Viejas y nuevas «normalidades» pandémicas sobre los territorios-cuerpos de las mujeres

Idioma Español
Marcha «Ni una menos», Córdoba, Argentina. Autor: Julio Carrizo (CatamarcaTrek).

La pandemia del COVID-19 profundizó una crisis multidimensional de la «normalidad» capitalista que evidencia que el conflicto capital-vida (Pérez Orozco, 2014) es el más importante que enfrenta la humanidad. Y en esta «era pandémica», la naturaleza nos advierte, con su furia incendiaria, inundable, sedienta, climáticamente crítica, que asumir y practicar las relaciones de dependencia entre los seres humanos y con la naturaleza es la única forma de evitar la extinción de la vida en el planeta.

Viejas «normalidades» pandémicas

Sin embargo, es una pandemia que se suma a otras «pandemias» que tienen siglos de existencia. Nos referimos al capitalismo patriarcal, extractivista y colonial que se convirtió en «normalidad» con la modernidad y en «pandemia» para grupos sociales subalterizados: mujeres, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y campesinas. Si una pandemia afecta a muchos individuos de extensas regiones geográficas y profundiza desigualdades, el patriarcado y la colonialidad a los que fueron sometidos esos grupos subalterizados pueden ser considerados como pandemias históricas «normalizadas».

Como parte de esos grupos, las mujeres fueron sometidas a múltiples formas de opresión desde la prehistoria patriarcal de la humanidad (Segato, 2016). En las sociedades modernas/capitalistas/coloniales, esas opresiones se profundizaron y sobre las mujeres recayeron los trabajos de cuidado de la vida humana y de reproducción de la fuerza de trabajo, situados en el ámbito de lo «privado», de lo «personal», y devaluados por no «contribuir» al proceso de acumulación capitalista (Federici, 2020).

Esos trabajos de cuidado fueron considerados «tareas menores» en femenino, en contraposición con «tareas mayores» en masculino, diferenciación en la que se apoya la división sexual del trabajo. Sin embargo, esos trabajos de reproducción de la vida son una precondición para la producción mercantil, ya que reproducen una mercancía fundamental para el sistema capitalista, que es la fuerza de trabajo «productivo». Es por eso por lo que el capitalismo no puede sostenerse sin el patriarcado. La mirada sobre los cuidados nos genera un importante desafío: si bien son trabajos que han sido impuestos a las mujeres y, por ende, esencializados como algo ligado a la feminidad (Pérez Orozco, 2014), son de vital importancia para el sostenimiento de la vida y es necesario revalorizarlos, así como a las mujeres que los realizan. Sin embargo, esta revalorización no tiene que implicar la perpetuación de la división sexual del trabajo; es necesario sacarlos de las casi exclusivas manos de las mujeres para que sean responsablemente compartidos en un proceso de politización.

La pandemia que profundizó las «pandemias»

«Ni una menos», Córdoba, Argentina. Autor: Julio Carrizo (CatamarcaTrek).

La pandemiaque estamos viviendo profundizó las desigualdades gestadas por el capitalismo patriarcal, extractivista y colonial a lo largo de su historia. Compartimos algunos ejemplos de la situación de las mujeres en Argentina en 2020. En este primer año de la pandemia, las mujeres ganaron en promedio un 25 por ciento menos que los varones en el mercado laboral (EcoFeminita, 2020a); la tasa de desocupación en el primer trimestre fue de un 11,2 por ciento para las mujeres y de un 9,7 por ciento para los varones; la tasa de subocupación en ese mismo trimestre fue de un 13,7 por ciento para las mujeres y de un 10 por ciento para los varones (EcoFeminita, 2020b; 2020c). Si bien las mujeres estuvieron más «desocupadas», fueron ellas las que asumieron, en mayor proporción que los varones, trabajos precariosde subocupación,con los que intentaron sostener la supervivencia familiar frente al derrumbe económico pandémico.

La pandemia también profundizó la feminización de las tareas de cuidado y reproducción, que desde siempre implicaron una sobrecarga de trabajo para las mujeres que tienen un empleo o una imposibilidad de acceder al mercado laboral. Fueron las mujeres las que absorbieron el aumento del tiempo dedicado a las actividades domésticas, de cuidado y de apoyo escolar que generó el contexto de aislamiento social (EcoFeminita2020a).

A su vez, el avance de las actividades extractivas en los países periféricos fue una de las formas de contener la profundización de la crisis económica, razón por la cual fueron declaradas como «esenciales» a poco de iniciada la pandemia (FAU-AL, 2021).Y esa avanzada extractivista aumentó las afectaciones en los territorios-cuerpos de las mujeres. Si consideramos que los territorios-tierra, es decir, el espacio concreto donde se construye y se recrea la vida (Cabnal, 2015),y los cuerpos de las mujeres son la base de la reproducción de la vida, podemos afirmar que lo que suceda en los territorios tendrá repercusiones en esos cuerpos que crean y sostienen la vida familiar y comunitaria. Las feministas comunitarias nos enseñan que podemos reconocer y sentir el territorio en nuestros cuerpos y el cuerpo como territorio, y que la lucha debe centrarse en la recuperación y defensa del territorio cuerpo-tierra (Cabnal, 2015).

Respondiendo a ese avance sobre las otras formas de ser y estar en el territorio, la pandemia y la cuarentena no fueron obstáculos para que mujeres y familias fueran expulsadas de sus tierras y alejadas de sus medios de subsistencia. Es el caso de las familias del Movimiento Sin Tierra de Brasil que, en agosto de 2020, fueron desalojadas de las tierras que ocupaban desde hacía veinte años, como consecuencia de una orden judicial de restitución al propietario de un ingenio azucarero que había cerrado sus puertas en 1996 (Sudré, 2020). La migración forzada que generan estos desalojos obliga a las mujeres a construir otras o nuevas formas de reproducción de la vida, sea produciendo alimentos en otras tierras o cocinando para los comedores comunitarios en los barrios populares urbanos. Tanto en el ámbito urbano como en el rural, las estrategias puestas en juego por las mujeres para garantizar la reproducción de la vida a través de la solidaridad y el cuidado se han evidenciado claramente en el actual contexto crítico (Tricontinental, 2020;.Fundación Rosa Luxemburgo, 2020).

La pandemia tampoco fue un obstáculo para la represión de un pueblo y la persecución judicial de mujeres que luchan contra proyectos megamineros en la localidad de Andalgalá, provincia de Catamarca, Argentina. En abril de este año, el pueblo andalgalense sufrió una fuerte represión por oponerse a la instalación del Proyecto Minera Agua Rica Alumbrera (MARA), de oro, cobre y molibdeno, en manos de grandes corporaciones: Yamana Gold, Newmont y Glencore (Agua para los Pueblos, 2021). Seis meses después, varias mujeres que forman parte de la Asamblea El Algarrobo —instancia organizativa que se opone a la megaminería en Andalgalá—fueron imputadas por daño simple, por una supuesta pintada en las oficinas de la empresa Agua Rica. Sin embargo, las mujeres manifestaron que están siendo perseguidas por la justicia y que se trata de una causa basada en hechos incomprobables (Revista Cítrica, 2021).

Junto con las violencias que se han profundizado con los extractivismos, otras han aumentado en forma alarmante. Si ponemos nuevamente como ejemplo a Argentina, durante el año 2020 hubo un femicidio cada veintinueve horas, con un total de 295 en todo el año. Según el «Informe anual 2020» del Observatorio de Femicidios de la Defensoría del Pueblo de la Nación (2021), la pandemia y las medidas de aislamiento contribuyeron al incremento de la violencia hacia las mujeres y las niñas, así como de los femicidios, reforzando las evidencias que indican que el lugar más inseguro para las mujeres es su propio domicilio, en el que quedan atrapadas con su agresor. Las famosas frases «vivas nos queremos» y «ni una menos» nacieron en América Latina y se gritaron más fuerte a partir de la pandemia.

Tramas de resistencia y alternativas desde las mujeres

A pesar del empeño en invisibilizarlas y violentarlas, las mujeres vienen tramando resistencias y alternativas en defensa de los territorios. La emergencia sanitaria que hizo más visibles y profundizó las desigualdades sociales, la destrucción de la naturaleza y las dificultades para sostener las luchas en plena cuarentena tampoco fue un obstáculo para ellas.

Antes de la pandemia, desde las corrientes ecofeministas y los feminismos campesinos, decoloniales y comunitarios, las mujeres nos interpelan con sus lecturas particulares de los extractivismos. En ellas se identifican los impactos diferenciados por género, su carácter patriarcal y racista y la necesidad de las luchas por el territorio-tierra y el territorio-cuerpo.

Algunas corrientes ecofeministas, como la esencialista y la constructivista (Herrero, 2015), han hecho aportes importantes sobre la comprensión del mundo, que conforman una muy buena propuesta para reflexionar sobre cómo llegamos a este estado pandémico y por qué caminos alternativos hay que andar para construir otros mundos y otras vidas posibles. Esas voces ecofeministas, ampliando el discurso ecologista de crítica al capitalismo, han comprendido que el patriarcado y la destrucción de la naturaleza son parte de un mismo sistema de pensamiento y dominación (Federici, 2017). También nos ayudan a entender que, entre los muchos paradigmas de la modernidad, las estrictas divisiones entre naturaleza y cultura, mente y cuerpo, razón y emoción, nos han llevado a este colapso, que coloca el horizonte de vidas dignas para los pueblos cada vez más lejos. Desde las alternativas, los ecofeminismos nos invitan a asumir que sin naturaleza no hay vida humana y que con opresiones no hay vida digna, superando las visiones androcéntricas y antropocéntricas que normalizan las jerarquizaciones entre seres humanos y con la naturaleza. Sin practicar estas propuestas, que implican modificar la matriz productiva y extractiva que caracteriza a la «normalidad» capitalista, es un hecho indiscutible que se producirán otras pandemias que seguirán profundizando la herida de las posibilidades de reproducción de la vida en el planeta.

Desde América Latina, uno de los aportes más interesantes lo constituyen los feminismos comunitarios, que comparten muchas de las lecturas de los ecofeminismos y agregan otras que enriquecen las miradas y las prácticas de las mujeres que resisten y construyen alternativas. Así, proponen vincular las luchas por el territorio-tierra y por el territorio-cuerpo; reivindican al mismo tiempo los feminismos y las cosmovisiones indígenas; y denuncian los patriarcados, tanto el colonial como el originario, con una mirada histórica y asumiendo la supervivencia actual de ambos. Desde esta perspectiva, muchas mujeres indígenas, campesinas, de los sectores medios y populares han constituido redes de defensoras de la vida, del agua, de los territorios, que protagonizan resistencias al avance de los proyectos extractivos, denunciando a la vez su carácter patriarcal y racista.

 En clave de alternativas, las mujeres y cuerpos feminizados poseen saberes que, tejidos desde sus experiencias y prácticas históricas en la preservación y el cuidado de la vida humana y no humana, es necesario recuperar. Ya nos decía Vandana Shiva hace muchos años: «La herencia intelectual para la supervivencia ecológica está con quienes son expertas en esa supervivencia: las mujeres».

Se trata entonces de una cultura del cuidado que las mujeres han cultivado pacientemente a lo largo de generaciones, que tendrá que ser rescatada desde su lugar olvidado de la historia y servir de inspiración central a una sociedad social, ecológica y humanamente sostenible y deseable. Una de las principales enseñanzas que nos dejan las viejas y nuevas «normalidades» pandémicas es que fueron y son las mujeres las que tejen nuevas formas de reproducción de la vida que se alejan de la «normalidad» capitalista, patriarcal y colonial. No hay alternativas al colapso y reexistencias posibles sin mirar, preguntar y aprender de las mujeres.

Referencias:

Agua para los Pueblos, 2021. «Avanzada represiva en Andalgalá». Disponible en: https://www.aguaparalospueblos.org/avanzada-represiva-en-andalgala/.

Cabnal, L., 2015. «Sin ser consultadas. La mercantilización de nuestro territorio cuerpo-tierra». En: Mujeres defendiendo el territorio. Experiencias de participación en América Latina. Bogotá, Fondo de Acción Urgente deAmérica Latina y el Caribe, pp. 43-55.

EcoFeminita, 2020a. «Crisis de cuidados en tiempos de pandemia». Disponible en:  https://economiafeminita.com/crisis-de-cuidados-en-tiempos-de-pandemia/.

EcoFeminita, 2020b. «La desigualdad de género se puede medir. Datos de la Encuesta Permanente de Hogares. Primer trimestre de 2020». Disponible en:  https://ecofeminita.github.io/EcoFemiData/informe_desigualdad_genero/trim_2020_01/informe.nb.html

EcoFeminita, 2020c. «La desigualdad de género se puede medir. Datos de la Encuesta Permanente de Hogares. Primer trimestre de 2020». Disponible en: https://ecofeminita.github.io/EcoFemiData/informe_desigualdad_genero/trim_2020_02/informe.nb.html

Fondo de Acción Urgente para América Latina y el Caribe (FAU-AL), 2021. Extractivismos, pandemia y otros mundos posibles. Recuperación económica y alternativas desde las defensoras del territorio en América Latina. Bogotá, FAU-AL.

Federici, S., 2017. «Diálogos entre el feminismo y la ecología desde una perspectiva centrada en la reproducción de la vida». Entrevista realizada por M. Navarro y R. Gutiérrez. Ecología Política, 54, pp. 117-120.

Federici, S., 2020. Reencantar el mundo. El feminismo y la política de los comunes. Madrid, Traficantes de Sueños.

Fundación Rosa Luxemburgo, 2020. «The Corona Chronicles. Feminismos en América Latina: Argentina». Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=Nyt2k2OECGA&t=201s

Herrero, Y., 2015. «Apuntes introductorios sobre el Ecofeminismo». Boletín de Recursos de Información, 43, Centro de Documentación Hegoa,pp. 1-12.

Observatorio de Femicidios de la Defensoría del Pueblo de la Nación, 2021. «Informe anual 2020. Registro de femicidios desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre de 2020». Disponible en: http://www.dpn.gob.ar/documentos/Observatorio_Femicidios_-_Informe_Final_2020.pdf

Pérez Orozco, A., 2014. La subversión feminista de la economía. Sobre el conflicto capital-vida. Madrid, Traficantes de Sueños.

Revista Cítrica, 2021. «La dictadura minera de Andalgalá contra las mujeres». Disponible en: https://argentina.indymedia.org/2021/10/05/la-dictadura-minera-de-andalgala-contra-las-mujeres/.

Segato, R. L., 2016. La guerra contra las mujeres. Madrid, Traficantes de Sueños.

Sudré, L., 2020. «Después de 60 horas de resistencia, se desaloja campamento del MST con violencia». Brasil de Fato (14 de agosto). Disponible en:  https://www.brasildefato.com.br/2020/08/14/despues-de-60-horas-de-resistencia-se-desaloja-campamento-del-mst-con-violencia

Tricontinental, 2020. «Destapar la crisis. Mapeo feminista de la pandemia». Episodio 0, «Ese gigante de pies de barro. Lado A». Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=6Q-FqKUof_Q

Fuente: Revista Ecología Política

Temas: Feminismo y luchas de las Mujeres

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