevos verdes en alguna gallina. Ese tipo de gallinas las encontré en la zona alta, allá por Santa Teresa, San Cruz de Nicoya. Un lugar bastante alejado, duré tres días para llegar a mi casa con mi gallina, entre los buses —y vieras la cara que me hacía el chofer, yo le decía que no me subía sin la gallina.

Estamos recuperando las gallinas más criollas que se puedan encontrar. La gallina que jalaron los polinesios: de huevo verde, con apéndice y sin cola. Andamos tras de eso. Estamos bastante cerca. Ya tenemos gallinas con cola y sin apéndice y viceversa.

Para mejorar hay que tener una base, y como las gallinas tienen una diversidad altísima, hay rondando mucha sangre italiana por ahí. La hemos encontrado que esas gallinas blancas, la que tienen una sierrota, que parecen un gallo, es la gallina más ponedora. Esos genes andan en todo lado, como los de estas rojas, y como las Sex-Link. Para poder depurar esos genes, hemos depurado para atrás.

Porque a veces la mezclas se dan por moda, pero ahora la loquera es tener de esas gallinas Brahman, una gallina me imagino que hindú, por el nombre. Es una gallina relativamente nueva por acá. Eso no es una gallina criolla. Entonces hay que rastrear mucho para capearse esos genes.

El Ministerio de Agricultura y Ganadería distribuyó a lo loco unas gallinas que produjo la Universidad de Costa Rica conocidas como Sex-Link Negras. Esa gallina es muy caníbal, se comen entre ellas. Son terribles. Por qué las desarrollaron, porque son sexables, desde el primer día. Entonces usted llega y está toda la tanda de pollitos y todos los machos tienen una pintita en la cabeza. Entonces agarran a todos los machos y los tiran en una picadora de pasto para convertirlos en concentrado y todas las hembritas son las que se compran. Ese concentrado se lo dan de nuevo a las gallinas. Así de romántico es ese proceso.

Y si no los agarran en cajas y los van a dejar a las comunidades de Talamanca. Y la gente mete esos gallos “Cuíjenes” Sex-Link, que son híbridos.

Hay una diferencia entre el maíz hibrido y transgénico. Con las gallinas pasa lo mismo. Meterle una gallina híbrida con ciertas cualidades a los patios es una forma de arrinconarnos con los genes que ellos quieren, para podernos aislar. No queremos que nuestras gallinas sean “cuíjenes”[que no ponen huevos] o “barradas” que llaman. Barradas que vienen de las Sex-Link, porque descienden de una gallina gringa que se llama Barred Plymouth Rock y un gallo Rhode Island Red. Tampoco queremos reproducir las grandes crestas, porque vienen de la gallina Leghorn que es una gallina italiana que lo que ocupa es que hayan campos gigantescos de soya y maizales, como hay en Estados Unidos, Argentina y Brasil.

Hay que estar claros en que si tienen una gallina de ésas, están contribuyendo al proceso de los monocultivos y al proceso de privatización de la biodiversidad. Eso es parte del problema. A veces la inconciencia es tan extrema, que aunque pensamos que no vamos a cortar árboles, o producir hierro, nuestra construcción implica una tala enorme, una minería terrible, mucho consumo de energía y efectos terribles para la tierra.

Tener una gallina especializada es estar montado sobre el sistema industrial. Aunque uno quiera pensar que no. Ahora no es que uno se pueda destetar de eso rápido. Mi esposa cría pollos y esos pollos comen soya de los monocultivos de Argentina.

Fuente: Biodiversidad, sustento y culturas N° 99

Temas: Agricultura campesina y prácticas tradicionales, Saberes tradicionales

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