Plantaciones de palma aceitera en Chiapas, México: mujeres en lucha contra el control territorial y la violencia

Por WRM
Idioma Español
País México

Las plantaciones de palma aceitera son causa central de la deforestación en el sureste mexicano. Una red de mujeres en Chiapas se han organizado para denunciar las tácticas de coerción y engaños por parte del Estado y de las empresas para que los campesinos acepten el monocultivo en sus tierras. Su lucha es por la tierra, por sus conocimientos, y porque sus voces sean escuchadas.

Las plantaciones de palma aceitera se han convertido en uno de los impulsores centrales de la deforestación en el sureste mexicano. Estos monocultivos se vienen imponiendo como una forma de control territorial, trastocando y aprovechándose de formas de organización social existentes y generando violencia, sobre todo para las mujeres y los territorios que defienden. (1)

El estado de Chiapas, al sur de México, según datos de 2019, concentra más del 43 por ciento de las plantaciones de palma aceitera del país. (2) Tan solo en la Región Costa, al sur de Chiapas, existen 27,500 hectáreas sembradas. Estas plantaciones conectan en la región Norte de Chiapas con un ‘corredor’ de plantaciones de palma, que incluye territorios en Guatemala y Honduras. Este corredor fue afianzado con el ‘Proyecto de Integración y Desarrollo de Mesoamérica’, que impulsa el ‘Programa Mesoamericano de Biocombustibles’, el cual busca la reordenación territorial en beneficio de los intereses empresariales y las elites locales. La Región Costa, a su vez, se ha convertido en una gran área de extracción, con proyectos mineros, hidroeléctricos, de mega-infraestructura, gaseoductos y de plantaciones de monocultivos, además de representar una zona de mayor control militar por la migración hacia países del Norte. No es casualidad que las mayores plantaciones de palma se encuentran en esta región, ya que es la más rica en agua en todo México.

En Chiapas hay once procesadoras de aceite de palma crudo, que luego se refina como aceite vegetal en refinerías ubicadas en Veracruz y Jalisco. Cada una de estas plantas fomenta la expansión de la siembra de palmas. Las plantaciones de palma aceitera asimismo están relacionadas con otro megaproyecto de soporte extractivo en la zona en la región de Palenque, al norte de Chiapas: ‘El Tren Maya’, la pieza más visible del llamado ‘Proyecto de Reordenamiento Territorial del Sur-Sureste’, también vinculado al ‘Proyecto de Integración y Desarrollo de Mesoamérica’. Este tren servirá como ruta de extracción de materias primas básicas, entre ellas la palma aceitera.

Frente a esta situación, las mujeres se vienen organizando con fuerza en la región y denuncian las tácticas de coerción y engaños por parte del Estado y de las empresas, para que los campesinos acepten el monocultivo en sus tierras. Entre los impactos mencionan como el espacio dedicado a los huertos y granjas de traspatio se ve cada vez más reducido y contaminado por los agrotóxicos, la tierra se erosiona, dificultando la producción y los animales no cuentan con agua ni pasto. La alimentación familiar se vuelve cada vez más dependiente de la compra de productos industrializados y procesados, o incluso, la compra de granos básicos como el maíz y el frijol. Para las mujeres esto ha significado, además, un despojo de sus prácticas ancestrales de cuidado y preservación de los territorios, la pérdida se sus conocimientos e historias, de su cultura y de sus formas de organizarse, trabajar, celebrar y alimentarse.

La mayoría de las mujeres no están de acuerdo con la renta de la tierra para el monocultivo, pero como no son titulares de las tierras, sus intereses no son tomados en cuenta. Es así que la lucha de las mujeres por la tierra además se relaciona con su lucha por poder participar y decidir sobre lo que pasa en sus comunidades, sobre qué plantar, cuándo y cómo; y que su voz sea escuchada en igualdad de condiciones.

El gobierno por su parte, bajo el discurso de la protección y control del crimen organizado, ha mandado a la Guardia Nacional, militarizando estos territorios. En consecuencia, las persecuciones, el acoso, el control y la violencia física, sexual y emocional en contra de las mujeres, así como los feminicidios, han aumentado con total impunidad. Además de que esto se exacerba con el control que pretenden ejercer grupos del crimen organizado en la región.

Pero las mujeres no se han detenido en su lucha, pues juntas en redes y colectivos se están organizando, informando y capacitando para fortalecer su voz y lucha colectiva.

El WRM conversó con Guadalupe Núñez Salazar, coordinadora de La Red de Mujeres de La Costa en Rebeldía, una articulación de cerca de 80 mujeres que pertenecen a varias comunidades de los municipios Costeros de Chiapas en defensa de sus tierras y territorios.

WRM: ¿Nos podría contar cómo recuerda estas tierras antes de la llegada de la palma a la región?

Antes de que hubiera palmeras plantadas, este territorio estaba lleno de árboles frutales, habían ríos muy caudalosos y existía mucha vegetación diversa y animales. Yo recuerdo muy bien este lugar antes de que llegara la palma. Las mujeres tenían variedad de cultivos y podían consumir y producir diversos alimentos, nos podíamos bañar tranquilamente en los ríos y se pescaba también mucho cuando era temporada. El agua era pura y no había que hervirla ni ponerle nada para poder tomarla, como lo tenemos que hacer ahora. En ese entonces se sentía que había más cercanía y contacto con la tierra y sus riquezas, y había mucho que comer, incluyendo a los animalitos del monte. Los pajaritos, por temporadas, llegaban en abundancia en esa época. Eran tierras muy húmedas, siempre lo fueron, pero sabíamos como manejar eso para aprovecharlas.

WRM: ¿Cuándo y cómo llegaron las plantaciones a sus territorios?

La palma aceitera llegó en los años 90s a través de los gobiernos.

En 1998 se dieron inundaciones muy fuertes que provocaron grandes pérdidas para las familias campesinas. Una gran parte de la región se había inundado gravemente. Hay que recordar que el huracán Mitch fue en ese mismo año, y varias provincias quedaron sepultadas, llevándose cultivos, animales y árboles que la gente tenía para sobrevivir.

Es ahí que el gobernador del momento insistía que había que cultivar la palma aceitera para ayudar a secar las tierras y evitar las inundaciones.

En el 2007 el gobierno empieza con una propaganda más fuerte para hacer que la gente plante las palmas en sus tierras. Representantes del gobierno se acercaban a los ejidatarios que tenían tierra, los cuales eran hombres en su gran mayoría, para promover este monocultivo como una forma de hacer negocios, siguiendo con el discurso que la palma ayudaría a evitar las inundaciones que se vivieron en el año ‘98.

El boom palmero en la región además se impulsa con la promoción de créditos de hasta cinco años para implementar las plantaciones.

Hay que recordar que, por la forma de tenencia de la tierra en México, la posibilidad de que el gobierno o una empresa compre grandes extensiones de tierra es imposible. Las tierras son de propiedad comunal, son ejidos, pero cada uno tiene una parcela individual donde las decisiones sobre su uso son individuales, de cada ejidatario. Por tanto, lo que hacen es ir acaparando la tierra con discursos de que las empresas les van a comprar los frutos de la palma. Eso también está relacionado al uso y control del agua, ya que las plantaciones (y por ende las empresas) terminan utilizando el agua de las tierras campesinas. Entonces, en lugar de comprar la tierra y el agua, las empresas la rentan, por así decirlo. Y ahí es donde empieza el cambio radical en la vegetación y diversidad de los territorios de esta zona.

Entonces los intereses de las empresas se juntaron con los del gobierno, y ambos trabajaban juntos para fomentar la palma. Al principio les regalaban las plantitas a quienes aceptaban los contratos, pero luego las plantas valían 30 o 50 pesos y las empresas mismas las vendían. Les prometían que sus vidas iban a mejorar, que iban a tener mayores ingresos… les vendían que iban a salir de la pobreza.

Pero ahí hay una falsedad, no? Siempre se considera que las personas de las comunidades son pobres, pero nosotras siempre hemos dicho que la pobreza no es precisamente que una tenga 1000 pesos en la bolsa. La riqueza es lo que se tiene ahí en las comunidades. Allí tienen su tierrita, su agua, su vegetación, ¡y eso es una gran riqueza! A veces no nos damos cuenta y le vendemos esa riqueza al gobierno y a las empresas… ¡nos la están arrebatando! Las personas de las comunidades son usadas y engañadas con la promesa de mucho dinero.

Ahora se ve una cantidad excesiva de palma aceitera en los territorios y mientras más palma hay, el precio de la fruta es menor.

Los contratos en esta región son sobretodo con dos empresas procesadoras: PalmoSur (Palmeras Oleaginosas del Sur S.A.) y Uumbal. Además, hay una cooperativa para el acopio de la fruta impulsada por el gobierno, que es de los propios pequeños productores palmícolas. La cooperativa ha tenido que comprar hasta las pesas para pesar los frutos antes de poder llevarlos a las procesadoras.

WRM: ¿Cómo se creó la Red de Mujeres y cuál ha sido su proceso de lucha?

La Red de Mujeres de La Costa en Rebeldía nace de una organización llamada Consejo Autónomo Regional de la Costa, que tiene como principal lucha el acceso a la energía eléctrica, aunque siempre en relación con lo que sucedía en los territorios por la cantidad de afectaciones ambientales en las comunidades.

Desde 2016 comenzamos a organizarnos como mujeres para que las compañeras que ya estaban en la organización pero que tenían poca participación pudieran sensibilizarse más sobre lo que estaba sucediendo en las comunidades. Un punto importante para nosotras era el concientizar sobre cómo las tierras comunitarias que tenían plantaciones de palma estaban siendo severamente afectadas, y cómo esto afectaba no solo a quienes tienen las plantaciones sino además a toda la comunidad y, en especial, a las mujeres. Esto nos llevó a juntarnos y contactar a las compañeras que tenían palma en sus territorios y vivían sus impactos, para poder aprender más sobre lo que estaba pasando.

Ahora ya sabemos cómo la tierra está agrietada, el agua está amarilla, los ríos están mucho menos caudalosos, algunos pozos de agua huelen a óxido. Vemos cómo se pierden los alimentos nutricionales y diversos, y las plantas medicinales. Después de unos 5 años de haber sembrado palma, se ve que los alimentos ya están contaminados con los agrotóxicos. Se ve como por ejemplo el elote que antes era grande, ahora sale pequeño y con los granos muy esparcidos. La tierra está erosionada y endurecida, dificultando muchísimo que la producción de alimentos funcione... muchas plantas se secan o no dan fruto. La situación del agua es también preocupante, donde se ve directamente la contaminación y cómo se está acabando… ya no hay agua suficiente. Y cuando no hay agua es la mujer la que sufre más, la que tiene que buscárselas como sea para conseguirla. Este compartir nos ayudó para que nos sigamos organizando e incidiendo en la defensa de nuestras tierras y territorios.

Empezamos siendo 5 mujeres en 2016 y ahora somos alrededor de 80 compañeras de 16 comunidades. Alrededor de 10 o 15 mujeres de cada comunidad, las cuales estamos atentas e incidiendo en el trabajo.

La experiencia en el Consejo Autónomo, donde había hombres y mujeres, nos hizo darnos cuenta que era importante crear un espacio solo para mujeres. Había que buscarnos un espacio para poder hablar no solo sobre la contaminación y las afectaciones sobre la tierra y agua, pero también sobre nuestras violaciones de derechos como mujeres. La Red se convirtió en un espacio necesario para estar juntas, abrazarnos, sentirnos, reflexionar juntas y caminar juntas. Ese sentir nos impulsó a fortalecer esta Red de Mujeres.

Uno de nuestros principales retos en el proceso de mantener este espacio fue el hacernos escuchar para poder agarrar fuerza. Porque si no logramos hablar fuera de nuestros espacios, pues quien nos va a escuchar. Entonces, el espacio es crucial para fortalecernos y poder hablar con convicción. Hay que entender que muchas mujeres son violentadas en sus hogares, y entonces juntas aprendemos a defendernos y conocer los derechos que han sido violentados. Además, el estar trabajando en procesos organizativos de resistencia también implica en muchos casos el confrontamiento con los mismos compañeros. Juntas podemos ver maneras para seguir adelante, para seguir luchando. El poder abrazarnos y llorar juntas nos ayuda a fortalecer nuestra voz colectiva.

El ser mujer pone en perspectiva lo que significa el extractivismo, ¿qué se extrae? Pues nuestras plantas, nuestros conocimientos, nuestra salud. Las mujeres cargan con hacer las marchas, los bloqueos, las comidas y así se van sumando nuestras cargas... Aunque a los recorridos van los compañeros también (risas).

Ahora estamos tratando de concientizar para que quienes tengan palma en sus tierras vayan viendo cómo hacerle para cortar alguna palma cada año para ir volviendo a replantar nuestros propios cultivos.

WRM: ¿Cómo se vive la violencia en los territorios y cuál su defensa contra ello?

Desde que vino la Guardia Nacional se ve su presencia en las comunidades. Según ellos están acá para cuidar, pero lo que se ve es un aumento de los homicidios, los feminicidios, la delincuencia, los desaparecidos… de todo. Esta presencia hace que haya mucho control y creemos nosotras que ellos lo que protegen son los intereses del gobierno y las empresas. Porque nosotras estamos en contra de las plantaciones de palma, pero también estamos en contra de las mineras, de las hidroeléctricas y de las grandes eólicas que el gobierno quiere instalar en esta región. Nosotras estamos incidiendo para decir que somos las mujeres las que vemos los principales impactos y estamos en pie de lucha en defensa de nuestras tierras.

Nosotras, además de ser madres, hijas, esposas, somos defensoras de la vida. La Guardia Nacional ha llegado para quedarse, pero eso no va a impedir que nos organizamos para defender lo nuestro, eso tan preciado que ellos nos quieren arrebatar. Hemos visto que ahora, desde que hay tantos militares en el territorio, hay más asesinatos de mujeres y desapariciones de mujeres jóvenes, así como prostitución. Además, ha incrementado el crimen organizado y eso nos preocupa mucho porque contra eso no sabemos nunca si nos pueden detectar y ya no amanecemos vivas.

Como mujeres, somos parte del territorio y, por tanto, somos las más dañadas cuando los hombres firman estos contratos. Somos la fuerza de defensa de nuestros alimentos, de nuestra agua, de nuestros conocimientos. A través de estos espacios de mujeres hemos podido sensibilizar a más mujeres y juntarnos en la defensa.

Las mujeres nos tenemos que organizar y defender nuestros derechos y nuestras vidas colectivas que tenemos desde momentos ancestrales. Tenemos que entender y reflexionar juntas en profundidad sobre lo que los gobiernos y las empresas hacen contra el pueblo para tomar acción. Hay que además concientizar a los compañeros para que entiendan que las mujeres tienen la necesidad de esa defensa, de información, de tomar decisiones. Tienen que entender que ellos no pueden ir a reuniones sin nosotras, que no pueden firmar nada sin nosotras. Sigue siendo un proceso largo para que puedan entender que las mujeres no somos objetos, sino que somos sujetos de nuestras propias vidas.

Referencias:

(1) La información de la introducción está basada en el trabajo de investigación de la organización mexicana Agua y Vida, que ha lanzado en 2022 la publicación: Ramos, Guillen Claudia y Schenerock, Angélica,  La Palma Aceitera desde la Palabra de las Mujeres. Diagnóstico de la palma aceitera y sus efectos en los territorios de Chiapas.

(2) Ramos, Guillén Claudia,  La expansión de la Palma Aceitera en el Sureste Mexicano, 2019.

Fuente:  World Rainforest Movement

Temas: Feminismo y luchas de las Mujeres, Monocultivos forestales y agroalimentarios

Comentarios