Suplemento Ojarasca #348
En Ojarasca de abril están presentes las riquezas de la vida. Acá se escucha a quienes suave, valiente y candorosamente luchan con claridad y compromiso. Por el maíz propio y contra los transgénicos, por la defensa del territorio contra el capitalismo depredador, por la libertad de palabra y lengua. Se habla de la resistencia al desastre ambiental desde el común. Del agua que es indispensable proteger.
UMBRAL | OTRO FUTBOL ES POSIBLE
Nos han robado tanto. También el futbol, ese deporte colectivo que crea comunidad y es jugado en todo el planeta. Un tesoro existencial hasta para los pobres. Ayuda a medio vivir y medio sonreir en las naciones más castigadas como Palestina, Irán, Haití, Yemen, Sudán. El África subsahariana y los desplazados con balones de trapo. Ha ayudado a soportar las guerras. Y las dictaduras en Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Sudáfrica. Trae alegría y emoción física a los barrios y pueblos, a las escuelas. Aun durante los años más duros de la contrainsurgencia del gobierno, dirigida al EZLN y sus simpatizantes, las comunidades mayas se reunían en sus canchas rurales y desahogaban miedos y diferencias. Vienen a cuento los torneos en las cañadas de la Selva Lacandona, cuando equipos rebeldes jugaban contra los rivales gobiernistas con espíritu deportivo.
El lance del balompié proporciona la oportunidad de mantener vivas las relaciones intercomunitarias, donde el rival deportivo puede también serlo en lo político o religioso, situación harto frecuente en las comunidades indígenas y rurales. La ira y el entusiasmo se resuelven pateando el balón con intención en el tiro y la jugada. Mencionemos que en las escarpadas montañas del sur y el sureste, el basquetbol puede ser más practicable para localidades entre laderas y barrancos.
Son tantas las lecciones del futbol. Los deportes tienen efectos positivos, pero ninguno como el futbol soccer enseña que la vida también se juega en común. Ganes o pierdas, en un espacio de igualdad y dignidad sostienes batallas sin muertos, y muy ocasionales heridos, con espíritu de cuerpo, límite de tiempo, reglas compartidas y árbitros legítimos.
Un autor ineludible para hablar de lo que los italianos llaman calcio es, mil veces, Eduardo Galeano, quien lo define como “el único deporte capaz de derrumbar todo tipo de fronteras religiosas, ideológicas y políticas, la única religión capaz de agrupar en su seno a todos los que quieran cobijarse, sin distinción; el mejor puente que tenemos —después del comercio— para crear vínculos entre pueblos”.
Los escritores del futbol, y muchísimos educadores, saludan los valores formativos del juego. Albert Camus, pied noir nacido en 1913 en Dréan, Argelia, admitía al final de su fructífera pero no muy larga vida: “Después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al futbol”.
En un muy citado artículo de 1957 (“Lo que le debo al futbol”) refiere que, a partir de los 15 años “lo importante para mí era jugar”. Sirva recordarlo, porque cualquiera que sienta en los pies la picazón de patear la bola en busca del gol comparte la vivencia camusiana: “Pronto aprendí que la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga”. Como millones de chavos y chavas alrededor del globo, recuerda: “Me devoraba la impaciencia del domingo al jueves, día de práctica, y del jueves al domingo, día del partido. Así fue como me uní a los universitarios (del equipo RUA, en Argel). Y allí estaba yo, portero del equipo juvenil. Sí, todo parecía muy fácil. Pero no sabía que se acababa de establecer un vínculo de años, que abarcaría cada estadio de la provincia, y que nunca tendría fin”. Arrebatado por la lealtad de todo aficionado y jugador, quería a su equipo, “no sólo por la alegría de la victoria cuando estaba combinada con la fatiga que sigue al esfuerzo, sino también por el estúpido deseo de llorar en las noches luego de cada derrota”.
En la novela El ángel del futbol (1979) del danés Hans Jörgen Nielsen, el protagonista-narrador es un jugador profesional que emprende su terrible testimonio: “Mañana hará una semana que estoy escribiendo esto, un dribling bastante largo: se trata de mantener la pelota en los pies, un chute implica el siguiente, en un paradigma interminable”.
En otro de sus driblings narrativos, Juan Villoro acaba de publicar Los héroes numerados. Entrevistado al respecto, dispara al arco: “El futbol pertenece en el imaginario colectivo al pueblo, pero en el disfrute concreto, a los dueños de los equipos, a los jeques árabes, al ‘club Epstein’ y otras mafias. El problema del futbol no está en el campo, está en los palcos” (Proceso, 5/4/2026).
Villoro viste hace años la camiseta de titular de la escritura futbolera en México, cronicando, fabulando, reflexionando, improvisando. Aprendió a jugar narrativamente en la cancha de radio y televisión con los cronistas históricos Ángel Fernandez y don Fernando Marcos, y de manera continuada ha abordado a los once de la tribu en libros como los hoy reeditados al calor del Mundial 2026: Balón dividido, Dios es redondo y la novedad Los héroes numerados.
Jugando en posiciones aventajadas, los escritores latinoamericanos con toque para el fut nunca ignoran la ignominia colonial y capitalista que proyectan los dueños del espectáculo. Declara Villoro: “El punto de vista del interés público ha sido secuestrado y está en manos de los grandes jerarcas que toman decisiones y la fuerza más corrupta de todo esto es, por supuesto, la FIFA, que se describe a sí misma como una organización no lucrativa y es un mega consorcio que se conduce casi como una fuerza de ocupación en los países que visita”. Dígase si no de México, rehén de los intereses del mercado sobre los de la población en las tres ciudades más grandes del país.
Hemos visto proliferar la corrupción faraónica del futbol en torno a la mafiosa Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA). Ante el energúmeno depredador de la Casa Blanca y “su” Mundial en ciernes, qué pequeñas parecen la corrupción y la escandalosa explotación de trabajadores precarios para los mundiales en Brasil y Catar, incluyendo un golpe de Estado y fraudes monumentales del gran capital. Lo vio venir Galeano hace tiempo: “El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores. Uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue”.
En su libro póstumo Cerrado por futbol (Siglo XXI Editores, 2017), Galeano registra un premonitorio episodio en Chile (1647), cuando el suspicaz capitán Martín de Mujica prohibió la “checa”, juego araucano consistente en golpear con palos una bola y anotar, “porque en corriendo la pelota los indios se entrenan para la guerra”. A su vez, la civilización mesoamericana mantuvo en sus distintas culturas el juego de pelota, no del todo ajeno a la guerra, ni al futbol moderno.
El signo de dólar no es lo único que la rifa en el futbol. Es posible mantener vivo el espíritu primordial del juego, la construcción de un frente común para meter gol, jugar bonito, alegrar y hacer sufrir al público (como en el teatro) sin perder de vista el balón. Mujeres y hombres con poder en las piernas, el gatillo en los pies y el gol en la garganta encuentran en el juego una escuela de libertad compartida.
Contenidos:
- RIQUEZA BAJO EL SOL, por Adamary García Fernández
- ASAMBLEA DE LA RED NACIONAL EN DEFENSA DEL MAÍZ, por Gloria Muñoz Ramírez, Jaime Quintana, Gerardo Magallón, Alfredo Zepeda.
- COMUNALIDAD AL OTRO LADO DEL AGUA, por Ramón Vera-Herrera.
- EZLN: LA CRISIS CLIMÁTICA Y LA TORMENTA, por Orsetta Bellani.
- LA VIOLENCIA DEL CAPITAL EN EL ISTMO, por Jesús Cristofer Fuentes Cruz.
- PALESTINA, UNA CULTURA AÑEJA, por Alejandro Hamed Franco.
- MI HISTORIA ES SILENCIO, por Najwan Darwish.
- PANOLISTLI / TRAVESÍA, por Sixto Cabrera González (nahua).
- EL PERRO NEGRO, por Lamberto Roque Hernández.
- LAS TRISTEZAS QUE NO SABEN SALIR, por Juventino Santiago Jiménez.
- LA POESÍA DE MIKEAS SÁNCHEZ, por Axel Gaona Dehesa.
- HOMBRES ABSURDOS, DE VICTORIA DÍAZ, por Daniel Maldonado Velázquez.
- BORIC PROPICIÓ LA OFENSIVA CONTRA LOS MAPUCHE, por Héctor Llaitul.
- SER MIJO O MIJA EN GUATEMALA, MALDICIÓN COLONIAL, por Kajkoj Máximo Ba Tiul.
- LA CIDH CONDENA A PERÚ POR ESTERILIZACIÓN FORZADA, por Juan Daniel Oliva Martínez y Elías Ángeles-Hernández.
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Fuente: Suplemento Ojarasca, La Jornada
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