Las violencias contra las mujeres como efectos de la necropolítica

Idioma Español
País Argentina

Una avanzada del capitalismo vía los procesos extractivistas, de expoliación de los bienes comunes, tiene como efecto comprobado la profundización de las violencias en distintos planos; entre ellos, uno central es la violencia contra las mujeres.1 Es decir, no podemos comprender la violencia patriarcal si no la vinculamos con las transformaciones en el modo de acumulación que está transitando la provincia al inscribirse en un orden global extractivista.

Vaca Muerta se instala con fuerza en la producción material y simbólica de la saturando todos los sentidos. Foto de Martín Alvarez Mullally / OPSur

Al querer articular una serie de conceptualizaciones (y situaciones) como violencia contra las mujeres, procesos de acumulación capitalista, heteropatriarcado y racismo, estamos frente a la idea de “conceptos sudorosos”, desarrollada por Sara Ahmed. Estos emergen de articulaciones que requieren de mucha descripción. Son aquellos que surgen “de la descripción de un cuerpo que no se siente a gusto con el mundo” (2018, p. 29). La autora subraya que este tipo de conceptos también son producidos por la experiencia práctica de enfrentarse a un mundo o de intentar transformarlo.

Las feministas tenemos sobradas experiencias para darle forma, cuerpo, a esos conceptos, y por eso se nos hace imperioso profundizarlos desde abordajes teóricos propios. Hacer caer el patriarcado es desestabilizar las bases del predominio de un estado de “dueños” con sus nociones, de lo que intentaremos dar cuenta en estas líneas.

Feministas como Rita Segato, Silvia Federici y Valencia Sayak nos vienen ayudando a comprender los entramados de las violencias. Conceptos como dueñidad, capitalismo gore,2 necropolítica, necropatriarcado, acumulación originaria, proveen de una sesuda analítica para aproximarnos a un estudio situado de las territorializaciones. Una territorialización percibida como producción de “líneas de demarcación y de jerarquías, de zonas y enclaves; el cuestionamiento de la propiedad; la clasificación de personas según diferentes categorías; la extracción de recursos y, finalmente, la producción de una amplia reserva de imaginarios culturales” (Mbembe, 1999, p. 43). El entramado de esos conceptos colaboran para entender lo que se está generando en Vaca Muerta y en el territorio, por lo menos, de la provincia de Neuquén.

Rescato y retomo la perspectiva de Silvia Federici sobre la acumulación originaria, toda vez que permite adentrarnos en la comprensión histórica de los procesos de violencia y la particularidad que revisten para las mujeres. Sostiene la autora que “cada fase de la globalización capitalista, incluida la actual, ha venido acompañada de un retorno de los aspectos más violentos de la acumulación originaria, lo que demuestra que la continua expulsión de los campesinos de la tierra, la guerra, el saqueo a escala global y la degradación de las mujeres son condiciones necesarias para la existencia del capitalismo en cualquier época” (2011, pp. 22-23). Esta autora subraya que, si Marx hubiera mirado la historia desde la perspectiva de las mujeres, nunca podría haber supuesto que el capitalismo allanaba el camino hacia la liberación humana.

Considero que en la época que transitamos, la acumulación originaria se ve interpelada también por los procesos de dueñidad que conceptualiza Rita Segato. Sostiene la autora: “La dueñidad en Latinoamérica se manifiesta bajo la forma de una administración mafializada y gangsteril de los negocios, la política y la justicia, pero esto de ninguna forma debe considerarse desvinculado de un orden global y geopolítico sobreimpuesto a nuestros asuntos internos. El crimen y la acumulación de capital por medios ilegales dejó de ser excepcional para transformarse en estructural y estructurante de la política y de la economía” (Segato, 2016, p. 110). En Vaca Muerta, esta dueñidad se extiende a las profundidades de la tierra y produce cuantiosas ganancias para unos pocos desparramados por el mundo, que tienen la vaca bien atada.3

La claridad de los aportes de estas pensadoras nos permite afirmar que las situaciones de violencias contra las mujeres, los femicidios, los distintos ataques a las decisiones sobre nuestros cuerpos/vidas, necesitan ser analizados en cuanto que forman parte de una “nueva” transformación cruel del sistema de relaciones globales.

Ampliando lo anterior, digamos que los dispositivos estatales y no estatales para acompañar situaciones de violencia son siempre escasos ante el crecimiento de la demanda actual y la promoción de las denuncias. Pero, a la vez, el desafío es contextualizar/problematizar abordajes profesionales y activistas en el contexto de los cambios por los que estamos transitando. Preguntarnos: qué transformaciones se producen en las violencias en el ámbito doméstico, cuáles en los ámbitos institucionales y mediáticos. Es altamente relevante producir información, como lo venimos haciendo, por ejemplo, en los servicios de acompañamiento de Socorro Rosa y Socorro Violeta desde la Colectiva La Revuelta, para que las organizaciones nos transformemos en una suerte de Observatorio y desde allí demandemos respuestas. No solo interesan los números, aunque son indispensables en estos temas, sino los cambios cualitativos en las violencias y sus representaciones sociales.

Cada forma que asume un modo de acumulación genera relaciones diferentes entre capital, patriarcado y racismo. Siempre violentas pero con diferencias. Se introducen en los imaginarios colectivos otros mandatos para el “macho proveedor”, mandatos “no convencionales”, que se entroncan y se acumulan con los históricamente existentes, otras formas de violencias hacia los territorios y los cuerpos. Se reconfigura un machismo que exacerba “la indiferencia ante el peligro, el menosprecio de las virtudes femeninas y la afirmación de la autoridad en cualquier nivel” (Sayak Valencia, 2018): “Machos que se la bancan”, como se titula un trabajo de Hernán Palermo (2015) que refiere a las lógicas del trabajo petrolero.

Las complejidades de las relaciones laborales cambian, y también las relaciones jerarquizadas de género. Estamos transitando la configuración de masculinidades mucho más violentas. Esa reconfiguración, producto del cambio de las relaciones laborales que exacerban el modelo de varón petrolero -de larga data en la región-, impacta en otras masculinidades, en sus deseos de posesión y consumo. Vaca Muerta reconfigura las relaciones de poder en todos los planos y las proyecta de lo estructural a lo cotidiano.

Sostiene Sayak Valencia que el tipo de economía capitalista por la que transitamos desemboca en una “necropolítica” caracterizada por “demandas excesivas de hiperconsumo dictadas por la economía global, remanentes coloniales, construcción binaria del género y ejercicio despótico del poder por parte de gobiernos corruptos y autoritarios” (2012, p. 85). Si pensamos en la apuesta que se está haciendo en Vaca Muerta, asociada a la destrucción de territorios, contaminación ambiental, judicialización de población mapuce, servilismo del poder judicial, consolidación de “enemigos internos” -seguidos de represión y asesinatos, muertes de trabajadores en las locaciones, mercantilización de los cuerpos, aumento de femicidios-, esto es directamente vinculable con la idea de necropolítica. Y nos lleva a pensar las responsabilidades de los estados nacional y provincial, pues no se trata de excepciones ni situaciones excepcionales.

Rita Segato, en un artículo que recoge el trabajo realizado con comunidades indígenas de Brasil, expone el avance de lo que llama “frente estatal-empresarial-mediático-cristiano, siempre colonial y también para-estatal” (2014, pp. 593-616). En nuestros espacios y tiempos, podemos considerar que Segato nos alerta sobre formas de violencias y desposesión con las que atropella este frente y sobre lo que va dejando a su paso. Aquí su análisis puede ser extendido a la situación del Pueblo Mapuce (aunque no solamente), a la vez que traspasa la propia localización geográfica del megaemprendimiento. Diría que lo que más venimos sintiendo durante estos años es esa relación de exterioridad que se produce ante la presencia cotidiana de la lógica de Vaca Muerta en nuestras vidas. “De exterioridad con relación a un medio natural y humano entendido exclusivamente como oportunidad para la extracción de lucro y ventajas: una pedagogía del cuerpo y de la naturaleza alienables, presa disponible para la apropiación, el control jurisdiccional y la explotación hasta el desecho, objetificación que incide en la percepción de las mujeres como cuerpo a ser apropiado y rapiñado” (Segato, 2014, p. 601).

En un territorio como Vaca Muerta, invadido por la lógica de la muerte, estas pensadoras nos permiten comprender las violencias en los territorios y contra los cuerpos de las mujeres como efectos cotidianos de una necrológica con la que estamos conviviendo y con la que tenemos una relación de exterioridad.

La acción activa del estado

Desde esta perspectiva, entonces, resulta paradojal que el mismo estado provincial que tiene todos sus intereses, proyecciones y recónditos deseos en ese necroemprendimiento esté instrumentando algunas políticas públicas para paliar la situación de violencias contra las mujeres, en un intento por mostrar otra cara de esta provincia. Más paradojal aun resulta el anuncio por parte del máximo dirigente del sindicato de petroleros de que el 50 % de los puestos de trabajo en Vaca Muerta tendría que ser para mujeres, una declaración demagógica y encubridora de los profundos problemas por los que atravesamos las mujeres.

Vaca Muerta se instala con fuerza en la producción material y simbólica de la provincia saturando todos los sentidos: en todos nuestros análisis es necesario estudiar sus efectos de manera situada.

Ese espacio local, nacional, transnacional, parece estar constituyéndose en un estado paralelo. Un “gobierno privado indirecto”, para utilizar una conceptualización de Mbembé (1999) o un “segundo estado” como en 2006 lo denominó Segato. Uno con sus propias reglas, su seguridad privada, que condiciona al otro estado. Un estado de “dueños” con vasos comunicantes con los otros estados, que se ensanchan en contextos de avance de lo privado y del endeudamiento externo. Todo esto se relaciona incluso con la propia concepción del clúster: Vaca Muerta como ámbito de encuentro entre distintos actores -públicos, privados y sindicales- y una multiplicidad de intereses.

Otra conexión entre la doctrina de ambos estados y el tema de las violencias -si bien es un proceso, cuanto menos, latinoamericano- se puede encontrar en una cruzada en común: la lucha contra lo que han dado en llamar la “ideología de género”, es decir, contra los avances históricos de feminismo. El discurso que promueven desde allí es profundamente fundamentalista y habilita todo tipo de violencias contra las mujeres, las disidencias sexogenéricas y los pueblos originarios. Construyen enunciados performativos, donde el objetivo parece ser achicar los espacios entre la violencia del decir y la del hacer. Esta avanzada ha intentado expresarse en escuelas privadas de Neuquén y tiene también presencia en la organización que intentan darse los grupos antiderechos ante situaciones de reclamos por la despenalización del aborto. Además, empiezan a tener representantes legislativos cada vez más claros, más poder en los medios de comunicación y en el devenir de la vida de las personas en general.

Las consideraciones expuestas acerca del papel que están jugando los estados sugieren que a la realización de reclamos paliativos hay que ponerle pocas expectativas. Por el contrario, es necesario generar hipótesis de trabajo en torno a la idea de que la disminución de la violencia en la provincia, donde se eleva el número de femicidios y donde las reacciones conservadoras van adquiriendo un poder paulatino, nos convoca a repensar las relaciones entre el modelo extractivista, la reconfiguración del heteropatriarcado y la expansión de un estado de dueños locales, nacionales, transnacionales. Tomar cada aspecto por separado nos aleja de perspectivas integrales contra las violencias, teniendo en cuenta que la expansión del extractivismo crea nuevos residuos tóxicos esparciéndolos por todos los rincones de nuestras vidas.

Referencias:

Ahmed, Sara (2018). Vivir una vida feminista. Barcelona: Ediciones Bellaterra.

Federici, Silvia (2011). Calibán y la Bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Buenos Aires: Tinta Limón.

Marquéz Nicolás y Laje Agustín (2016). El libro Negro de la Nueva Izquierda. Ideología de género o subversión cultural. Buenos Aires: Unión Editorial. Centro de Estudios Libre.

Mbembe, Achille (1999). Necropolítica (seguido de) Sobre el gobierno privado indirecto. España: Melusina.

Palermo, Hernán (enero-abril de 2015). “Machos que se la bancan”: masculinidad y disciplina fabril en la industria petrolera argentina. Desacatos, 47, pp. 100-115. Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social Distrito Federal, México.

Segato, Rita (2006). La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juarez. Territorio, soberanía y crímenes de segundo estado. México: Universidad del claustro de sor Juana.

Segato, Rita (mayo-agosto de 2014). El sexo y la norma: Frente Estatal, Patriarcado, desposesión, Colonidad. Estudos Feministas, 22(2), pp. 593-616. Florianópolis. Segato, Rita (2016). La guerra contra las mujeres. Madrid: Traficantes de sueños.

Valencia Triana, Sayak (2010). Capitalismo gore. España; Melusina.

Valencia Triana Sayak (febrero de 2012). Capitalismo Gore y Necropolítica en México contemporáneo. Relaciones Internacionales, 19. GERI – UAM.

Valencia Triana Sayak (5 de diciembre de 2018). “Fronteras, feminismo y necropolítica”, entrevista en Nueva Revista Socialista.

Notas

1- Aclaro desde el comienzo que utilizaré este concepto de “mujeres” pero apelando a que en su lectura se lo entienda más ampliamente de lo que puede considerarse biomujeres o desde una posición crítica a la biología convertida en una bio-lógica de los cuerpos.

2- “Capitalismo gore”, refiere a “la reinterpretación dada a la economía hegemónica y global en los espacios (geográficamente) fronterizos (…). Tomamos el término gore de un género cinematográfico que hace referencia a la violencia extrema y tajante.” (Valencia Sayak, 2010, p. 8).

3- Ver Informe “Quiénes son los patrones de Vaca Muerta”, en diario Río Negro, 6 de mayo de 2019.

Graciela Alonso, Activista en la Colectiva Feminista la Revuelta. Profesora Adjunta e Investigadora de la UNCo y del IPEHCS. Directora de la Especialización en Educación y Estudios Interculturales, de géneros y sexualidades.

Fuente: OPSur

Temas: Feminismo y luchas de las Mujeres

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