El Acuerdo UE-Mercosur y la profundización del modelo extractivista en la región
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció el viernes 27 de febrero la aplicación provisional del Acuerdo Comercial Interino entre el Mercosur y la Unión Europea, tras la ratificación de los parlamentos de Uruguay y Argentina. Ayer el Senado de Paraguay trató el acuerdo convirtiéndose en el tercer país en ratificarlo.
La implementación provisional, ha sido denunciada como una maniobra técnica que busca eludir procesos democráticos fundamentales, según una carta firmada por más de 100 organizaciones sociales europeas, para las cuales este proceso —realizado sin el dictamen del Tribunal de Justicia y sin el consentimiento pleno del Parlamento— ignora las voces ciudadanas y socava la legitimidad democrática de la Unión Europea.
Aún falta la ratificación por parte del senado brasilero, que cuenta con media sanción por parte de la Cámara Baj. En Paraguay, el Senado con el visto bueno por parte del sector oficialista y los gremios del agronegocio, la aprobación se cerró en la Sesión de ayer.
A pesar de los discursos sobre el “crecimiento económico” y el “desarrollo” expresados por parte del Presidente Peña y otras autoridades locales, este acuerdo representa para el país y el Cono Sur la institucionalización de una relación comercial asimétrica y neocolonial. Es conocido popularmente como el pacto de «vacas por coches», ya que favorece los intereses del agronegocio del Mercosur a cambio de la apertura de mercados para la industria manufacturera europea.
En el actual contexto de avance imperialista y abierta disputa territorial de la región entre potencias económicas, el acuerdo también intensificará las prospecciones mineras en busca de minerales estratégicos para la «transición energética» del Norte Global, profundizando el carácter extractivista de las economías del Cono Sur.
Diversos estudios demostraron que la aplicación del acuerdo será particularmente devastadora para ecosistemas fundamentales como la Amazonía, el Cerrado y el Gran Chaco Americano. Así, mientras sectores ecologistas europeos vienen demostrando que la ley anti deforestación de la UE se debilita frente al avance de sectores conservadores, este tratado ofrece incentivos directos para la expansión de la frontera agrícola.
Esto implicará el avance de las actividades agropecuarias y mineras controladas por multinacionales sobre territorios campesinas e indígenas, lo que provocará un aumento de la violencia y violaciones de derechos contra estos pueblos, quienes además han sido sistemáticamente excluidos de las negociaciones.
La intensificación de las actividades agrícolas demandará el incremento del uso de agrotóxicos. Un ejemplo crítico es el etanol: se prevé un cupo libre de impuestos de 450.000 toneladas para la industria química europea, lo que resultará en suelos empobrecidos y la contaminación de fuentes de agua. Ello implica una grave amenaza para los polinizadores, así como otros insectos, microorganismos y la biodiversidad, al exponer los ecosistemas a una carga química sin precedentes. Sumado a ello, el incremento del comercio internacional de mercancías disparará las emisiones de gases de efecto invernadero, acelerando el calentamiento global.
Desde diversas investigaciones se viene advirtiendo además que este acuerdo se caracteriza por su asimetría, ya que perpetúa patrones históricos de poder. Así, bajo los términos del acuerdo, mientras el Mercosur se consolida como exportador de materias primas de bajo valor añadido, Europa exportará bienes de industriales producidos con alta tecnología (donde se destacan los medicamentos, aeronaves, vehículos, entre otros).
Con ello, el expolio generado con la intensificación del comercio de materias primas —soja, maíz, carne y minerales—, el pacto UE-Mercosur agravará la pobreza, la violencia y las desigualdades sociales, lo cual repercutirá de manera más aguda en los pueblos indígenas y las comunidades campesinas.
Es importante advertir que este documento refuerza un modelo que sacrifica la soberanía alimentaria a ambos lados del océano. En lugar de fomentar un comercio justo, opta por precarizar a la clase trabajadora y a la agricultura campesina, acelerando la deforestación y el desplazamiento forzado de poblaciones a favor del beneficio corporativo.
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