Sembradores de agua, zapotecas vencen la sequía, reviven sus campos y enfrentan la pandemia

Idioma Español
País México

Con resistencia y organización, desde el 2005 el pueblo ben’ zaa (zapoteca del valle) de San Antonino Castillo Velasco, asentado en el sureño estado de Oaxaca, se convirtió en “sembrador de agua y de vida”, a través de la captación de agua por medio de pozos de filtración, retenes y ollas, técnica con la que los indígenas vencieron una fuerte sequía que alteró  el campo y la cosecha, además de provocar el incremento de la migración.

Sembradores de agua, zapotecas que con organización vencen la sequía, reviven sus
campos y enfrentan la pandemia

La escasa agua en la zona de los Valles Centrales de Oaxaca es consecuencia de diversas acciones: la primera es que en el año de 1985 por iniciativa gubernamental se desecaron las Ciénegas de esta región para contar con más tierra disponible para campos de cultivo, pero esto provocó que la humedad del suelo se perdiera rápidamente y ocasionó que veinte años después el nivel de los pozos descendiera notablemente .

Ese mismo año, el gobierno federal encabezado por Vicente Fox Quesada decidió hacer efectivo un Decreto de Veda de agua subterránea para los Valles Centrales de Oaxaca, que data del año 1967, y que impidió hasta el año pasado el libre aprovechamiento de los pozos agrícolas de la región, es decir: si no cuentan con un título de concesión que expide la Comisión Nacional del Agua (Conagua) tampoco pueden acceder a la toma de energía eléctrica, por lo que la agricultura agonizaba.

Emiliano Sánchez, agricultor nativo de San Antonino Castillo Velasco desde hace más de 30 años, recuerda que en ese tiempo, en el 2005, de su parcela no cosechó nada, ni siquiera una de las muchas cebollas que en cada temporada obtenía. En en ese año todo fue sequía y preocupación, porque además la Comisión Nacional del Agua (Conagua) les aplicó una multa de hasta 24 mil pesos porque los culpó de la escasez.

La multa de la Conagua no fue casualidad. En el año de 1967 este pueblo, al igual que otros del valle de Ocotlán-Zimatlán, como San Sebastián, San Pedro Mártir, San Pedro Apóstol, San Felipe Apóstol y Santiago Apóstol, que suman 16 comunidades, se vieron afectados por una veda decretada por el presidente Gustavo Díaz Ordaz, que prohibió el uso del agua para la agricultura. La respuesta de la comunidad fue  organizarse, y así nació la Coordinadora de Pueblos Unidos por la Defensa del Agua (Copuda), que es un ejemplo  de organización mundial por el  innovador sistema comunitario de uso y gestión del agua altamente efectivo.

Ya organizados, el papel de la Copuda fue realizar asambleas pueblo por pueblo, escuchar las dolencias y preocupaciones, pero sin tardar mucho tiempo, pues el campo necesitaba producir y había que encontrar una técnica. Sabedores de que el tema de la veda era lo más complicado, decidieron preguntar a especialistas y en el camino se encontraron con la organización civil Flor y Canto, quién les orientó sobre la captación del agua.

Los indígenas reconocen el respaldo de las autoridades, muchas de ellas comunitarias y ejidales, pues afirman que creyeron en el proyecto de revivir el campo que garantiza la vida en esta región oaxaqueña. “Fue tan duro y triste no tener agua de lluvia y encima no poder usar la de nuestros ríos porque había veda”, dice Emiliano, quién ahora con la técnica de goteo obtenida a partir de la captación de agua de lluvia ve resurgir la vida en su parcela.

“Muchos campesinos cuando vieron la sequía se lamentaron y dijeron `si Dios quiere que así vivamos, qué le vamos hacer’, pero yo digo que dios nos da el agua y esa agua nosotros decidimos acumularla”, dice Emiliano, y explica que antes que pensar en cosechar cualquier producto, era necesario captar lluvia. Para detenerla habría que acumularla y luego, con la ayuda de tuberías de PVC, llevar el agua a los pozos que se cavan cerca de los campos de cultivo para que el agua que sobrepase los niveles nutra los mantos acuíferos.

Justino Martínez, es otro de los sembradores de agua, y cuenta que antes el agua de lluvia corría por los caminos del arroyo y se iba al río Atoyac -esta porción natural de tierra que tanto defendió el artista plástico Francisco Toledo y que hoy vive una severa contaminación-. En este mismo afluente todo el agua de lluvia que no era captada, se perdía y se contaminaba, pero ahora con la técnica de captación que aprendieron, nada se tira, y al contrario: la más mínima de las gotas tiene un destino, una parcela de hortalizas o flores.

“El agua que cosechamos, ésa que almacenamos, se guarda en recipientes o pozos como les  llamamos, le ponemos retenes para que no se expanda y así a través de tuberías PVC la transportamos y llega a los pozos de absorción que se cavan cerca de los campos. Posteriormente, con una bomba, cubre las parcelas, todo eso lo aprendimos nosotros y se ha logrado porque el éxito es la organización”.

Agua libre para todos

Mientras que en los primeros años tenían que cavar hasta 40 metros, ahora el agua la encuentran a 10 y 20 metros de profundidad. Todo tiene sentido, ahora cultivan y siembran agua, y lo mejor, hacen milpa para sobrevivir.

Cuando se camina por estos senderos verdes el panorama es alentador y se constata que las campesinas y campesinos ya no cosechan preocupados como antes. Sus cultivos son su fuerza de vida, nacieron del campo y morirán aquí, como lo hicieron sus padres y abuelos.

En esta porción de tierra del sur de México, donde la vida parece no definirse por un horario ni espacio, sino simplemente por las ganas de cultivar, sin depender de ningún subsidio público lograron revertir la sequía que los estaba dejando sin vida. Así surgieron “los sembradores de agua”.

En San Antonino Castillo Velasco, cuna del jarabe  del Valle y donde conviven cerca de  5 mil habitantes,  la vida se torna diferente porque ahora el agua es libre para todos. Las campesinas y campesinos de este lugar no pueden creer que lograron vencer a un gobierno y devolverle la autonomía a la comunidad para el cuidado de sus aguas. Con agua y cosecha, los zapotecas pueden celebrar sus bailes, ritos y tradiciones a tan sólo 34 kilómetros de la capital de Oaxaca.

Justino Martínez aprendió junto con Emiliano a sembrar  y cosechar agua. Él y otros acudieron a capacitarse en la creación de pozos de absorción en el  Museo del Agua ubicado en Tehuacán, Puebla, y ahí aprendieron a construirlas. Primero instalaron siete pozos como una prueba piloto, y actualmente son 300 pozos norias sembradas en las parcelas.

“Fueron meses intensos de ir y venir a Puebla, fue mucho esfuerzo  pero ahora que vemos  el progreso, cuando vemos la vida de nuestros cultivos, las legumbres y flores, reafirmamos que valió la pena. La clave fue la organización”, dice, orgulloso, Justino.

La segunda acción que realizaron fue de tipo legal. En 2011 demandaron a la Comisión Nacional del Agua ante el Tribunal Superior de Justicia Fiscal y Administrativo, por imponer altos cobros sin realizar previamente una consulta, como lo exige el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo. Dos años después, en 2013, el Tribunal resolvió en favor de la Copuda y ordenó realizar la consulta indígena en 16 comunidades, nueve agencias y siete municipios.

Esperanza Alonso Contreras cultiva chiles y flores, la vida le ha devuelto a ella una oportunidad para seguir haciendo  lo que su padre le heredó: labrar y cosechar la tierra para vivir del campo. Ella explica que la lucha de la Copuda y de los pueblos del valle no ha sido nada fácil para los campesinos de esta zona llamada también microrregión “Xnizaa”, que en zapoteco significa “Nuestra agua”, porque apenas el año pasado lograron firman un acuerdo para revertir el decreto de veda de 1967, después de una consulta indígena que duró cuatro años, y con ello levantar la veda y permitir el uso de agua para la agricultura en las comunidades indígenas.

Esperanza no pierde la esperanza. A pesar de contar con una resolución que les permite usar las aguas para regar sus cosechas, este reconocimiento aún no se da en la práctica, y es el motivo de la lucha actual de los pueblos que integran la Copuda.

Con el respaldo de sus autoridades, las comunidades continúan organizando su vida. Por ejemplo, semanalmente pasan los camiones recolectores de basura, y un día se llevan toda la basura inorgánica y el segundo la orgánica, ésta última se deposita en los terrenos y sirve como abono.

Además, están inculcado a los jóvenes de las comunidades la siembra. Se les enseña a cultivar, a cosechar y a captar el agua para después distribuirla. Lo que desean es que ya no sean “los viejos” lo que sigan haciendo los cultivos, sino que la juventud se involucre.

El agua en Oaxaca vive en agonía

Los abuelos dicen que “la tierra está muy triste y por eso ya no llora”; otros afirman que es un castigo. Pero lo que han hecho estas 16 comunidades es revalorizar el agua y dar vida, porque al captar, guardar y dotar de agua a sus cosechas, hacen posible un ciclo de conservación que es único en el mundo y que hoy es ejemplo para revivir los mantos acuíferos.

Al crearse, la Copuda tuvo la visión de unificar esfuerzos y voces. Explican que a quince años de su nacimiento es ahora la máxima autoridad, es la fuerza que los 16 pueblos crearon para la defensa de su tierra y territorio, privilegiando el agua por sobre todas las cosas.

Los campesinos relatan que “nada se impone a la fuerza”, al menos en estas comunidades que contrarrestan la realidad del valle de Oaxaca, donde el agua sigue agonizando y según expertos en menos de 25 años se vivirá una sequía severa debido a que los mantos acuíferos están secándose.

El acuífero de Valles Centrales está integrado por cuatro microcuencas ubicadas en Coyotepec, Tlacolula, Oaxaca y Ocotlán. En el acuífero se han identificado 143 núcleos agrarios y se registra un consumo anual de 121.8 millones de metros cúbicos de agua.

Según datos de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado de Oaxaca (SAPAO), 98 por ciento del agua potable con la que se abastece la capital oaxaqueña se obtiene de la explotación de 23 pozos profundos, de 48 en existencia.

Actualmente, SAPAO suministra agua a la ciudad y parcialmente a 10 municipios conurbados, por lo que abastece aproximadamente a 800 mil habitantes y “produce” 16 millones de litros anuales de agua potable.

Ya lo anticiparon a principios de año los integrantes del Foro Oaxaqueño del Agua (FOA), quienes advirtieron que desde hace tres años las lluvias han disminuido en el valle de Oaxaca, lo que indica que se afectará el abastecimiento del líquido en la zona metropolitana de la entidad.

Juan José Consejo Dueñas, presidente del Instituto de la Naturaleza y la Sociedad de Oaxaca (INSO), reafirmó que la escasez ya es una realidad, pues estima que el suministro de agua está entre los 200 y 500 litros por segundo, cuando idealmente debería estar en mil 500 litros.

Esto coincide con la información de la Conagua que señala que desde el año pasado las precipitaciones pluviales estuvieron entre un 15 y 20 por ciento por debajo de lo que normalmente llueve en la entidad. “Se siguen registrando bajas precipitaciones en gran parte del estado y esto trae como consecuencia que la temporada de estiaje sea más severa, principalmente en la segunda quincena de los meses de marzo y abril”, explicó Julio Salazar, jefe de departamento de meteorología de la Conagua en Oaxaca.

El Covid-19 no para la captación de agua

Cosechar agua en medio de una crisis sanitaria, como la de la actual pandemia de COVID-19, significa un doble esfuerzo, porque por un lado está el llamado de “quédate en casa”, y por el otro el tema de los recursos para realizar las maniobras, que para este año solo se destinó el 60 por ciento de lo recibido años atrás, debido a que las autoridades lo han asignado al sector salud.

“Resistir y fortalecer lo que se ha puesto en practica” es el siguiente paso, dice Carmen Santiago Alonso, de la organización Flor y Canto, que ha brindado el acompañamiento a las y los campesinos de la Copuda. Ahora lo que hay que hacer, explica, es “compartir alimentos” y “no dejar morir de hambre al hermano”, por lo que es más importante seguir captando el agua y continuar con las cosechas.

Mientras camina en medio de los cultivos que son regados por el agua captada, la defensora retoma el tema de la soberanía alimentaria. Su mayor anhelo, dice, “es involucrar a los jóvenes a este trabajo que le ha devuelto la vida a sus parcelas, porque está comprobado que vivir de lo que la tierra produce es la mejor forma de sobrevivencia”.

Cuando Carmen habla de armonizar el corazón se refiere a que “se antepongan los valores comunitarios, que son altamente humanos, para renacer el campo”. Las comunidades, dice, “lo saben, lo han hecho y algunas tribales también, pero se necesita que ese pensamiento llegue a más personas, que sea global”.

Los sembradores del Agua, dice la fundadora de Flor y Canto, “como pueblos indígenas van a seguir resistiendo, y su sabiduría permanecerá para las futuras generaciones”.

Fuente: Desinformémonos 

Temas: Agricultura campesina y prácticas tradicionales, Soberanía alimentaria

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