De trigos ancestrales a trigos desfigurados genéticamente

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"Nos repiten por todos lados que en la agricultura todo será ejecutado por drones, robots, sistemas automáticos, tractores sin conductor, satélites, y cultivos más inteligentes que la naturaleza. Pero siguen siendo comunidades campesinas como las de Pamir las que ponen en la mesa una comida que sustenta a la gente y al planeta".

Aprobado en Brasil, avanza trigo transgénico, por Lavaca.org
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Por Verónica Villa Arias

En la historia de la agricultura, de más de 10 mil años, la época de los motores significa una fracción milimétrica. Y aún así, los dueños de las fábricas de maquinaria tienen la arrogancia de decir que la labor campesina desaparecerá. Que todo será ejecutado por drones, robots, sistemas automáticos, tractores sin conductor, satélites, y cultivos más inteligentes que la naturaleza. Todo eso se pone en cuestión cuando sabemos que la humanidad se mantiene en pie por la comida que proviene de las redes campesinas [1].

En las montañas de Pamir, entre Afganistán y Tajikistán, a 4 mil 500 metros de altura, las comunidades campesinas cultivan más de 150 variedades de trigo. A inicios del milenio, los botánicos Frederik van Oudenhoven y Jamila Haider fueron allí para entender cómo sobrevive la gente en aislamiento geográfico, económico y político [2]. Cómo es que en Pamir tienen una exuberante agrodiversidad de cereales, legumbres, moras, cabras y ovejas en tierras tan duras, frías, secas y empinadas. Abundancia invisibilizada para el mundo industrial de abajo.

Los pueblos de Pamir no ofrecen sus comidas a los europeos, ni a los vecinos de Rusia y otros países que los oprimieron por tanto tiempo, ni a los turistas. Después de años, las comunidades tuvieron confianza y convidaron por fin a los científicos sus sopas, panes, pastas, conservas y remedios. Comidas que efectivamente reflejaban la enorme diversidad de las montañas, como un guiso de fideos al que le dicen “la sopa de todo”, que se hace de la cosecha de un terreno común donde siembran, lentejas, frijoles, centeno, cebada y decenas de sus numerosas variedades de trigo.

Cuenta la anécdota que cuando vieron esa siembra “de todo junto” otros visitantes, esta vez de fundaciones de ayuda humanitaria, aconsejaron a los habitantes de Pamir que organizaran mejor sus sembradíos, para que fueran más eficientes, y que cultivaran una variedad mejorada de trigo, que les duplicaría la producción. Los humanitarios hicieron reuniones con los jóvenes para que aceptaran esos paquetes tecnológicos. Las abuelas y abuelos de las comunidades criticaron mucho la idea, dijeron que no había necesidad de sembrar el trigo mejorado porque ya tenían 153 variedades de trigo criollo, y que eso era por algo. Bueno, sembraron, y efectivamente cosecharon el doble, muchísimo trigo… pero que no sabía a nada. Era una variedad europea que necesitaba cosecharse inmediatamente; estaba hecha para trilladora mecánica, mientras que la variedad local se dejaba secar en el campo, para luego separar el rastrojo y dárselo a los animales, apartar los tallos para material de construcción, apartar el gasto diario y guardar los granos secos para el siguiente ciclo.

Esa abundante cosecha de trigo mejorado no sirvió de alimento para la gente, no sirvió de piensos para los animales ni para aprovechar en las casas y corrales. Por supuesto tiraron las semillas, pues no les quedaron ganas de volverlas a cultivar, y tuvieron que nadar a las comunidades al otro lado del río a conseguir más de los trigos nativos para el ciclo siguiente.

En el alto Pamir, las lluvias, el aire y la nieve desgastan los suelos de las laderas, que son muy delgaditos. Pero aún así las comunidades tienen incontables variedades de los cultivos principales, cada variedad con una inteligencia profunda que refleja las estrategias de vida de la gente de las montañas. A pesar de que se ha pronosticado hace siglos que la vida campesina va a desaparecer, las comunidades de Pamir niegan esa profecía.

En el sur de América Latina, una variedad transgénica de trigo está al acecho. En Argentina, el trigo HB4 se autorizó para comercialización desde octubre de 2020, pero Brasil, a donde va 40% de la exportación del cultivo, no lo había permitido sino hasta la semana pasada [3]. Argumentando resistencia a la sequía por la introducción de un gen de girasol —de lo cual hay increíblemente escasa información—, el trigo HB4, de la empresa argentina Bioceres, está diseñado para “combinarse” con glufosinato de amonio. Plaguicida 15 veces más tóxico que el glifosato. Mil 400 científicos argentinos niegan las premisas que sustentan esa nueva transgenie.

A las comunidades soyeras fumigadas, destruidas por cáncer y malformaciones de sus niñas y niños, podrían sumarse ahora las que viven en torno a los cultivos de trigo. Y así como la escorrentía envenenada de glifosato ha matado por décadas los ríos, sus ranas, peces, moluscos, algas y plantas, el glufosinato va directo a envenenar los torrentes sanguíneos de todos los que comemos pan, fideos, pasteles y cerveza. A la zozobra que ha vivido la milpa, se suman ahora los trigales.

Pese las protestas de los harineros nacionales y pese a que los ricos compradores europeos despreciarán el trigo HB4, pues la mayoría de consumidores en la Unión Europea rechaza abiertamente los comestibles con transgénicos, un puñado de corporaciones argentinas insisten en que su expansión comercial será un éxito.

A los amarantos convertidos en monstruosidad por el RoundUp Ready [4],se agregarán las supermalezas del trigo resistente al glufosinato de amonio. Desde los surcos, desde las panaderías, desde los hogares en Argentina y Brasil se argumentan todos estos absurdos y cuesta entender porqué la insistencia en envenenar más la naturaleza, en experimentar con la salud de la gente y poner al borde la economía de toda una nación.

Nos repiten por todos lados que en la agricultura todo será ejecutado por drones, robots, sistemas automáticos, tractores sin conductor, satélites, y cultivos más inteligentes que la naturaleza. Pero siguen siendo comunidades campesinas como las de Pamir las que ponen en la mesa una comida que sustenta a la gente y al planeta.

Notas:

[1] GRAIN, “Hambrientos de tierra. Los pueblos indígenas y campesinos alimentan al mundo con menos de un cuarto de la tierra agrícola mundial”, 2014.  https://grain.org

[2] Frederik van Oudenhoven, Jamila Haider, With our own handsA celebration of food and life in the Pamir mountains of Afghanistan and Tajikistan, 2015, Stitching LM Publishers, Utrecht, Netherlands.

[3] Lavaca.org, “Aprobado en Brasil, avanza trigo transgénico argentino”, 15 de noviembre de 2021, en  https://lavaca.org/

[4] Variedades del amaranto han desarrollado resistencia al herbicida y ahora son imposibles de controlar. Más información en H. Claire Brown, 2021, “Attack of the superweeds”, New York Times Magazine, 18 de Agosto de 2021.

Fuente: Desinformémonos

Temas: Agricultura campesina y prácticas tradicionales, Transgénicos

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